Utrera Molina, el falangista que no renunció a sus principios

El político y abogado malagueño fue ministro de Franco en los últimos años de la dictadura

Utrera Molina, en su casa de Nerja.
Utrera Molina, en su casa de Nerja.
Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

Con 91 años recién cumplidos, el pasado 22 de abril murió en su chalet El Alamillo de Nerja José Utrera Molina. El político y abogado fue dos veces ministro de Franco durante los últimos años de la dictadura y en este repaso histórico sobre la presencia de malagueños en los gobiernos españoles traemos a colación la figura de este falangista que hasta el final de sus días, y como recoge el título de su libro de memorias, no renunció nunca a sus principios ni cambió de bandera.

Nacido el 12 de abril de 1926, su padre era agente comercial y consignatario de buques, Utrera Molina se afilió con apenas once años, en marzo de 1937, a la Organización Juvenil de Falange y, posteriormente, se integró en el Frente de Juventudes de Málaga, donde llegó a ser jefe de centuria. Estudió en el instituto Gaona de la capital de la Costa del Sol, donde destacó como un buen alumno, lo que le valió obtener una de las becas de la Fundación San Felipe Neri. Tras concluir el bachillerato se marchó a Granada, en cuya universidad se licenció en Derecho.

Integrado ya en el partido único del franquismo, la Falange Española Tradicionalista, comenzó su carrera política en 1952 cuando fue nombrado subjefe provincial del Movimiento en Málaga y cuatro años después accedió a su primer cargo público de envergadura al ser nombrado gobernador civil de Ciudad Real, puesto que repetiría en las provincias de Burgos y Sevilla, hasta que, a partir de 1969, fue nombrado subsecretario del Ministerio de Trabajo.

El 11 de junio de 1973 fue nombrado ministro de Vivienda, donde apenas estuvo unos meses, ya que el 3 de enero del año siguiente, y tras el asesinato apenas quince días antes del presidente del Gobierno, almirante Luis Carrero Blanco, fue designado por Carlos Arias Navarro como vicepresidente del Consejo Nacional y ministro secretario general del Movimiento.

“Cargo al que accedió -según sus propias palabras- con la intención explícita de desburocratizar el Movimiento, revitalizar el contacto con las bases, incorporar nuevas promociones, modernizar el Instituto de Estudios Políticos, dinamizar el Consejo Nacional, rearmar espiritual y moralmente el partido y robustecer su contenido popular. No tardó en comprobar, sin embargo, que su labor fue torpedeada por la propia Presidencia del Gobierno (ocupada por Arias Navarro), que llegó a obstaculizar sus despachos con Franco. Imposibilitado de llevar a cabo su programa, cesó en todos sus cargos políticos, el 4 de marzo de 1975, meses antes de morir el dictador, regresando a su actividad privada como abogado”, según relata el investigador Miguel Argaya en el Diccionario Biográfico Español, editado por la Real Academia de la Historia en 2010.

Desde que abandonó el Gobierno en los últimos estertores del franquismo, su actividad política quedó reducida a la de procurador en Cortes, donde fue uno de los 91 que el 9 de junio de 1976 votó en contra del nuevo proyecto de ley de Asociación Política, que abrió la vía al desmantelamiento del franquismo y a que España emprendiera el camino hacia la democracia. Ese mismo año se integró en la Falange Española y de la JONS, que fundó Fernández-Cuesta, donde fue nombrado consejero nacional; en 1977 encabezó la lista por Málaga de Alianza Popular (AP) al Senado en las elecciones generales del 15 de junio, pero no consiguió escaño.

En 1985 y en desacuerdo con la línea política impuesta por Diego Márquez al frente de la Falange, abandonó esta formación y desde entonces su actividad política es prácticamente nula, aunque sí expresó sus opiniones a través de artículos en prensa hasta su muerte. En 1984 fue designado vicepresidente de Dyrsa, la empresa editora del diario ultra 'El Alcázar'.

Memorias

José Utrera Molina, casado con Margarita Gómez Blanco con la que tuvo siete unos, uno de los cuales, María del Mar, está casada con el exministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón, publicó en 1988 sus memorias bajo el título de 'Sin cambiar de camisa', a la que siguió una reedición revisada y aumentada en 2008 bajo el título de 'Sin cambiar de bandera', donde se define inequívocamente como falangista. “No estoy dispuesto a olvidar lo que fui, ni me arrepiento por tanto de lo que soy. El ayer, el hoy y el mañana enlazan mi irrevocable filiación falangista”, recuerda el investigador Argaya en el Diccionario Biográfico Español, editado por la Real Academia de la Historia en 2010, citando la obra del exministro franquista.

En los últimos años de su vida, vio como la juez argentina María Servini pidió su imputación junto a la de una veintena de exaltos cargos del franquismo, por un presunto crimen al formar parte del consejo de ministros donde se firmó la sentencia de muerte del anarquista y antifascista Puig Antich.

Entre otras condecoraciones, a lo largo de su trayectoria, el político malagueño recibió las Grandes Cruces de Alfonso X el Sabio, del Mérito Civil, Mérito Militar con distintivo blanco y Mérito Agrícola; la Orden Imperial del Yugo y las Flechas; caballero y cabo honorario de La Legión; y las medallas de oro de Ciudad Real, Sevilla y Málaga, que le fueron retiradas en los últimos años en virtud de la Ley de Memoria Histórica, una norma con la que Utrera Molina siempre se mostró muy crítico.

José Utrera Molina concedió su última entrevista en vida a SUR en abril de 2016 y en ella abogaba “por desterrar de la política española el odio, que es la peor plaga de un pueblo” y donde se mostró dolido porque entendía que no se sentía bien tratado por Málaga. Cuando fue preguntado por cómo le gustaría ser recordado, esta fue su respuesta: “Un hombre que creyó en España y que sabía que había que hacer un gran esfuerzo por perfeccionar el sentido del patriotismo. Los que les gusta España porque es bella, la gustan desde un punto de vista físico, nosotros creemos que España es algo mayor y tenemos un concepto de España mayor”.

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