Cogida mortal de Manuel Baéz 'Litri' en Málaga

Momento en que el diestro es trasladado a la enfermería tras la cogida. /SUR
Momento en que el diestro es trasladado a la enfermería tras la cogida. / SUR
Historias de La Malagueta (II)

Un toro de Guadalest hirió en el muslo derecho al torero onubense, que falleció una semana después

Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

En la historia de La Malagueta hay varias páginas negras, siendo la más conocida la cogida mortal que sufrió Manuel Baéz 'Litri' la tarde del jueves 11 de febrero de 1936 durante una corrida de toros en la que compartió cartel con Marcial Lalanda y Zurito ante reses de Guadalest en un festejo organizado con motivo de la visita a la ciudad de sus majestades los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

La tragedia sucedió en el segundo de la tarde, de nombre 'Extremeño', un berrendo en negro y apretadito de pitones. “Sale con mucho coraje y Litri le da unas verónicas muy elegantes, terminando con un farol de los que iluminan. 'Extremeño', que es claro y sustancioso como un chorizo, recibe tres sangrías a cambio de dos vuelcos. Litri en el quite pone cátedra ejecutando unas verónicas y navarras preciosas. Zurito, en el suyo, da un farol de rodillas y otros lances muy bonitos y Marcial mariposea colosalmente. Los tres son ovacionados. Roales y Galea ponen tres pares de palitroques y Litri, de grana y oro, brinda a los Reyes, y al dar un pase ayudado por alto, lo engancha el bicho por el muslo derecho, siendo conducido a la enfermería. Lalanda toma los trastos, pasa breve y precavido, y después de un pinchazo, suelta media de la que dobla el bicho (Palmas)”, según relata la crónica de Aficciones en el diario 'La Unión Mercantil'.

"Pronóstico muy grave"

Impresionado por la cogida, el rey envió a los doctores Gálvez y Lazárraga a la enfermería. El parte facultativo decía así: “Durante la lidia del segundo toro ha ingresado en este enfermería el matador Manuel Báez, que presenta una herida de unos 10 centímetros de extensión en el triángulo de Scarpa derecho, en dirección hacia el arco cruzal, con gran hemorragia venosa. Previa dilatación de la herida con anestesia, se descubren grandes destrozos musculares y desgarradura de la vena safena en su desembocadura con la vena femoral. Pronóstico muy grave”.

El diario 'ABC', en su edición del 12 de febrero de 1926, recoge unas declaraciones del doctor Lazárraga, a cuyo sanatorio fue trasladado el herido, en las que el galeno manifiesta que el torero “debe la vida a la perfecta organización de la enfermería de la plaza. Aún así, si la cogida hubiera sido en lugar más distante o hubiera tardado en conducirle dos minutos más, habría llegado muerto a la enfermería; tan enorme era la hemorragia. Recién llegado el diestro, el médico taponó con los dedos la vena rota, salvándole la vida, que, materialmente, se le escapaba por la enorme brecha. El dr. Lazárraga ha manifestado que, no obstante, la gravedad de la herida, confía en salvar al torero”.

Amputación de una pierna

Unos deseos que finalmente no se pudieron cumplir. El día 17 de febrero, los médicos Lázarraga, Macdonal y Gálvez, asistidos por dos ayudantes y dos enfermeras alemanas, tuvieron que amputarle la pierna para salvar la vida al joven diestro onubense, que tuvo un duro despertar de la anestesia al verse sin su extremidad inferior. A primera hora de la mañana del día 18 y a consecuencia de la gangrena, expiró Manuel Báez 'Litri' a los 21 años.

Respecto al desarrollo de aquella corrida, que quedó marcada para la historia por la fuerte cogida de Litri, las crónicas recogen que Lalanda fue ovacionado en el primero, obtuvo palmas en el que mató por Litri y oreja y rabo en el quinto del festejo; mientras que Zurito cortó una oreja en el tercero y obtuvo palmas en el sexto. El cuarto, de nombre 'Perito taurino', fue condenado a banderillas de fuego dada su mansedumbre; cuando le fue colocado el elemento pirotécnico, el animal saltó la barrera sorprendiendo a los asistentes del callejón provocando el pánico -algunos se tiraron de cabeza al ruedo para huir del toro-; el burel logró meter la cabeza por una de las salidas debajo de la presidencia y ante el riesgo de que se escapara a la calle, fue sujetado por los peones por el rabo y Lalanda lo descabelló.

El festejo, que estuvo presidido por el concejal y periodista Sebastián María Abojador, se abrió con la participación de una sección de caballería de los Regulares, que hicieron las delicias del público, antes de romper el paseíllo, al término del cual se interpretó el Himno Nacional. En el palco regio además de Alfonso XIII y Victoria Eugenia estuvieron la infanta Luisa, la princesa de Salm Salm, la infanta Isabel Alfonsa, el presidente del Consejo General Primo de Rivera y la duquesa de San Carlos. En los tendidos, que se llenaron, hubo una amplia representación de marinos franceses cuyo barco estaba atracado en el puerto malagueño.

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