Málaga es la provincia de España con más mujeres asesinadas por violencia machista este año
Las seis víctimas mortales en lo que va de 2025 (Lina, Zunilda, Pilar, Eva, María Victoria y Concha) representan la peor cifra desde que hay registros, en 2003
La radiografía de la violencia machista en Málaga en lo que va de año es atroz: seis mujeres fueron asesinadas, supuestamente, a manos de sus parejas o exparejas, lo que convierte este ejercicio en el más trágico de la provincia desde que existen registros, en 2003. Málaga lidera además la estadística nacional, superando incluso a Madrid, Barcelona y Valencia. Así lo reflejan los datos publicados por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, del Ministerio de Igualdad.
A falta de que termine 2025, el número de víctimas mortales que deja esta violencia asciende a 40 en todo el país (nueve menos que el año pasado y 30 menos que hace 22 años) y 13 en el conjunto regional (tres más que en el ejercicio anterior y la misma cifra que en 2003). Indicadores como como las edades y nacionalidades tanto de las víctimas como de sus agresores, el tipo de relación que mantenían, si convivían y si tenían hijos juntos continúan reflejando que no hay un perfil, que esta lacra golpea independientemente del país en el que nazcas o la clase social, y permiten trazar la realidad de una violencia estructural que, aunque encubierta en sus inicios, siempre termina dejando rastro.
Las mujeres asesinadas en Málaga se llamaban Catalina, Pilar, Zunilda, Eva, María Victoria y Concha. Sus maltratadores les arrebataron la vida a golpes, puñaladas o cortándole la respiración. Junio y noviembre fueron los peores meses. Cinco de ellas convivían con sus agresores y tres estaban casadas con ellos. Solo dos los habían denunciado por malos tratos; Lina una de ellas —20 días antes del crimen—, pero el juzgado le denegó la orden de alejamiento porque la policía, o mejor dicho el algoritmo de Viogén, estimó «riesgo medio». Precisamente, esta era la única víctima mortal que tenía tres hijos menores de edad, que han quedado huérfanos.
Su expareja presuntamente la asesinó el pasado 9 de febrero en su domicilio de Benalmádena. El 20 de enero Lina dio el primer paso: habló con los agentes y, aunque estuvo a punto de no denunciar, terminó haciéndolo. Contó que su expareja le había levantado la mano, que la había amenazado y que le había pegado otras veces, aunque manifestó que esa última vez no. Sin ninguna medida que la protegiera, la madrugada fatídica, el presunto agresor, cubierto con la capucha de una sudadera, entró en la casa y se dirigió a la habitación del fondo, donde estaba la mujer. Tras una breve discusión, el individuo habría comenzado a agredirla. Aunque sus hijos corrieron a socorrerla, consiguió estrangularla; después, prendió fuego al inmueble para simular que se trataba de un accidente.
Cuatro meses más tarde, el 7 de junio, sobre media mañana, la vigilante de seguridad de un hotel en Marbella hacía ronda por las proximidades del alojamiento cuando se percató de un cadáver en un descampado del distrito de Las Chapas, detrás de una gasolinera. Se trataba de Pilar, una mujer española de 53 años con múltiples lesiones en la cara. En el radar de los investigadores, su pareja, un ciudadano búlgaro de 47 años, que finalmente fue detenido tras aproximarse a las inmediaciones de la comisaría de Policía Nacional.
Ese mismo mes de junio, la madre de Zunilda, una mujer de 43 años y origen colombiano, comenzó a preocuparse tras dejar de tener noticias de su hija, que estaba pasando una temporada en Fuengirola, durante días. El mal augurio se acentuaba; al parecer, le había contado a su familia que su pareja era «un hombre agresivo», que «sufría malos tratos» y que «quería divorciarse». Sus amigos, también en vilo, acudieron a la Comisaría de Policía Nacional de Torremolinos, y el 19 de junio los agentes la encontraron sin vida en su apartamento, en la urbanización Higuerón West. La principal hipótesis de los investigadores, que él la asesinó a martillazos y se suicidó, pues también fue encontrado muerto y con heridas de arma blanca.
