El apóstol social

El padre Arnaiz./
El padre Arnaiz.

La beatificación del padre Arnaiz, que se celebrará este sábado en la Catedral de Málaga, supondrá el primer acto pontificio de estas características que se desarrolla en la ciudad

RAFAEL RODRÍGUEZ PUENTE

Este sábado, 20 de octubre, se procederá a la beatificación del Padre Arnaiz, S.J. La ceremonia, que estará presidida por el cardenal prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos, monseñor Giovanni Angelo Becciu, se desarrollará en la Catedral y su entorno. Será, por tanto, la segunda beatificación que se celebra en la provincia de Málaga –la primera en la capital–, después del acto pontificio dedicado a la Madre Carmen del Niño Jesús en Antequera, en 2007. Y es que este rito se viene oficiando desde 2005 en la diócesis que promueve la causa, siguiendo las instrucciones llevadas por el Papa Benedicto XVI, y no en Roma, como hasta entonces.

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Fue en 1990 cuando se inició a nivel diocesano el camino para elevar a los altares al sacerdote jesuita Tiburcio Arnaiz, que falleció en Málaga con una fama de santidad que ha permanecido hasta hoy. El Papa Francisco declaró las virtudes heroicas del Padre Arnaiz y después la comisión de médicos de la Congregación de la Causa de los Santos del Vaticano no encontró explicación científica alguna para un suceso milagroso que ha resultado clave para que el Santo Padre lo pueda proclamar beato.

Finalmente, el Vaticano anunció el pasado diciembre que el pontífice había aprobado el proceso para ratificar el milagro del Padre Arnaiz. Pero, ¿quién fue este sacerdote?

Su vida

Tiburcio Arnáiz Muñoz fue un jesuita, creador de las Misioneras Rurales. Nació en Valladolid el 11 de agosto de 1865, en el número 23 de la calle Panaderos. Fue hijo de tejedor. Por tanto, se crió en un ambiente modesto. Sus padres se llamaban Ezequiel Arnaiz, quien falleció cuando Tiburcio contaba con solo cinco años de edad, y Romualda Muñoz. Tuvo una hermana, Gregoria, que profesó de religiosa como dominica, en el convento de San Felipe de la Penitencia de Valladolid, con el nombre de Sor Carmen.

Con 13 años, entró de seminarista en su tierra natal. Primero lo hizo como alumno interno y poco después, pasa al externado para atender la sacristía del cenobio donde, más tarde, ingresó su hermana.

Tiburcio Arnaiz fue ordenado sacerdote el 20 de abril de 1890. Su primera misa la ofició en el convento de San Felipe de la Penitencia.

Murió en Málaga, el 18 de julio de 1926, donde se dedicó íntegramente a tareas pastorales y misioneras por los campos de la geografía malagueña y zonas limítrofes. Sus restos yacen en el templo del Sagrado Corazón de la capital costasoleña.

Su fama póstuma se extendió rápidamente por toda Andalucía, promovida, sobre todo, por varios sucedidos en torno a su persona. Asimismo, se le atribuyeron numerosas curaciones y profecías que el Padre Arnaiz realizó en vida, como la ocurrida con un niño paralítico de la calle Lagunillas, en el barrio de la Victoria, que tuvo una visión del sacerdote y se levantó de la cama para echar a andar. Estos dones extraordinarios y alguna que otra revelación de acontecimientos lejanos, como el anuncio del incendio de la Aduana en el mismo momento que predicaba una misión en Guaro y no existía cauce alguno para llegarle la noticia, aumentaron en su difusión, de manera excepcional, tras su muerte.

La causa de beatificación del Padre Arnaiz se vio muy reforzada gracias a la labor desarrollada por el sacerdote jesuita Vicente Luque Baena y la constitución del pertinente Tribunal que ordenó y clasificó más de 7.600 folios remitidos desde la capital malagueña e incluso de otras diócesis españolas.

