La enigmática mina de diamantes de Carratraca

Balsa del lavadero de diamantes./
Balsa del lavadero de diamantes.

A los pies de la sierra de Alcaparaín, se extrajo este valioso mineral a finales de la década de los años sesenta

Javier Almellones
JAVIER ALMELLONESMálaga

Málaga es una de las provincias españolas con mayor geodiversidad. Muestra de ello es la gran variedad de minerales que se han extraído en su territorio, desde tiempos prerromanos hasta épocas más recientes, lo que no quiere decir que siempre hayan sido rentables.

Hierro, plomo, níquel, cobre o cromo son algunas de las explotaciones que ha tenido a lo largo de su historia la provincia de Málaga. A ellas hay que añadir una que en su día creó cierta expectación e incluso misterio por la poca información que hay, todavía hoy, sobre ella. Se trata de la mina de diamantes que se abrió en el término municipal de Carratraca, a los pies de la sierra de Alcaparaín, entre los años 1966 y 1970.

Esta explotación fue realizada por la Real Compañía Asturiana de Minas en la zona conocida como Los Jarales, frente al casco urbano de Carratraca. Estaba junto a una de las extracciones de cromo-níquel más importantes de la historia de España. Eso sí, sobre la explotación minera de diamantes de Carratraca apenas hay datos. Ni siquiera medio siglo después de que se hicieran aquellos trabajos.

Residuo de lavado de diamantes en Los Jarales.
Residuo de lavado de diamantes en Los Jarales.

Sí quedan, sin embargo, algunos vestigios de que allí existió una efímera mina de diamantes, como una balsa para el lavadero de esta piedra preciosa, en la confluencia de los arroyos del Moro y de los Pinos.

El abandono de la explotación minera en 1970 se debió seguramente, según explica el geólogo Juan Carlos Romero, «a la falta de rentabilidad». En opinión de este experto, los estudios previos hacen intuir que de allí sólo se sacó «polvo de diamante», es decir, porciones inferiores a un milímetro. Además, a diferencias de otras minas de diamantes, aquí este mineral estaba en estado natural asociados a la peridotita. Por tanto, para obtener el diamante antes había que machacarlo y separarlo de ésta.

En su día, la Real Compañía Asturiana de Minas -en su mayoría de capital belga- no ofreció datos sobre los resultados de la explotación. Es más, durante los años que se hicieron las extracciones hubo mucho secretismo, con «unas condiciones de seguridad muy férreas», según explica Romero. Los únicos datos relativos a aquella operación son los que se pueden encontrar en el expediente de la denominada concesión Teyma, que está disponible en el Archivo Provincial de Málaga.

Vista de la balsa del lavadero
Vista de la balsa del lavadero / Juan Carlos Romero

Esta falta de transparencia ha dado lugar incluso a una llamativa hipótesis. Según explica Romero, «pudo ser una cortina de humo del Franquismo para atraer capital extranjero». La conjetura más razonable, sin embargo, es que no saliera rentable extraer porciones tan pequeñas de diamantes en aquellas condiciones. Además, la escasez de agua en esa zona en concreto también dificultaba esta explotación minera.

Sobre la existencia de diamantes a los pies de la sierra de Alcaparaín había incluso información previa, gracias a un estudio que realizaron en 1919 los geólogos Domingo de Orueta y Duarte y Enrique Rubio. Este informe, que lleva el título de 'La zona diamantífera de Carratraca», fue publicado en 1927, un año más tarde de que falleciera Orueta y Duarte.

Pilares y zapatas para apoyo de la planta de machaqueo de roca peridotita.
Pilares y zapatas para apoyo de la planta de machaqueo de roca peridotita. / Juan Carlos Romero

En este estudio, que está disponible en el Instituto Geológico y Minero de España, con sede en Madrid, se relacionan minuciosamente los hallazgos realizados por sus autores en la zona de Los Jarales, en la confluencia de los arroyos del Moro y de los Pinos, donde llegaron a encontrar diamantes -hasta un centenar en algunos puntos-, pero en tamaños muy pequeños, inferiores en cualquier caso al milímetro. Eso sí, tal y como explica Juan Carlos Romero, el denominado como polvo de diamantes sí tiene, hoy en día, cierta utilidad, como por ejemplo, en su uso para perforadoras.

No fue casualidad que Orueta y Duarte y Rubio investigaran la posibilidad de que allí, frente al casco urbano de Carratraca, hubiera diamantes. Tras la pista los puso seguramente el hallazgo que el facultativo alemán Knop, quien en 1899 aseguró haber hallado allí diamantes de un centímetro de tamaño.

Además de en esta zona de Carratraca, según un estudio de la Universidad de Granada, hay constancia de la existencia de diamantes en otra zona de la provincia de Málaga, donde es especialmente abundante la peridotita. En concreto, estarían en los términos municipales de Jubrique, Ronda y Tolox.

Hoy esta singular historia en torno a los diamantes de Carratraca forma parte del poco conocido pero interesante patrimonio minero de la provincia de Málaga. Precisamente, Juan Carlos Romero intenta ponerlo en valor a través de su Aula-Exposición de Geología 'Minerales y Tesoros de la Tierra', con sede en la malagueña calle Bailén (Ubicación).

Tanto en este museo temático como en las actividades que se organizan desde allí, Romero da a conocer éstas y otras singularidades de la geología en la provincia de Málaga, con salidas al campo para conocer de una forma amena y didáctica el pasado, el presente y el futuro de la geología y la minería en tierras malagueñas.

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