«Lo hemos perdido todo»

Interior de una vivienda en Campillos. / SALVADOR SALAS, VIDEO: FERNANDO TORRES.

Las calles de Campillos se anegan por completo en una de las peores inundaciones que se recuerdan en la zona. En Bobadilla Estación, pasaron la madrugada en vela tratando de evitar que el agua se lo llevara todo por delante

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

La noche ha sido larga en Campillos. Decenas de conductores de tractores han pasado la madrugada, empalmando con la luz del día, recogiendo vecinos que no podían regresar a sus casas. El agua, como es habitual en la zona, ha abandonado el cauce del arroyo Blanquillo y ha anegado por completo la parte baja del pueblo. Los balances de pérdidas llegarán, pero este domingo las calles de Campillos se han llenado de valor y arrojo por hacer frente a una lluvia que no cesa pese a haber destrozado casas y negocios por completo: cientos de vecinos tratan de volver a la normalidad frente al dolor de la pérdida.

El Burgo

Ana e Isabel, dueñas de la conocida floristería La Buganvilla, reciben ayuda de una decena de vecinos y conocidos. «Cuando empezó a llover no podíamos bajar pero sabíamos que la tienda se estaba inundando». Pasaron varias horas de angustia hasta que en un receso de la tormenta, a eso de las tres de la mañana, consiguieron llegar. «La calle era un río». La puerta había cedido y el agua del interior no les dejaba acceder. «La floristería se había convertido en una piscina, lo hemos perdido todo», lamentan. Estaban en plena campaña del Día de Todos los Santos, por lo que habían recibido pedidos de diferentes puntos de la comarca y comprado flores para hacer frente a la demanda. «Intentaremos salir adelante, pero pedimos paciencia a los clientes, esto puede con cualquiera».

Un poco más abajo, en la misma avenida, una familia recuerda la odisea para llegar a casa. «Intentamos entrar pero tuvimos que parar en La Colonia, que también se inundó, nos fuimos a toda prisa y pasamos la noche en una gasolinera». Cuando consiguieron llegar a su vivienda, «todo era un desastre», apunta Mari Carmen entre lágrimas. Pese al susto y al haber perdido prácticamente todas sus pertenencias, además de haber tenido que salir corriendo de varios puntos ante la subida del agua, se consuelan de haber podido llegar todos juntos (con varios menores) y de que nadie haya resultado herido. Eso sí, se le quiebra la voz al recordar al bombero fallecido en acto de servicio. Forman parte de los cientos de vecinos que han tenido que pasar la noche fuera de sus casas asediados por la incertidumbre y entregados a las directrices de la Guardia Civil.

Francisco Aragón acaba de dejar a una pareja joven en el centro de salud. «Ella se encontraba mal y no podía ir por su propio pie», explica. No los ha transportado en coche, sino en tractor, y no se conocían de nada. Los vehículos pesados, agrícolas y de construcción han sido los héroes de la noche. El Ayuntamiento mandó un comunicado por orden de la Guardia Civil, pidiendo a los vecinos que tuviesen tractores operativos que acudiesen al puesto de mando avanzado (ubicado en la entrada a la localidad desde Antequera). Además de ayudar con las labores de limpieza, se han dedicado a llevar de un lado a otro a los afectados aprovechando la estabilidad que consiguen mantener pese al elevado nivel del agua. Esa improvisada flota pesada, que respondió sin dudar, fue la encargada de sacar de un autobús atascado a cincuenta pasajeros que pasaron 3 horas sin poder salir por la lluvia, y a los veinte vecinos que se subieron al tejado de varias viviendas para escapar del agua.«Hemos hecho lo que hemos podido», comenta a SUR Aragón. El alcalde de la localidad, Francisco Guerrero, ha agradecido en declaraciones a este periódico la «rápida y valiosa respuesta« de los conductores.

Mientras tanto, en el colegio La Milagrosa, las responsables de la fundación docente se mandaban mensajes, alertadas. Yaiza Benítez, la presidenta, explica que no es la primera vez que el centro se anegaba por las lluvias, pero esta vez ha sido mucho peor: «Todo el muro perimetral se ha venido abajo, estamos destrozados». Al igual que en el resto de estructuras dañadas, el coste de la reparación es imposible de calcular. Benítez sólo sabe que tardarán días en volver a la normalidad, ya que el agua ha pasado por el centro como si fuese parte del cauce de un río.

La escena en la mayoría de las calles es la misma: vehículos agolpados los unos sobre otros y grúas tratando de quitarlos de la vía. Escobas, cubos de agua, botas y paciencia. Curiosamente, entre las lágrimas y los nervios, es inevitable que se escapen risas, bromas e incluso algún chiste. «Tenemos que salir adelante, como siempre lo hacemos», concluye Mari Carmen.

Así fue la noche en vela la Bobadilla

«Menuda noche hemos pasado». La familia Pérez-Díaz, vecina de la calle La Cruz, en Bobadilla Estación, ha invertido toda la noche en evitar que el agua subiera de nivel en su vivienda. La casa conecta dos calles en diferente nivel, por lo que el pasillo principal y el salón ha hecho las veces de canalización. «Tenemos los nervios que nos va a dar algo», apunta la madre fregona en mano.

Varios vecinos trabajan a la vez achicando el agua, que ha entrado sin control y alcanzado los treinta centímetros. El sumidero del garaje de la vivienda no para de bozar y todos coinciden en una cosa: «Esta noche ni se nos olvidará nunca».

En la casa de al lado, un matrimonio joven ha tenido más suerte. «Nos pilló despiertos y empezamos a coger cubos de agua». Por suerte, los muebles se han salvado aunque las paredes están llenas de barro. «Cada minuto sacábamos varios litros sin parar, hemos estado toda la noche despiertos».

Varias personas han tenido que pasar la noche en la estación de tren de la pedanía. Un matrimonio con su nieto y un joven de Antequera acudieron a las instalaciones de Adif, la familia porque su casa «se inundaba». «El agua empezó a entrar a borbotones, la cama flotaba y pasamos un miedo que yo nunca había vivido», explica ella, que prefiere no decir su nombre. El joven que los acompaña tenía que volver a Antequera, pero se vio atrapado en plena calle sin poder coger el autobús.

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