La detenida en Los Corazones: «Antes de que me quitéis a mi niña, la tiro»

El oficial Francisco Martín (izquierda, junto a su compañero Álvaro López, en comisaría. /Fernando Torres
El oficial Francisco Martín (izquierda, junto a su compañero Álvaro López, en comisaría. / Fernando Torres

Dos policías nacionales que habían sido alertados por una vecina impidieron hasta en dos ocasiones que, al parecer, la mujer asfixiara a la pequeña

FERNANDO TORRES y JUAN CANOMálaga

La llamada de una vecina al 091 hablaba de gritos y llantos de una niña de corta edad. Dos policías nacionales acudieron rápidamente al aviso y tocaron a la puerta. «Yo estoy bien, estoy bien», escucharon al otro lado. Ante su insistencia, les abrió la puerta una joven –20 años– de aspecto desaliñado con una cría en brazos.

«¿Cómo se llama usted?», preguntó Álvaro López, uno de los agentes.

«Me llamo dios», respondió ella.

Los policías se miraron. «Ahí vimos que la niña (3 años) estaba en peligro», explica el oficial Francisco Martín, quien, por experiencia, colocó con disimulo un pie en el quicio de la puerta del piso, un décimo de un bloque de la barriada malagueña de Los Corazones. «Mi compañero le dijo: '¿Qué tal si te tranquilizas y nos entregas a la pequeña?'. La joven se puso más nerviosa, más agresiva, intentó cerrar la puerta de golpe y respondió: 'Antes de que me quitéis a la niña, la tiro por la ventana'».

Viene de...

El pie de Francisco, al que sus compañeros llaman Paco, impidió que ella cerrara de golpe y que, supuestamente, cumpliera sus amenazas. «Nuestra sorpresa fue que, nada más decir eso, salió corriendo efectivamente hacia la ventana», relata el oficial, que tiene cada escena, cada segundo, grabado en la retina. Álvaro interceptó a ambas a un metro escaso de la ventana. «Sabíamos que había que quitársela como fuese sin hacer daño a la pequeña y haciéndole el mínimo posible a su madre», cuenta Francisco, al que le llamó la atención que todas las ventanas del piso estaban abiertas de par en par, pese a que eran las dos de la madrugada del sábado, en pleno mes de febrero.

Forcejeo

Pese a su poca corpulencia, la joven ofreció una «extraordinaria» resistencia. «Tenía mucha fuerza», recuerda Álvaro. «Empezamos a forcejear –sigue su compañero– y la intentamos tirar al suelo para reducirla y quitarle a la niña, que no paraba de llorar. Ahí, ella comenzó a dar manotazos, se agarraba a los muebles de la cocina para hacer fuerza, y lanzó varias patadas». Una de ellas alcanzó al oficial en un ojo, que le dejó amoratado.

Cuando trataban de inmovilizarla en el suelo, observaron cómo ella «rodeaba el cuello de la menor con el brazo y empezaba a apretar», describen los policías, que se lo impidieron. Pero, al parecer, volvió a intentarlo. «Cuando le teníamos sujetos los brazos, nos dimos cuenta de que ponía la rodilla a la altura del cuello e intentaba asfixiarla con la pierna. En la cara de la niña se veía que empezaba a faltarle el aire», apostilla Francisco.

Con mucha dificultad, lograron reducirla y colocarle los grilletes. «Nos quedamos en shock. ¿Cómo es posible que suceda algo así?», expresa el oficial. Su compañero Álvaro añade: «Llevo 12 años en el Cuerpo y nunca había vivido una situación de tanto riesgo para un menor». Ambos prefieren quedarse con la colaboración ciudadana –«ahora nos preguntamos qué hubiese pasado si esa vecina no oye los gritos, o no da la voz de alarma», dice Álvaro– y con la rápida actuación policial y sanitaria.

La mujer, de origen marroquí, ha sido detenida por presuntos delitos de asesinato en grado de tentativa y atentado a agente de la autoridad, y ayer seguía ingresada en el Hospital Civil para una valoración psiquiátrica. La pequeña ha quedado temporalmente a cargo de la abuela paterna, ya que los padres están separados.