Destinos

El primer destino eclesiástico del Padre Arnaiz fue la parroquia de Villanueva del Duero. Más tarde, en 1893, pasó a la parroquia de Poyales del Hoyo, en Ávila, donde permaneció hasta el 13 de febrero de 1902, momento en que entró en el noviciado de la Compañía de Jesús, una vez fallecida su madre, a la que adoraba, y con su hermana ya dedicada a la vida religiosa. Por entonces, tenía 37 años de edad y doce de ministerio sacerdotal. Diez años más tarde pronunció sus últimos votos en el colegio San Estanislao de Kostka de la barriada malagueña de El Palo, pero antes, en 1909, llegó a su primer destino, Murcia,

Desarrolló su apostolado por varias partes de España, aunque fundamentalmente por Andalucía, donde dejó su huella en Cádiz, Granada, Córdoba, Sevilla, Jaén y, sobre todo, Málaga.

Estudios

Tiburcio Arnaiz se graduó en Teología en 1896, obteniendo los tres grados de bachiller, licenciado y doctor. Fue en Toledo, alentado por un buen amigo. Como novicio, entró en La Cartuja (Granada) el 30 de marzo de 1902.

Hizo los correspondientes votos bienales el 4 de abril de 1904 y los estudios desde 1903 y 1907.

¿Cuándo llegó a Málaga?

El Padre Arnaiz llegó a Málaga en 1912 para estar al cuidado de los chicos acogidos en la Casa del Niño Jesús, que unos años antes fundó el Padre Aicardo. Cuatro años más tarde marchó a Cádiz, tras acceder a la insistencia del obispo de la diócesis gaditana, Manuel Rancés. Fallecido éste, Arnaiz regresó a Málaga, a finales del mes de septiembre de 1917, para ejercer su ministerio sacerdotal.

Durante su estancia en la diócesis malagueña, se entregó a los más necesitados. Visitó barrios y corralones de la capital, con especial atención a los corralones de Larios, en el barrio de Huelin, en El Bulto, en la calle Cañaveral, en los corralones de Santa Sofía, en Puerto Parejo, y de la calle Chaves, en la zona de la Victoria, en la calle de los Negros, en la Cruz Verde, en las capillas de San Lázaro, Zamarrilla y de la Farola, en la calle Obando, frente a la plaza de toros, en la calle Curadero, en la calle Rosal Blanco, en la Goleta, y en unos corralones del Pasillo de la Cárcel, en el corralón de la Pastora, cerca de San Bartolomé, y en los portales de Chacón. En definitiva, en el mundo suburbial de la urbe.

Atendió a los enfermos en casas particulares y hospitales, y, sobre todo, recorrió, con sus misiones, no sólo la provincia de Málaga, sino también otros municipios del Sur de España. Y es que el Padre Arnaiz tenía predilección por los núcleos rurales menos atendidos y con problemas sociales extremos, a los que llevaba su aliento por mediación de la Palabra. Es por ello que estableció las llamadas 'doctrinas rurales', como las de la Sierra de Gibralgalia, Las Mellizas, Las Capuchinas, Gobantes, Montecorto, El Chorro, Alhaurín de la Torre, El Tesorillo, Álora o Cartajima..., así hasta realizar un total de 266 misiones en 120 lugares y en nueve años.

Doctrinas rurales

El Padre Arnaiz eligió primeramente un grupo de mujeres voluntarias para desarrollar su proyecto de contenido religioso y social. Así, en 1921, se integraron tres mujeres –Julia Crooke, Carmen Gumucio y Ángeles Macías–, con María Isabel González del Valle y Sarandeses, asturiana de nacimiento, la responsable y fiel seguidora del Padre Arnaiz. La primera actuación fue en Gibralgalia. Aquellas primeras mujeres de las doctrinas rurales se 'encerraron' en el poblado, vivieron en casas muy humildes y comenzaron una campaña de alfabetización. Por entonces, aquello provocó el rechazo de las clases privilegiadas y no pocas veces hubieron de actuar tanto el obispo de Málaga, Manuel González, como el propio Padre Arnaiz.

