El rey Saud de Arabia, en los toros en Málaga

Historias de La Malagueta (I)

El monarca saudí presenció el 25 de febrero de 1962 el festejo en el que hicieron el paseíllo el rejoneador Rafael Peralta y los matadores Manolo Martín, Antonio de Jesús y Manolé

Manolo Martín brinda su primer toro al rey Saud./SUR
Manolo Martín brinda su primer toro al rey Saud. / SUR
Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

Corría febrero de 1962 cuando el rey Saud de Arabia Saudita llegó a España. Tras ser recibido por Franco en Madrid, donde cumplió unos compromisos oficiales, el monarca se trasladó a Málaga, donde pasó una temporada de descanso en el Castillo de Santa Catalina. Una estancia en la que fue agasajado por las autoridades locales con numerosos actos, entre ellos una corrida mixta celebrada el domingo 25 de febrero con el rejoneador Rafael Peralta y los matadores Manolo Martín, Antonio de Jesús y Manolé en el cartel, quienes lidiaron toros con el hierro de Francisca de Mora Figueroa.

La plaza se llenó con un público ataviado con chaquetas y abrigos, a tenor de lo que se observa en la fotografía, en una tarde en la que el rey Saud y su séquito ocuparon un estrado montado ex profeso en la barrera del tendido 1, junto a la puerta grande, y adornado con vistosos reposteros. El espectáculo sirvió para que el monarca saudí conociera de primera mano la fiesta de los toros y se mostró generoso ya que regaló un reloj de oro al rejoneador y a los diestros actuantes -que brindaron al monarca las primeras de sus faenas- y donó medio millón de pesetas para viviendas sociales al Patronato de Nuestra Señora de la Victoria.

El festejo comenzó con una ovación del público al monarca y la interpretación de los himnos nacionales de España y Arabia Saudita. Las crónicas relatan que los toros del hierro de Francisco de Mora Figueroa fueron buenos en su conjunto y propiciaron el triunfo de los actuantes.

Abrió el cartel Rafael Peralta, quien cortó dos orejas de su oponente tras una actuación en la que fue “constantemente aplaudido al colocar en todo lo alto del morrillo de la res cuatro rejones, dos pares de banderillas, uno de ellos a dos manos, la rosa y un rejón de muerte”, según la crónica en SUR de Juan de Málaga.

Manolo Martín perdió los trofeos en el primero de su lote por el fallo a espadas. Sí cortó las dos orejas de su segundo donde, según la crónica: “Toreó muy bien por verónicas y chicuelinas; en la faena de muleta (…) dio pases magníficos, muy ajustados los de pecho y salerosas las giraldillas, terminando de media estocada en todo lo alto”.

Una oreja del segundo de su lote cortó Antonio de Jesús tras una faena “eficaz, inteligente y valerosa, pero no lucida, porque, como ya se ha dicho, el toro tardeaba y tenía una embestida incierta. Pero a la hora de la verdad se fue detrás de la espada, la metió hasta el puño y el todo dobló espectacularmente”. En su primero, emborronó con la espada una buena actuación con la muleta, por lo que el premio quedó en aplausos.

La mejor faena de la tarde, según las crónicas, la firmó Manolé en el primero de su lote, al que le cortó las dos orejas y dio dos vueltas al ruedo. “Desarrolló una labor completísima de gran torero en su primer enemigo. La inició con unas verónicas superiores, cargando la suerte con temple y mando; siguió en el quite con cuatro lances de frente por detrás ajustadísimos y emocionantes; luego la faena de muleta, brindada al rey Saud, la comenzó con tres estatuarios y uno de pecho ceñidísimos. Continuó con dos series de tres naturales, rematados con el de pecho, modelos de ejecución, con arte, elegancia y temple; luego cuatro redondos majestuosos, y todo, excusado decirlo, entre ovaciones y olés estruendosos. Una faena que no fue sólo la mejor de la tarde, sino también una de las mejores que veremos durante la temporada”, según dejó escrito Juan de Málaga. En su segundo, último del festejo, el diestro abrevió ante un animal que no entregó.

“Resumen, una corrida en la que todo salió bien y de la que el rey Saud y sus acompañantes quedaron muy complacidos, como se reflejaba en sus rostros, y a juzgar por las veces que aplaudieron al rejoneador y a los matadores”, según termina el cronista su texto sobre aquella tarde de toros donde La Malagueta tuvo como espectador de lujo en sus tendidos a un rey saudí.

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