La ONU pide solidaridad internacional con los nicaragüenses perseguidos

Cientos de personas participan en una protesta contra del gobierno de Daniel Ortega en León (Nicaragua). /Esteban Biba (Efe)
Cientos de personas participan en una protesta contra del gobierno de Daniel Ortega en León (Nicaragua). / Esteban Biba (Efe)

Sólo Costa Rica recibe 200 solicitudes de asilo político a diario y ha procesado 23.000 en tres meses

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Los muertos son inventados. Las protestas del pueblo las organiza la oposición de derecha y financia el imperialismo yanqui. Los manifestantes pacíficos son terroristas. Las condenas internacionales, fruto de una campaña de desinformación. En Nicaragua no pasa nada, todo ha vuelto a la normalidad desde hace dos semanas, según su presidente Daniel Ortega. Entonces, ¿de qué huyen los nicaragüenses?

La cacería de brujas que ha iniciado el gobierno casa por casa tiene a varias generaciones huyendo de la furia paramilitar «sólo por pelear por nuestros derechos», dijo en entrevista desde Costa Rica Ricardo Zanarrusa, uno de los 8.000 nicaragüenses que ha recibido asilo político en el país vecino. Según la ONU, Costa Rica recibe 200 solicitudes diarias y ha dado ya citas a más de 15.000 que han presentado la solicitud en algún puesto fronterizo tras entrar en el país. Un flujo del terror que no tiene visos de parar. La Agencia de Refugiados de la ONU pidió ayer solidaridad internacional para esta marea de perseguidos que llega atravesando montañas y se comprometió a ayudarle a aumentar el ritmo a 500 solicitudes diarias, porque la represión no cesa. Al contrario, esta semana se ha expandido a los médicos de los hospitales públicos que desobedecieron las órdenes de no atender a los heridos.

Al menos en Costa Rica «se camina un poco más tranquilo», admitía aliviado Zanarrusa, pero no lo suficiente. Hasta allí les persiguen militantes del Frente Sandista infiltrados entre los expatriados que comparten en el Parque de las Mercedes de San José nostalgia y la dura vida del refugiado, a salvo pero sin permiso de trabajo para ganarse el sustento.

Al líder de Niquinhono le intentaron asesinar tres veces por pintar la bandera nicaragüense en la estatua de Sandino y organizar las defensas civiles en barricadas con las que impedir la entrada de paramilitares. «Si no hubiera huido tal vez ya no podría contarle mi historia», admite estremecido. Cuando los paramilitares asaltaron esas barricadas con maquinaria de guerra y máquinas excavadoras fueron a buscarle a su casa. «La destruyeron, saquearon todo, se llevaron a mi hermano preso y a mi padre presos, sin que ellos tuvieran nada que ver con esto, sólo por ser familia mía».

Durante varios días recibió mensajes del vicealcalde de Niquinohomo que le exigió a entregase a cambio de la libertad de su familia, «pero mi papá dijo que ahí se quedaba y que no me regresara». A los 15 días le dejaron marchar y desde entonces toda la familia está huida. «No sé ni dónde están mi compañera y mi hijo», se entristece.

La tercera fase de la represión que dura ya más de tres meses consiste en criminalizar a los manifestantes a través de leyes aprobadas al vapor con las que se les pueden imponer sentencias lapidarias por terrorismo, «narcotráfico, crimen organizado o lo que se inventen», aclara. A Zanarrusa le han cargado el asesinato de un policía que apareció muerto y torturado el 12 de julio en Monimbó, «en una fecha en la que yo ni andaba por ahí», asegura. «Nosotros los azul y blanco, los sandinistas de verdad, no tenemos sangre tan mala como para matar a otro ser humano», insiste. «Sólo luché por una Nicaragua libre y por una bandera, esa era mi arma, y con esa no se puede matar a nadie».

Ahora le debe algo a la costarricense. «El pueblo no sólo nos ha abierto los brazos, sino también el corazón». La bandera nicaragüense que le puso por pañoleta a la estatua de Sandino fue sustituida por los paramilitares por una rojinegra del Frente Sandinista, que alzaron coreando loas a Daniel Ortega. «¡Mi comandante se queda, se queda, se queda!», gritaban.

El Premio Cervantes Sergio Ramírez recordaba este fin de semana en una columna de opinión que hace ya casi 40 años un noticiero de TVE dio imágenes semejantes de una multitud que vitoreaba a Somoza, a un año de su caída. «Los gritos desaforados eran »¡No te vas, te quedás! ¡No te vas, te quedás!«, contó. »¿Cómo no creer entonces que, dando tropiezos, la historia se repite en Nicaragua con pasmosa y aterradora fidelidad?«, suspiró.

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