El cambio climático, una cuestión global

Sequía en una superficie de Ardales, cerca de Málaga./Reuters
Sequía en una superficie de Ardales, cerca de Málaga. / Reuters

Las cumbres mundiales de París, Marrakech y Bonn han establecido una agenda que debe implementarse superando las divergencias en cuanto a países desarrollados y emergentes, y respecto a la financiación

José Manuel Andrés
JOSÉ MANUEL ANDRÉSMadrid

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático 2015 (COP21) celebrada en París supuso un paso sin retorno en el gran objetivo de alcanzar un acuerdo mundial para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Casi dos centenares de países -193- se adhirieron entonces al Acuerdo de París, que reflejaba el compromiso de mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2º C con respecto a los niveles preindustriales y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5° C, además de aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y elevar las corrientes financieras a un nivel compatible con una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente al clima. Un hito en la lucha contra el calentamiento global sin precedentes desde el Protocolo de Kioto, firmado en 1997 pero que no entró en vigor hasta 2005.

Tras la cita parisina, las cumbres de Marrakech y Bonn (COP22 y COP23) han servido para profundizar en las medidas concretas de un acuerdo que ha sobrevivido al cambio de rumbo de Estados Unidos tras la llegada de la Administración Trump al poder en 2017 por la determinación del resto de grandes líderes mundiales a mantener los compromisos firmados, especialmente en el caso de China, que es responsable actualmente de casi un 30 % de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Ahora, y con la vista puesta en la COP 24 de Katowice (Polonia), el gran reto es implementar las medidas concretas y hacerlo teniendo en cuenta las velocidades y requisitos diferentes para países desarrollados y emergentes, uno de los principales escollos junto a la financiación.

Horizonte 2020

La cuestión no es baladí, ya que 2020 parece el horizonte más lejano para tomar medidas ante lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) califica de amenaza para la salud pública de primera magnitud. Así, en la última década del siglo XX, los desastres naturales relacionados con las condiciones meteorológicas produjeron aproximadamente 600.000 muertes en todo el mundo, el 95 % de ellas en países pobres.

En cifras

30 %
Aumento de la concentración atmosférica de CO2 desde la Revolución Industrial.
40 %
Porcentaje de la población mundial afectada por la escasez de agua.
95 %
Porcentaje del total de fallecidos por desastres naturales que se producen en países pobres.
1,5 ºC
Objetivo de aumento máximo de la temperatura media mundial.

La concentración atmosférica de dióxido de carbono, gas que atrapa más calor en las capas bajas de la atmósfera, ha aumentado en más de un 30 % desde los tiempos anteriores a la Revolución Industrial. Estudios recientes parecen asociar las temperaturas récord alcanzadas en el verano de 2003 en Europa Occidental con las 70.000 muertes más respecto al mismo periodo de años anteriores. Actualmente, aproximadamente 300 millones de personas padecen asma y se teme que el alza en la temperatura eleve el número de afectados por dicha enfermedad.

Asimismo, la subida del nivel del mar, otra consecuencia del calentamiento global, aumenta el riesgo de inundación de las costas y podría causar desplazamientos de población, y el aumento de la variabilidad de las precipitaciones puede poner en riesgo el suministro de agua dulce. La escasez de agua afecta ya a un 40 % de la población mundial, lo que obliga a las personas a transportarla desde lugares alejados y a almacenarla en sus casas, lo que puede aumentar el riesgo de contaminación del agua y de las consiguientes enfermedades, unas patologías sensibles al clima que se encuentran ya entre las principales causas de muerte. La diarrea, el paludismo y la malnutrición proteinocalórica produjeron más 3 millones de muertes en 2004 y se prevé que el aumento de la temperatura del planeta y de la variabilidad de las precipitaciones reduzca las cosechas en muchas regiones tropicales en desarrollo, donde la seguridad alimentaria ya es un problema.

Amenaza para España

Por otra parte, las medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y atenuar las repercusiones sanitarias del cambio climático pueden tener otros efectos positivos en la salud, ya que el fomento del uso del transporte público y de los medios de desplazamiento activos como alternativa a los vehículos privados podría reducir las emisiones de dióxido de carbono y mejorar la salud pública.

El aumento del nivel del mar previsto para 2100 inundaría zonas como Doñana o las Rías Baixas gallegas

Respecto a España, el riesgo derivado del cambio climático se plasma en previsiones catastróficas concretas. Según algunos estudios, la posibilidad de que el nivel del mar ascienda unos tres metros en 2100 es real, lo que provocaría la inundación de entornos naturales de inmenso valor ecológico como el parque nacional de Doñana, las Rías Baixas gallegas y el parque natural del delta del Ebro, así como de parte de ciudades costeras como Cádiz, La Coruña, Santander y Barcelona. En este sentido, el Gobierno ha integrado, por primera vez, el cambio climático en todas las políticas medioambientales para llevar a cabo acciones de adaptación a este fenómeno en las costas, el agua y la biodiversidad de nuestro país.