El 3 de septiembre, Eva, de 83 años, también era asesinada en su domicilio de Marbella presuntamente a manos de su marido, quien le habría asestado al menos media decena de puñaladas con un machete de 20 centímetros. Los servicios de emergencias, a su llegada, no pudieron hacer nada por salvar la vida de la mujer; mientras que, el único sospechoso de su muerte, su pareja, de 84 años, quedó detenido por la Policía Nacional. El pasado 8 de noviembre, el supuesto asesino fallecía en la prisión de Alhaurín de la Torre.
En apenas un lapso de cuatro días han tenido lugar los dos últimos crímenes machistas. El pasado sábado 22 de noviembre, María Victoria, una vecina de 60 años de Rincón de la Victoria, era asesinada a puñaladas por su exmarido, ya en prisión provisional. De acuerdo con los testimonios recabados en la zona aquel día, se trataba de un matrimonio separado, pero ella lo visitaba y preocupaba del estado del hombre, pues se encontraba en tratamiento psiquiátrico. El miércoles 26 la Guardia Civil hallaba el cadáver de Concha, una joven de 25 años, en una vivienda de Campillos después de que su exnovio, al que dejó el fin de semana anterior y se negó a irse de su casa, se entregara en el cuartel de su localidad natal, Martos, en la provincia de Jaén.
La provincia ha contabilizado 63 crímenes machistas en estos 23 años y enero se ha posicionado como el peor mes en este sentido, pues se han constatado ocho muertes de mujeres a manos de sus parejas o exparejas, dos de ellos en 2006; de cerca le sigue julio, cuando se registraron siete, dos en 2014. En cuanto a la edad, 18 mujeres asesinadas por la violencia machista se encontraban en la franja que va desde los 41 hasta los 50 años; 10 en el siguiente tramo, entre los 51 y los 60, y otra decena en el que va desde los 71 a los 80; las 18 restantes tenían entre 21 y 40 años.
El 63,49% de las mujeres eran españolas; porcentaje similar al de los agresores con nacionalidad española, que representan el 61,9%. Los datos del departamento que lidera Ana Redondo también exponen que el 23,81% de los hombres que acabaron con la vida de sus parejas o exparejas se suicidaron; el 14,29% lo intentó.
El 15,87% de las mujeres asesinadas ya habían dejado a sus maltratadores; el 30,16% no convivían con ellos. Ni siquiera eso las salvó de una cadena que empieza con «pequeños detalles», con gritos, control e insultos. Aunque las instituciones no llegaron a tiempo, al menos 14 —o, lo que es lo mismo, el 22,22%— se atrevieron a romper el silencio y denunciar a sus agresores. La mayoría, el 68, 25%, no pudo hacerlo; mientras que, del 9,52% no hay constancia de si había acudido a una comisaría o a un juzgado.
Los otros grandes afectados de la violencia machista en su expresión más cruenta son los huérfanos, que se ven abocados a un camino largo y doloroso para regularizar su situación familiar, continuar con sus estudios e incluso solicitar ayudas. Desde 2003, los menores en situación de orfandad por esta causa en la provincia ascienden a 23; la mayoría desde 2022 en adelante.
Balance de la situación
De esta manera, la evolución de la violencia machista en el marco andaluz este año dibuja un escenario especialmente desigual: Málaga registra casi la mitad de los crímenes. Mientras el conjunto autonómico reproduce cifras idénticas a las de 2003, la provincia malagueña se desmarca con una tendencia alcista durante los últimos cuatro ejercicios y que la sitúa como el territorio más castigado de este 2025.
A escala nacional, el comportamiento es distinto. España anota la cifra más baja de toda la serie histórica desde 2003, con un máximo que se alcanzó en 2008, con 76 víctimas. Aunque con algún altibajo, la tónica nacional está marcada por la estabilización e incluso por la mejora con la disminución de víctimas mortales.
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