Las américas de Ramón Ramón

Ramón Ramón Sánchez. /Salvador Salas
Ramón Ramón Sánchez. / Salvador Salas

En la UMA brilló más como líder estudiantil que en los exámenes. Ramón Ramón Sánchez se reseteó como informático hacia la cooperación exterior, el activismo en el 'software libre' y la asesoría política en América Latina. Vive en México y, ahora, con un pie en la trastienda del mapa electoral español

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

E l líder de Movimiento Ciudadano a la presidencia de México, Dante Delgado, le tiene entre sus amigos. Por eso, y no por perdedor, dejó de ser su asesor exclusivo. El pasado julio, como el resto de candidatos, ese trabajo de tres años con el líder socialdemócrata mexicano fue arrasado por la estrella tenaz de López Obrador, aclamado presidente. «Había caído en la endogamia propia de los partidos y le pedí a Dante que me liberara de exclusividad, que dejara de pagarme. Yo no puedo trabajar con quien acaba siendo amigo», marca una de sus líneas rojas como asesor este ceutí madurado en Málaga. Los políticos en México conocen bien al creador de RRSánchez&Cia, Paseo de la reforma 296, sede del 'laboratorio' que concentra diez años de conocimiento del terreno público en América Latina. Se estrenó como asesor presidencial del presidente Lugo en Paraguay, y en México dirige a un equipo de 18 profesionales de diferentes campos, «la ONU de la comunicación política», tira de eslogan. Desde allí han ayudado a aupar a un alcalde 'naranja' a Guadalajara, la segunda ciudad del país en el que vive desde hace cuatro años tras pasar más de teun año en Costa Rica. En Venezuela, donde en los tiempos de Chávez le rechazó trabajar en la empresa estatal de petróleo. «Caracas es una ciudad en la que nunca viviría», dice tras su experiencia en un programa de vivienda. La agenda de este informático, conversador y empático también en su blog, le ha puesto en poco tiempo en el 'top ten' de los asesores políticos en América Latina. La parte visible de su trabajo son conferencias y charlas sobre cómo afinar las herramientas digitales para convencer al electorado. «A la gente hay que preguntarle qué le quita el sueño y qué le hace soñar», resume su manual ante los sondeos. Su mentalidad de asesor es sin embargo la del ingeniero que se siente incómodo con las incertidumbres, pero esa capacidad hace aguas al norte de río Grande. «El inglés es mi china en el zapato. No he conseguido aprenderlo a un nivel suficiente de conversación para mi trabajo», se resigna a una asignatura suspensa en Malta e Irlanda. En los países latinos le abre las entretelas de candidatos en campañas dentro y fuera de México. «Cuando apuesto con un político es porque comparte mi visión de que la política puede cambiar cosas, y si no hay empatía no hay acuerdo para trabajar. A comienzos de 2018 estuvo en Costa Rica en la trastienda del candidato del Frente Amplio, Eduardo Araya. Ramón Ramón Sánchez –«Mi padre no pensó en los controles de pasaportes en los aeropuertos», lamenta– siempre ha estado en política, «pero nunca he querido ser político». Lleva cuatro años en la cocina de los partidos, pero en la escena pública aterrizó como asesor presidencial en Paraguay de la mano del programa de desarrollo de Naciones Unidas para fomentar la digitalización. Es de la generación Spectrum y en COU iba a la Universidad «a curiosear». El activismo estudiantil le atrajo cuando se diplomaba en Informática en la UMA. «El primer curso fue una decepción. Me indignaba que no hubiera dinero ni para llevarnos al SIMO, así que en segundo me metí en el Departamento de Actividades Culturales (DAC) y hasta creamos una revista 'Actualidad Politécnica'», refiere el primer salto que le llevaría después a tener hilo directo en el claustro como representante estudiantil, una dedicación en la que busca causa de esos ocho años que empleó en una diplomatura a cámara lenta. Tampoco hizo carrera política más allá de una larga militancia en Juventudes Socialistas. Poner copas en bares, repartir tickets en la calle, trabajar de DJ o de relaciones públicas no convalidaban en sus noches universitarias, pero le fueron útiles. «Para bien o para mal he echado pocos currículum. Tengo mucha capacidad para conectar y creo que pongo pasión y método en lo que hago», defiende sus activos.

Mente inquieta

Ramón R. Sánchez se diagnostica «mente inquieta», incapaz de pasar muchos años en la misma tarea. «Me aburro», confiesa. Su récord de monogamia laboral está en el centro de la UNED en Málaga como jefe de informática, un puesto por oposición al que puso fin con un autodespido a los cinco años. Allí afianzó su etapa más larga, la de activista del software libre, con una participación directa en Extremadura y después Andalucía a comienzos de siglo. La épica colaborativa del software ha perdido enteros para los activistas digitales como él, «orgulloso de tener cama y techo en cualquier país. No conozco a los vecinos de mi bloque, pero sí a gente de todo el mundo que se mueve en el software libre.». El movimiento mundial para no pasar por caja de los gigantes como Microsoft le sigue con fuerza, aunque mira hacia atrás y lo percibe, pesimista, como «una burbuja» en una sociedad que ha optado por el «borreguismo» de usuarios digitales antes que por exprimir las posibilidades del código abierto, analiza este informático cuya patria es Lynux y no pierde ocasión en agitar la bandera en cada foro o convención donde ya es un clásico.

Estar ahora más tiempo en Málaga junto su padre, muy enfermo, le ha hecho volver la vista a España, donde ya se mueve para trabajar en algunas provincias andaluzas cara a las municipales y europeas, un frente ampliable a generales. Pronostica su concurrencia con las locales. «A la gente le duele la política local. En cualquier ciudad o pueblo, los militantes de los partidos con implantación, como PSOE y PP, se matarán por la alcaldía. Dani Pérez, por ejemplo, se va a partir la cara por ser alcalde, y eso le favorece a Pedro Sánchez». Lo que me diferencia al no ser sociólogo ni politólogo es mi capacidad de dar órdenes y poner orden en campañas son muy cortas. En España se mucho a la ocurrencia. Apenas se planifica». Exmilitante socialista, escucha ofertas de casi cualquier partido, menos del PP: «No trabajaría nunca con ellos aunque tengo ofertas de algunos sitios para hacerlo porque me llegan ahora peticiones de compañeros para que les ayude. No estoy en la lista negra, pero me autoexcluyo. No me veo defendiendo su modelo de sociedad».

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