Estas mujeres estaban entregadas de lleno a la catequización de gentes que carecían de lo necesario para su vida cristiana: la Palabra de Dios y los Sacramentos.

La característica principal de estas personas consagradas era la abnegación propia y el bien de las almas. Y todo con un fin común: la gloria de Dios.

Pero, además de las vocaciones misioneras –las misioneras de las Doctrinas Rurales continúan su labor hoy día–, el Padre Arnaiz impulsó vocaciones a la vida contemplativa. Esto se manifestó de una manera particular en el empeño que procuró porque existiera el convento de Religiosas Carmelitas Descalzas de Ronda. También reorganizó o fundó asociaciones, como Congregaciones Marianas, las Conferencias de San Vicente de Paúl, la Adoración Nocturna o el Apostolado de la Oración, periodo en el que siendo director, sacó adelante, en 1915, el proyecto de volver a procesionar a la imagen del Sagrado Corazón –no recorría las calles de Málaga desde 1901–, aun cuando la inestabilidad social y anticlerical no lo aconsejaba, y promovió la construcción o reforma de varias iglesias y escuelas, y la apertura de la Librería Católica de Málaga, entre otras iniciativas.

Patronato del Padre Arnaiz

El Patronato del Padre Arnaiz se creó el 21 de julio de 1926. Es decir, sólo tres días después del fallecimiento del jesuita. Esta iniciativa se puso en marcha para promover la causa introductoria del proceso de beatificación para su posterior canonización, aunque se paralizó con la salida de los jesuitas de España por la guerra, retomándose con fuerza a inicios de la década de los 90.

Así, el 18 de febrero de 1990 se celebró, en el templo del Sagrado Corazón de Jesús, la ceremonia jurídica, presidida por el entonces obispo, Ramón Buxarrais Ventura, auxiliado por los miembros del tribunal, los sacerdotes José Ávila Barbo, juez delegado, Antonio Martín González, promotor de Justicia o fiscal, y Francisco Ruiz Furest, notario del Obispado.

El postulador de la causa, el sacerdote Vicente Luque Baena, dio lectura a la instancia que en su día se presentó ante el prelado y que fue aprobada. A continuación, se dio lectura al decreto de introducción de la causa y se tomó juramento a todos los que intervinieron en las posteriores sesiones del tribunal.

Entre los asistentes estuvieron el provincial de la Compañía de Jesús, que se trasladó expresamente a Málaga para asistir al acto, y casi 40 testigos que conocieron al Padre Arnaiz y que, más adelante, prestaron declaración ante el tribunal de la causa.

Beatificación

La Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano firmó en 2008 la 'positio' para la beatificación del Padre Arnaiz. Se trata de un resumen de todo lo que se envió a Roma para probar su santidad.

Como se ha comentado, el proceso para la beatificación se abrió a nivel diocesano en el año 1990 y se pasó al Vaticano en 1994.

El milagro

Puesto en marcha el proceso para la beatificación y después de que el expediente superara el filtro de los médicos que se encargan de confirmar que no existe una explicación científica para las curaciones que se atribuyen a aquellas personas fallecidas para las que la Iglesia Católica inicia el proceso de beatificación, previo a su consideración como santos, llegó la aprobación del supuesto milagro por parte del grupo de teólogos de la Congregación de la Causa de los Santos del Vaticano.

El suceso milagroso que se incluye en el expediente se produjo en junio de 1994 cuando el malagueño Manuel Antonio Lucena García, de 41 años, sufrió un infarto que le mantuvo sin oxigenación unos diez minutos. Las pruebas radiológicas revelaron importantes daños cerebrales que debían haberse traducido en secuelas físicas o psíquicas. Por mediación de la hermana del afectado, toda la familia encomendó su recuperación a la intercesión del Padre Arnaiz. Y ante la perplejidad del equipo de cardiología del Hospital Carlos Haya de Málaga, Manuel Antonio Lucena, que aún vive, abandonó la UCI sin ninguna secuela.

 

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