El duelo de los cuñados aquel 'Verano peligroso'

Ordóñez y Hemingway. /SUR
Ordóñez y Hemingway. / SUR

Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez protagonizaron un histórico mano a mano en 1959, que Ernest Hemingway plasmó en uno de sus libros

Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

«Fue una de las mejores corridas que he visto; Luis Miguel y Ordóñez actuaron como si fuese lo más serio de su vida». Así se expresa el escritor estadounidense Ernest Hemingway en su obra 'El verano peligroso' y resume uno de los acontecimientos taurinos más destacados que ha visto La Malagueta en sus 142 años de historia: el mano a mano entre dos de las grandes figuras del toreo, los cuñados Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez. La efeméride tuvo lugar en Málaga el 14 de agosto de 1959.

No fue la única vez que ambos se batieron en duelo sobre la arena de una plaza en aquel año. Antes lo hicieron en Valencia y Zaragoza, donde comenzó un enfrentamiento que luego se repetiría en cosos como los de Ciudad Real y San Sebastián, entre otras plazas. Testigo de excepción de aquella temporada fue Hemingway. Su biógrafo, Andrés Arenas, recordó hace unos años en una charla en Málaga que el escritor «planteó ese verano como una lucha a muerte entre los dos, con una visión para los 'guiris' americanos de que Dominguín y Ordóñez iban a morir en el ruedo para ver quién cogía el número uno. Era una visión un poco de ficción, porque no olvidemos que los dos toreros eran cuñados». Efectivamente, el rondeño se casó con una hermana de Dominguín, Carmen, el 19 de octubre de 1953.

La corrida de Málaga estaba incluida dentro de la feria para el 8 de agosto. Sin embargo, las cogidas que sufrieron Luis Miguel Dominguín, en Valencia, y Antonio Ordóñez, en Palma de Mallorca, obligaron a aplazar el esperado mano a mano. Éste se celebró fuera del ciclo, en una corrida benéfica extraordinaria organizada por la Diputación Provincial.

Ese aplazamiento no hizo más que acrecentar la expectación que ya habían levantado los dos toreros. Fotografías y testimonios de aquella tarde evidencian que en el coso del paseo de Reding, y a pesar del fuerte calor, no cabía un alfiler. Había, incluso, espectadores colgados de las columnas de los pisos superiores de la plaza. Los tendidos numerados se llenaron casi una hora antes del inicio del festejo, que fue a las 18.15 horas. Y mucho antes, las localidades no numeradas. Nadie quería perderse tan magno acontecimiento.

«¡Al fin solos! Al fin hemos visto, solos, a Luis Miguel y Antonio Ordóñez, tras una esperanza que se nos hacía demasiado larga y casi interminable. ¡Al fin solos! Es la palabra que precede a la luna de miel, la nuestra, la de los millares de aficionados, que llenaron ayer tarde el circo de La Malagueta». De esta manera empezaba su crónica Juan de Málaga, histórico crítico taurino de SUR.

La ficha de aquel festejo

Plaza.
La Malagueta, Málaga.
Fecha.
Viernes, 14 de agosto de 1959.
Aforo.
Lleno hasta la bandera.
Testigo de excepción.
En una barrera del coso presenció el festejo el prestigioso periodista y escritor norteamericano Ernest Hemingway.
Toros.
Juan Pedro Domecq. Fueron bravos.
Orden de salida.
'Holandero', 'Juglero', 'Jocoso', 'Haraposo', 'Jabato' y 'Vistoso'.
Detalle.
El ganadero fue obligado a dar una vuelta al ruedo acompañando a los diestros y el mayoral salió a hombros al final de la corrida junto a Ordóñez y Dominguín
Incidencias.
Corrida benéfica: Los fondos se destinaron a sufragar la beneficiencia que atendía la Diputación Provincial, organizadora del festejo. Sobresaliente: Pepe Ortiz. Reaparición: Los dos matadores volvieron a los ruedos tras sus cogidas en Valencia (Dominguín) y Palma de Mallorca (Ordóñez). Salida triunfal: Los diestros fueron llevados a hombros, en medio de una multitud enfervorecida, hasta el taurino Hotel Miramar.

El buen juego de los toros de Juan Pedro Domecq contribuyó al éxito que ya se barruntaba. El ganadero fue invitado a dar una clamorosa vuelta al ruedo junto a los dos protagonistas. Y es que, en los días previos, como sucedería en los siguientes a la corrida, el mano a mano estaba presente en todas las tertulias taurinas que tenían lugar en los cafés y tabernas de la ciudad. Un triunfo que traspasó las fronteras provinciales. Así lo recoge Hemingway: «Embarcamos en un vuelo charter para repetirlo, con un poco de suerte en Bayona (Francia). Las noticias nos habían precedido por radio o telegrama; diez orejas, cuatro rabos y tres patas. Pero esto no significaba nada. Lo importante era que los dos cuñados habían lidiado una corrida casi perfecta».

El éxtasis se apoderó de la plaza. Todos tenían la impresión de haber vivido un momento histórico. Al término del festejo, los aficionados se tiraron entusiasmados al ruedo para alzar en hombros a los toreros y al mayoral de Juan Pedro y sacarlos así por la puerta grande. A los dos diestros los llevaron al Hotel Miramar, donde estaban hospedados. Reding se convirtió en un paseíllo triunfal con las aceras y calzada atestadas de gente. Cuentan las crónicas que otros, camino de sus casas, iban dando muletazos por el Parque abajo.

Luis Miguel Dominguín

Color del traje.
Blanco y azabache.
Picadores.
Ladislao Rubio 'Chiquilín', Epifanio Rubio 'Mozo' y Antonio Salcedo. Banderilleros: Domingo Peinado, Andrés Luque Gago, Ángel Fernández 'Angelete' y Pedro Aparicio.
Balance.
Saludos desde el tercio, dos orejas y rabo y dos orejas, rabo y pata

Antonio Ordóñez

Color del traje.
Malva y oro.
Picadores.
Manuel Silvestre 'Salitas I', Enrique Silvestre 'Salitas II' y Antonio Fariñas.
Banderilleros.
Juan de la Palma, José Ferrer, Bonifacio Perea 'Boni' y Curro Chaves
Balance.
Dos orejas, dos orejas, rabo y pata, y dos orejas, rabo y pata.

«La tarde de toros que nos dieron el menor de los Dominguines y el hijo de Cayetano fue de las que se recordarán cuando pasen muchos años», escribió Juan de Málaga. No se equivocó.

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