Cariño y emoción por un amigo en la capilla ardiente de Manuel Alcántara

El féretro, presidiendo el Salón de los Espejos/Salvador Salas
El féretro, presidiendo el Salón de los Espejos / Salvador Salas

Centenares de malagueños y lectores junto a Antonio Banderas, José Luis Garci, Sara Baras y Eugenio Chicano despiden al autor de 'Manera de silencio' y 'Fondo perdido'

FRANCISCO GRIÑÁN y REGINA SOTORRÍOMálaga

«Gracias maestro». «Maestro de maestros». «Buen viaje maestro»... Si una palabra se repetía ayer en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga fue la de maestro. Y así quedó por escrito en el libro de condolencias en el que muchos ciudadanos y lectores se quisieron despedir de Manuel Alcántara, el poeta y articulista que se hizo con una legión de amigos con su columna de cada día en la contraportada de SUR y en el resto de periódicos de Vocento. La hija del escritor, Lola Porras, y sus nietas, Marina y Clara Maier, recogieron personalmente todas esas muestras de cariño, admiración y memoria de los centenares de malagueños y ciudadanos que pasaron por la capilla ardiente de Alcántara instalada en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga.

Capilla ardiente

Cuando a primera hora de la tarde llegaba el féretro con los restos mortales de Manuel Alcántara, decenas de coronas y ramos de flores le esperaban ya en el Consistorio que no tardó en convertirse en visita obligada de un «extraño» Miércoles Santo, como muchos aseguraban. Los poetas José Infante y Francisco Ruiz Noguera –este útimo, antólogo de la poesía y del articulismo del autor con un reciente libro– fueron de los primeros en abrazar a la familia y expresar su dolor por la pérdida de un «amigo».

Un sentimiento compartido por numerosos miembros de la cultura que asistieron al velatorio y que no ocultaron que echarán de menos las conversaciones de mesa, mantel y dry martini con el poeta. Entre ellos figuraron los escritores Antonio Soler, Pablo Aranda y Guillermo Busutil; los pintores Eugenio Chicano, Jaime Díaz Rittwagen y Antonio Montiel; el escultor Suso de Marcos; la vicerrectora de Cultura de la Universidad de Málaga, Tecla Lumbreras; el director del Museo del Patrimonio Municipal, Elías de Mateo; el director de la Térmica, Salomón Castiel; la directora del Centro de Arte Contemporáneo de Vélez-Málaga, Mari Luz Reguero; el galerista Alfredo Viñas; la historiadora Marion Reder; el organista de la Catedral, Adalberto Martínez Solaesa; y el que fuera máximo responsable de la candidatura de Málaga a Capital Cultural 2016, Juan López Cohard.

El arquitecto Salvador Moreno Peralta llegó a la capilla ardiente acompañado del cineasta José Luis Garci, que el pasado sábado visitó a Manuel Alcántara. Como en las tertulias que compartieron ambos cada domingo durante años en La 2 y con Alfredo Di Stefano como tercero en discordia y concordia balonpédica, Garci aseguró que hablaron de «fútbol y boxeo», mientras Alcántara se fumaba «un cigarrillo tras otro», una de la pasiones del escritor que disfrutaba especialmente los últimos años. Y para despedirse, el escritor y poeta usó su fina ironía para describir su delicado estado de salud en comparación con otras épocas de más gloria: «Gracias por haber venido a verme después de que me haya muerto».

El fútbol fue también la alineación que unió a Javier Olmedo, ahijado de Manuel Alcántara, y a Sergio Cortés, jefe de Deportes de SUR. Pero no fue lo único. Los tres compartían el 10 de enero como fecha de cumpleaños y una frase sobre la debilidad compartida por los goles: «Siempre nos decía que le gustaba el fútbol desde que tenía 'uso de balón'», recordaron. Del gremio de periodistas también pasó por el Salón de los Espejos el exfutbolista y comentarista José Antonio Martín Otín 'Petón' y el decano de la radio en Málaga, Gonzalo Fausto, que por unos meses ganaba en edad al «irrepetible» Alcántara. Fue uno de los primeros en llegar a la capilla ardiente, a la que también acudieron pronto el director general de Prensa Malagueña, José Luis Romero, y el director de Diario SUR, Manuel Castillo, que compartieron abrazos, condolencias y recuerdos con Lola Porras y las nietas del escritor.

