Arcoíris

RAFAEL J. PÉREZ PALLARÉS

«Y añadió Dios: Esta es la señal de la alianza que establezco para siempre con vosotros: pondré mi arco en las nubes; esa será la señal de mi alianza con la tierra. Cuando yo cubra de nubes la tierra y en las nubes aparezca el arco, me acordaré de mi alianza con vosotros» (Cfr Gn, 912-15). Este relato del primer libro de la Biblia, obra escrita a lo largo de distintas épocas por diversos autores y concluida en el siglo V antes de Cristo, muestra cómo el arcoíris es signo de la alianza de Dios con su pueblo; signo del cariño, amor y ternura que el hombre y la mujer creyentes reconocen por parte de Dios.

Luego llegará, en la década de los 70, Gilbert Baker, que mostró la bandera multicolor por primera vez en 1978 en el Festival del Orgullo de San Francisco. Inspirado en la canción 'Over the rainbow', que interpretaba Judy Garland, Baker logró que la bandera arcoíris se alzara como símbolo del colectivo LGTBI.

Llegados a este punto de la historia, no se le puede negar la belleza y valor simbólico que tiene el arcoíris, todo un referente cultural religiosa y socialmente hablando, hasta el punto de que la bandera multicolor, planchada o no, es símbolo reivindicativo que impulsa a traspasar los estrechos y asfixiantes claustros donde vivimos instalados ideológica o legalmente. Y, en este sentido, hay temas pendientes. En España y el mundo.

La ley andaluza con la que se pretende garantizar los derechos, la igualdad de trato y no discriminación de las personas LGTBI y de sus familiares en Andalucía ha planteado a los obispos andaluces una serie de cuestiones porque les preocupa que no se alcance el fin de buscar la igualdad y el respeto de todas las personas. De hecho, invitan a no permanecer pasivos ante el peligro que suponen los postulados de la mencionada ley para la libertad religiosa, de educación y pensamiento.

Todo un reto personal, social y político como el que, por otras razones, presentan los siete países que condenan la homosexualidad con la pena de muerte: Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Irán, Mauritania, Somalia, Sudán del Sur y Yemen. Desgraciadamente, no queda ahí la cosa: en 78 países es ilegal. Entre ellos Marruecos, Qatar o Corea del Norte. Todo un desafío a la dignidad humana porque donde hay una persona allí, hace muchos siglos, ya se erigió una alianza de amor y respeto.

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