Diario Sur

José de Gálvez, de Macharaviaya a Ultramar

Retrato de José de Gálvez.
Retrato de José de Gálvez. / Sur
  • El abogado malagueño fue ministro de Indias del rey Carlos III

La familia Gálvez, oriunda de la localidad axárquica de Macharaviaya, prestó un significado servicio a la corona española a finales del siglo XVIII con especial relación con los asuntos vinculados a las colonias en las Indias. Matías de Gálvez y Gallado fue virrey de Nueva España; Miguel, ministro plenipotenciario en Berlín y San Petersburgo; Antonio, comandante general de la Bahía de Cádiz; y José de Gálvez y Gallardo ocupó los cargos de visitador general del virreinato de Nueva España, consejero de Indias, secretario de Estado y del Despacho de Indias -ministro-; y gobernador del Consejo de Indias. Su sobrino, Bernardo de Gálvez, cuya figura se está poniendo en valor en los últimos años, fue gobernador de la Luisiana, virrey de Nueva España y un héroe de la independencia de los Estados Unidos.

El repaso que venimos haciendo sobre los ministros malagueños a lo largo de la historia se detiene hoy en la figura de José de Gálvez, Marqués de la Sonora, nacido el dos de enero de 1720 en Macharaviaya. El abogado malagueño fue nombrado ministro de Indias el 28 de enero de 1776 y un mes después el rey Carlos III le nombró también gobernador del Consejo de Indias. Desde su cartera intentó poner en práctica las soluciones que había pensado durante su etapa en México sobre las Indias y así organizó e implantó la reforma de mayor calado en la administración ultramarina: las intendencias.

Así lo relata Feliciano Barrios Pintado en la 'Real Academia de la Historia. Diccionario Biográfico', tomo XXI, págs. 260 a 263, Madrid, Real Academia de la Historia 2010: “Transformó el comercio ultramarino con el Reglamento de Libre Comercio de 12 de octubre de 1778 que, aún con ciertas limitaciones relativas a Venezuela y a los puertos mexicanos de Veracruz y Acapulco, autorizaba el comercio directo a doce puertos españoles con veinticuatro indianos. Mas no acabaría ahí su obra; durante el periodo que ocupó la Secretaría de Indias se fundó el virreinato de las Provincias del Río de la Plata y la Comandancia General de las Provincias Internas y estructuró en seis gobernaciones la Capitanía General de Venezuela. En el campo de la legislación, se intentó hacer una nueva recopilación de las leyes de Indias, dado lo obsoleta que había quedado la de 1680 y se mejoró notablemente la normativa que regulaba las exportaciones mineras”.

Las reformas que introdujo, fruto de su experiencia en tierras americanas y de años de maduración, tuvieron como objetivo el fortalecimiento económico y militar del imperio español mediante la racionalización de su sistema administrativo, además de permitir a España afrontar los momentos críticos sobre América del Norte con la presencia rusa y la sublevación de las colonias inglesas. “Lo heterodoxo de algunas de sus actuaciones y las resistencias de las élites criollas a determinadas iniciativas hicieron que durante su mandato afloraran críticas a su obra y que ésta, al menos parcialmente, fuera anulada por sus sucesores en la Secretaría de Indias”, según destaca Barrios Pintado en la obra citada.

A José de Gálvez y Gallardo se le debe la creación del Archivo General de Indias y el impulso a las expediciones científicas a ultramar.

Su labor en el ministerio de Indias fue el colofón a una intensa carrera en el mundo jurídico y político. Hijo del hidalgo Antonio de Gálvez y García de Carvajal y Ana Gallardo y Cabrera, la buena disposición de José para las letras hizo que se fijara en él el obispo de Málaga Diego González de Toro, quien lo protegió, becó y encauzó hacia los estudios eclesiásticos. Sería otro prelado de la diócesis, Gaspar de Molina y Oviedo, quien sería su gran protector y dirigiera su carrera hacia la Corte una vez descartada la vía eclesiástica y concluidos sus estudios jurídicos en Salamanca y Alcalá. La protección de esta obispo, que llegó a cardenal, y su buen hacer en defensa de los intereses de Málaga ante los tribunales de la Corte hicieron que José de Gálvez y Gallardo ganara predicamento como abogado. A su bufete en Madrid llegaban los asuntos de las mejores familias de la alta nobleza.

En 1762 sería promovido a la Fiscalía General del Aposentamiento de Corte y dos años después ocupó el cargo de alcalde de Casa y Corte. Su relación con las Indias comenzó en 1765 al ser nombrado visitador del virreinato de Nueva España con varios retos: “En el aspecto económico sus principales objetivos serían: primero, controlar la hacienda mexicana en todos su ramos, rentas, agentes y tribunales, tratando, en todo caso, incrementar los ingresos de la Corona; segundo, inspeccionar las aduanas del virreinato, tanto marítimas como terrestres, introduciendo, en su caso, las reformas precisas; tercero, acabar con los abusos, fraudes y contrabando que de forma crónica imperaban en los puertos de Veracruz y Acapulco; y cuarto, el establecimiento del estanco de tabaco. Junto a los de contenido económico, se encargaban a Gálvez dos cometidos de gran trascendencia: la alta inspección de los tribunales de justicia del virreinato y estudiar la oportunidad y conveniencia de trasladar a aquellos territorios el sistema peninsular de intendencias”, según destaca Barrios Pintado en la obra citada.

En tierras mexicanas tuvo sus roces con el virrey, que fue relevado por Carlos Francisco de Croix, y su actividad visitadora se puede calificar como exitosa. Fue el creador de las ciudades de San Diego y Monterrey. Una revuelta india en Sonora le impulsó a dirigir personalmente una expedición de castigo contra los insurrectos, que parece ser la causa de una grave enfermedad que le hizo aconsejable su regreso a la Península, adonde llegó en mayo de 1772. El enrarecido ambiente que había rodeado al visitador en su último periodo mexicano hacía presagiar su caída en desgracia cuando volvió a la Corte, pero nada más lejos de la realidad ya que fue nombrado consejero de Indias y poco después ministro.

José de Gálvez y Gallardo, que contrajo nupcias en tres ocasiones, fue distinguido por Carlos III con el Marquesado de la Sonora. Murió el 17 de junio de 1786 en Aranjuez, donde en ese momento se encontraba la Corte.