La capilla ardiente seguirá abierta durante esta mañana hasta las 13 horas

Otro veterano amigo de Manuel Alcántara, Félix Revello de Toro, también estuvo en el concurrido Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga a través del retrato que realizó del poeta y que el propio escritor tuvo colgado durante décadas en su casa de Rincón de la Victoria. La familia quiso que esa imagen fuera la que presidiera la capilla ardiente, donde el féretro también lucía una bandera de la ciudad que lo nombró hijo predilecto en 1979.

Antes del anochecer, Antonio Banderas entraba en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento acompañado de la bailaora Sara Baras, que estos días vive la Semana Santa malagueña junto al actor. «Como malagueño tenía que estar aquí», reconoció el intérprete que transmitió su pésame a la familia, compartió recuerdos de Málaga y de sus versos, como aquellos en los que el poeta quería soñar «a la sombra de un barco» y que decoran la casa del intérprete en Málaga. Porque Banderas, como dijo, le admiraba como escritor en todas sus facetas. «No importaba donde estuviese en el mundo, siempre le he seguido. Abría el diario SUR y miraba qué había escrito Manolo», reconoció. Se va «uno de los grandes malagueños», pero queda un consuelo: «Tuvo una vida larga y fecunda. Yo la firmaría ahora mismo», apostilló.

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, junto al presidente de la Fundación Manuel Alcántara, Antonio Pedraza, estuvo desde el primer momento acompañando a Lola Porras y el resto de la familia del escritor. Hasta el Ayuntamiento se desplazó también el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, que expresó con un «gracias, gracias, gracias» su admiración por un periodista que puso «tanto talento, corazón y empeño» en sus columnas.

Entre la representación institucional, también acudió al Salón de los Espejos el presidente de la Diputación, Francisco Salado; la subdelegada del Gobierno central en Málaga, María Gámez; el portavoz de la Junta de Andalucía, Elías Bendodo, y la diputada Carolina España. Además, desde primera hora también estuvieron en la Casona del Parque los líderes municipales de los partidos de la oposición, como Juan Cassá (Cs), Daniel Pérez (PSOE) y Eduardo Zorrilla (Málaga para la Gente), además del teniente de alcalde Carlos Conde y la concejala de Cultura, Gemma del Corral. Al velatorio también asistieron el ex director del CAC Málaga y secretario de Innovación Cultural y Museos de la Junta, Fernando Francés, y el exministro Rafael Catalá.

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Del ámbito de la sociedad y la empresa, también figuraron el director territorial de CaixaBank en Andalucía Oriental, Juan Ignacio Zafra; los empresarios Francisco Barrionuevo y Manuel Rincón, el diplomático Francisco J. Carrillo, y el presidente de la Sociedad Erasmiana, Quintín Calle, entre otros.

Muchos de los asistentes quisieron dejar por escrito su adiós al «maestro». En el libro de firmas, otra de las palabras más repetidas fue «Gracias». «Por tu aportación a la cultura», «por la brillantez de tus palabras y la luz de tus ideas», «por la sabiduría que nos has dejado en tus frases», «por todo lo que nos has enseñado». Entre las dedicatorias, la del cineasta Manuel Jiménez, que le agradecía la «suerte enorme» de haber entrado en su vida a través del documental 'El pésimo actor mexicano'. Otros de su añorada infancia: «Al poeta y columnista más insigne que ha dado el colegio de San Agustín. Esperamos que allí arriba sigas jugando con esa pelota de tenis 'que hace de balón de fútbol' en el patio de columnas del claustro celestial», le deseaba Alberto F. Castro, presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos de Los Olivos. Y tras su viaje eterno, aquí abajo, como muchos reflejaron, «se te recordará siempre».

Y no solo eso porque cuando la capilla ardiente que hoy terminará de despedir a su hijo pródigo vuelva a ser Salón de los Espejos lucirá el busto del escritor que tanto le gustaba al propio Alcántara. Ese bronce de un hombre tierno y agudo que fue un niño de calle Agua y que llevaba marcado su barrio de la Victoria por sus Lagunillas. Una memoria de la infancia que nunca olvidó y que marcó su poesía. Tan existencial y tan terrenal. Decía que le faltaban respuestas y, por ello, nunca dejó de preguntar. Seguro que ayer consiguió una que llegaba tiempo esperando porque, como nos dejó por escrito, «si otros no buscan a Dios yo no tengo más remedio: me debe una explicación».