Asimismo, unas tres cuartas partes del suelo español están amenazadas por la desertización y esta situación podría extenderse a parte de la superficie restante a lo largo de las próximas décadas. Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y el Levante peninsular concentran la mayoría de este territorio en riesgo de degradación que amenaza seriamente a los ecosistemas de la zona y a su actividad agrícola y ganadera, todavía una de las principales fuentes de riqueza y trabajo.

España trabaja para cumplir con sus compromisos internacionales con la elaboración de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, la pieza angular sobre la que debe girar toda la política del Gobierno en materia de lucha contra el calentamiento global en las próximas décadas.

Tejerina: «Nuestros compromisos climáticos son los más ambiciosos»

En abril de 2014 Isabel García Tejerina recibía de manos de Miguel Arias Cañete la cartera de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Desde entonces, la ministra ha asumido el reto de sacar adelante la Ley de Cambio Climático y Transición Energética y ha puesto en marcha la Plataforma de Acción Climática, dos de los pilares sobre los que debe girar la política española de los próximos años en la lucha contra la amenaza del calentamiento global.

Isabel García Tejerina.
Isabel García Tejerina. / A. Ferreras

– ¿En qué consiste y cuáles son los objetivos de la Plataforma Española de Acción Climática?

– Nace, impulsada por el Gobierno, para sumar los esfuerzos de empresas españolas a la consecución de este objetivo, con el que todos debemos estar comprometidos. La Plataforma propone ampliar la acción climática a través de empresas y administraciones que realicen compromisos de reducción de emisiones, o aprovechando el intercambio de experiencias y de soluciones innovadoras, que sirvan de ejemplo para la sociedad y aporten un conocimiento práctico.

– ¿La colaboración público-privada es uno de los pilares en este sentido?

– Sin duda. La colaboración que propone la Plataforma fomentará la participación de las empresas y alineará sus estrategias climáticas con las acciones gubernamentales. Desde el Gobierno estamos convencidos de que este tipo de alianzas son fundamentales para acelerar la lucha contra el cambio climático, ya que el sector privado es fundamental para implementar los compromisos de los países, el despliegue tecnológico y movilizar el capital necesario.

– ¿Qué papel juegan la innovación y el emprendimiento en la lucha contra el cambio climático?

– La innovación y las nuevas tecnologías son pilares esenciales para abordar este reto, porque la tecnología de la que disponemos hoy, aunque es abundante, no es suficiente. El Banco Mundial y la Agencia Internacional de la Energía han realizado estimaciones que sitúan la necesidad de invertir más de un billón de dólares al año en tecnología verde.

– ¿Qué lugar ocupa España actualmente en la lucha contra el cambio climático?

– España lidera, en el marco de la UE, la lucha contra el cambio climático. Nuestros compromisos son los más exigentes y ambiciosos a nivel mundial incluso antes del Acuerdo de París, ya que en 2014 asumimos reducir en 2030 nuestros gases de efecto invernadero un 40% respecto a los emitidos en 1990. En 2016 las emisiones del conjunto de la Unión se redujeron en un 23% respecto a 1990, mientras el PIB creció en este periodo un 53%. El Gobierno ha apostado por facilitar las inversiones bajas en carbono, eficaces en el uso de los recursos, y hemos apoyado el desarrollo empresarial que busca nuevas tecnologías. Esta es la mejor manera de contribuir al esfuerzo global de lucha contra el cambio climático. En marzo de 2016 Naciones Unidas verificó que España cumplió con el primer periodo de Kioto, y ello a pesar de que en enero de 2012 recibimos una seria advertencia de la Comisión Europea de que no estábamos cumpliendo nuestros compromisos. Para el Gobierno fue una prioridad sacar a España de sus incumplimientos internacionales, y no solo cumplimos con Kioto, sino que vamos un 10% por delante de los compromisos que España tiene dentro de la UE.

– ¿Cuáles son los siguientes pasos a seguir en la COP24 de Katowice?

– Una de las grandes prioridades es finalizar el programa de trabajo del Acuerdo de París, del que nos falta rematar la letra pequeña. La otra gran prioridad es ver dónde estamos respecto a los objetivos globales que hemos asumido y ver cuánto nos falta por hacer.

– ¿Cómo se encuentra la tramitación de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética?

– En estos momentos estamos trabajando en el borrador, que esperamos poder presentar en un breve plazo al Grupo Interministerial para la Elaboración de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética y del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima.

 

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