Un infierno en 60 tiros en Estepona

El aparthotel donde ocurrieron los hechos. / Foto: J. L. | Vídeo: SUR

El ciudadano británico fallecido en un tiroteo con la policía invitó a los agentes a pasar a su apartamento y después abrió fuego contra ellos

JUAN CANO y ALVARO FRÍASMálaga

«¡Go, go, go!». Sean Hercules acompañó esas palabras –eso fue al menos lo que escucharon los policías– con un gesto de la mano que ellos interpretaron como una invitación a entrar. El británico, un tipo corpulento con casi tantos antecedentes como años (39), abrió la puerta sin mirar y, al verse sorprendido por los tres agentes del Grupo de Atracos de la comisaría de Marbella, que llevaban buscándolo desde el mediodía, tomó la peor salida que tenía: emprenderla a tiros con los policías.

Tras dejarlos entrar, Sean les dio la espalda y empezó a recorrer el estrecho pasillo de la habitación número 21 del aparthotel Autosole, en la barriada esteponera de Cancelada. Todas las estancias del apartamento están en el lado derecho. Primero, el baño; después, una cocina y, por último, el dormitorio. Allí, en apenas 30 metros, se vivió un infierno a tiros (se han recogido unos 60 casquillos). «Fue una balacera, como dicen en Sudamérica», dice una fuente conocedora del caso. En algunas zonas, los testigos métricos que usa la policía para marcar los impactos casi no dejan ver el blanco de la pared.

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Dos de los agentes siguieron a Sean por aquel pasillo angosto, que segundos después se convertiría en una trinchera asfixiante, insoportable. El tercero se quedó un poco más rezagado controlando la entrada. Según la reconstrucción del suceso, en la que trabaja la Policía Judicial de la comisaría de Estepona con ayuda de la Brigada de Policía Científica, el británico apretó el paso en el último tramo y corrió hasta el dormitorio. Los agentes que le seguían pudieron ver dos pistolas y varios cargadores que destacaban sobre las sábanas blancas de la cama.

A Sean Hércules le seguían la pista no por sus antecedentes en Reino Unido, donde tenía reclamaciones vigentes, pero ninguna orden internacional de detención, sino por un absurdo incidente que protagonizó esa misma mañana, la del lunes, al volante de un deportivo en Puerto Banús. Tras un accidente, se bajó con una pistola en la mano y dejó allí abandonado el coche. Testigos avisaron de la escena y la policía encontró dentro, además de documentación que permitió identificarlo, una bala y dos vainas percutidas.

Por eso, los dos agentes que lo seguían por aquel pasillo llevaban sus armas reglamentarias preparadas. Según dicha reconstrucción, Sean alcanzó las dos pistolas que tenía sobre la cama, ambas preparadas para disparar, y abrió fuego a discreción contra los funcionarios. Las balas impactaron en el techo y en la pared de pladur. De hecho, al policía rezagado le cayó un trozo de escayola en la cabeza y se refugió en el baño, desde donde trató de ayudar a sus compañeros, que se parapetaron tras los muebles de la cocina y abrieron fuego para repeler la agresión. Se registraron unos 60 disparos y Sean, al parecer, vació al menos dos de los cuatro cargadores que tenía en el cuarto.

Al cabo de unos segundos, Sean dejó de disparar, pero ninguno de los policías se acercó a él ante la posibilidad de que estuviera vivo y se tratara de una segunda trampa. Fueron sus compañeros de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) quienes, tras acceder con escudos, confirmaron su muerte. La chica a la que frecuentaba, que no estaba allí en esos momentos, revelaría más tarde a los agentes que Sean había estado consumiendo cocaína los días previos. Un incidente anterior habla de unos posibles episodios paranoides: hace unos meses, saltó sin causa aparente desde un segundo piso en Estepona. Aquello se achacó al consumo de droga.

Los tres policías resultaron heridos. A uno de ellos le cayó en la frente un casquillo que atravesó la pared, y sufrió una pequeña quemadura. A otro, una bala le rozó la espalda y, según las fuentes consultadas, pudo haber quedado parapléjico si la trayectoria hubiera variado unos milímetros. Afortunadamente, solo tienen lesiones leves. La frase que más les han repetido sus compañeros ha sido: «Enhorabuena por estar vivos».

Arriba, el aparthotel donde ocurrieron los hechos; abajo, agentes al entrar en el cuarto de Sean (izqda). / J. L.

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