«Hemos sentido mucha impotencia. ¿Quién para el agua?»

«Hemos sentido mucha impotencia. ¿Quién para el agua?»

La tromba desborda el río Turón y deja aislado El Burgo durante horas tras inundar accesos, caminos agrícolas y fincas

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

El agua llegaba hasta la cintura en sótanos y plantas bajas de El Burgo, donde han caído unos 180 litros por metro cuadrado. El municipio malagueño ha quedado totalmente aislado durante horas debido a los destrozos ocasionados en todos sus accesos. «Tengo 63 años y nunca había visto nada igual. Esto parecía el diluvio universal», cuenta Rafael Martín, que lleva todo el día sacando agua de su sótano, donde tiene muebles, el motor de la piscina y varios electrodomésticos para su bar, como neveras y botelleros: «No hemos podido salvar nada». También Juan, propietario de un terreno para regadío convertido ahora en un enorme lodazal, lamentaba los efectos del temporal: «Ya no podré plantar mis tomates y mis patatas». Las fincas y los caminos agrícolas se han llevado la peor parte después de que la riada haya destrozado vallas y barrotes para ahogar árboles y anegar cualquier tipo de superficie.

Decenas de vecinos de esta localidad de la Sierra de las Nieves se han turnado para limpiar rejillas y sumideros en las zonas más vulnerables, conscientes de que la tromba había arrastrado ramas, piedras y hasta troncos, taponando en muchos casos las salidas de agua. El desbordamiento del río Turón ha provocado numerosos daños en el puente de la carretera que conduce hacia Ardales y Casarabonela, conocido como Puente Málaga. La acumulación de maleza ha facilitado que la riada se extendiese con violencia hacia los caminos agrícolas y las fincas de la zona. La falta de limpieza del río ha sido uno de los temas más recurrentes del día en las conversaciones entre vecinos, una crítica a la que se suma el alcalde, José Joaquín García: «Tienen toda la razón. El río está rodeado de árboles y las ramas y hojas caen, como es natural, sin que se limpie con la frecuencia necesaria».

También algunas viviendas han quedado inundadas. Como otros vecinos, Sergio Mora lleva achicando agua desde las seis de la mañana, aunque no pega ojo desde mucho antes: «Bajé dos o tres veces al sótano durante la noche porque ya estaba lloviendo, pero cuando vi que el agua de la calle subía me imaginé lo peor». Y el vaticinio se cumplió, al menos parcialmente; su sótano «se ha convertido en una piscina», una situación que ha requerido la colaboración de Protección Civil: «Nos han ayudado muchísimo, se han portado como fenómenos». Ha perdido un frigorífico, una televisión y varios muebles. «Todo está para tirarlo», resume. El panorama resulta más desolador incluso en la casa colindante, inundada después de que la rejilla del patio dejara de absorber agua para comenzar a expulsarla.

Varias fincas del pueblo han quedado igualmente anegadas. Es el caso de Antonio Chicón, propietario de una superficie de una hectárea con unos 400 olivos de los que han sobrevivido pocos más de la mitad. «Los accesos están intransitables. Hemos sentido mucha impotencia porque veíamos que la finca se destrozaba y no podíamos hacer nada. ¿Quién para el agua?», se pregunta. La riada ha desplazado también enormes piedras hasta la A-366 a la altura de El Burgo, que antes del mediodía ya estaba totalmente aislado. Aunque los diferentes accesos han ido abriéndose conforme actuaban los servicios de emergencia, muchos caminos agrícolas han quedado sepultados. También las carreteras de Ronda y Ardales sufren destrozos.

Vecinos y Protección Civil continúan trabajando para retirar el barro del polígono industrial, otra de las zonas con las que la tromba se ha cebado, aunque de momento no se han registrado daños graves en ninguna nave. Tampoco ha habido que efectuar rescates; sólo una familia de tres miembros permanece incomunicada, aunque desde el Ayuntamiento confirman que se encuentran bien y que en las próximas horas podrá accederse a la vivienda.

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