¿Padeces tecnoestrés?

Un hombre estresado por el trabajo./Archivo
Un hombre estresado por el trabajo. / Archivo

En el tiempo de ocio, no se deben enviar mensajes laborales que no sean «urgentes»

ARANTXA HERRANZ

Hace no mucho tiempo, cuando un trabajador terminaba su jornada laboral, se marchaba de su puesto de trabajo y no tenía que preocuparse de nada más hasta el día siguiente. Ahora, y gracias a las nuevas tecnologías, un correo electrónico de su superior enviado a las 10 de la noche puede hacer que apenas concilie el sueño o que tenga que resolver una incidencia a esas horas.

Más allá de otras reacciones y sentimientos, este tipo de situaciones pueden provocar lo que se conoce como tecnoestrés, término con el que nos referimos a la «frecuente y en ocasiones difícil relación entre el usuario y la tecnología, provocando una sensación habitual de nerviosismo en la persona», explica Héctor Galván, director clínico del Instituto Madrid de Psicología.

Este experto en estrés y bienestar emocional asegura que el tecnoestrés es cada día más frecuente, sobre todo porque «las personas sentimos la necesidad de estar conectados permanentemente y esto puede ocasionar ansiedad, estrés, nerviosismo y frustración». Dolores de cabeza, falta de concentración, insomnio, irritabilidad, frustración, tensión, fatiga visual, dolores articulares, nerviosismo y ansiedad son algunos de los síntomas de esta dolencia, que se distingue de otro tipo de estrés en que se produce directamente por el uso inadecuado o excesivo de las redes sociales, el ordenador o el móvil. Galván añade la sensación de tener que estar permanentemente conectado, «evitando el riesgo de perdernos algo o no responder a cualquier demanda que podamos recibir».

Siempre se ha dicho que la tecnología, como herramienta, no es mala per se, sino que dependiendo del uso que le demos sus contraindicaciones serán superiores a los beneficios. Como explica Encarna Marolo, directora de Recursos Humanos de Adecco, la tecnología ha favorecido la reducción del «presentismo», la comunicación transparente e inmediata y la formación de los trabajadores. Sin embargo, en muchas ocasiones potencia también la imposibilidad de desconectar. Hoy, la vida personal y la profesional están más ligadas que nunca. «Podríamos decir que separadas únicamente por una tecla del móvil y cometemos el error de enviar correos o mensajes a cualquier hora del día, sin pensar que esa libertad que tenemos a la hora de trabajar condiciona la respuesta del que lo recibe».

El uso responsable

En este tecnoestrés también influye la capacidad de respuesta personal que cada individuo pueda ofrecer. Algo que, según Galván, «depende de muchos factores y no es igual para todos. La personalidad juega un papel fundamental en la percepción y la respuesta al estrés».

Francia incluso ha llegado a legislar para evitar el envío de correos electrónicos fuera del horario laboral. ¿Es necesario llegar a ese punto? «Cada vez es más habitual encontrar empresas que apuestan por el uso responsable del correo y del móvil fuera de los horarios de trabajo y sensibilizan a sus directores para no enviar comunicaciones en ese periodo. Del mismo modo, animan al resto de empleados a no responder a ellos si no es urgente. Este respeto del tiempo empieza también a ser un elemento de negociación de convenios colectivos», reconoce Marolo.

Recomienda que las empresas tengan una política de vacaciones bien definida, al alcance de todos y que los jefes animen a sus equipos a disfrutarlas en su totalidad. «Se debe favorecer un clima de coordinación en los departamentos y entre los equipos para la cobertura de imprevistos favoreciendo el descanso de la persona que está fuera.

 

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