¿Sirven los test masivos de intolerancia alimentaria?

¿Sirven los test masivos de intolerancia alimentaria?

Existen toda una categoría de «solucionadores de problemas sanitarios». Hoy analizamos el fundamento de estas pruebas

Javier Morallón
JAVIER MORALLÓNProfesor de biología y experto en tecnología alimentaria

En mi último artículo hablaba de la importancia que tienen, hoy en día, las alergias y las intolerancias alimentarias . De cómo un diagnóstico de este tipo puede condicionar la vida, a muchos niveles, e incluso la inserción social de los más pequeños. Está claro que el tema interesa, un interés que no podía ser desaprovechado a nivel comercial. Empresas de todo tipo están ofreciendo productos que prometen una mejora sustancial de nuestra calidad de vida, donde los test de intolerancia alimentaria ostentan un lugar destacado. Unas pruebas, con diferente grado de complejidad, que nos aseguran comprobar la posible intolerancia de nuestro aparato digestivo a más de 500 alimentos diferentes.

¿Qué son las intolerancias?

Las diversas reacciones adversas que puede sufrir una persona al ingerir alimentos pueden dividirse, básicamente, en alergias si media el sistema inmunitario y en intolerancias si no se trata de nuestras defensas y si otras causas como las enzimáticas, farmacológicas o indeterminadas.

Para determinar de qué se trata suelen realizarse estudios, en ocasiones, muy complejos. Lo primero que habría que hacer sería una exploración anatómica para descartar problemas como apendicitis o mal de Crohn. Si se sospecha de una alergia se suelen analizar los niveles de inmunoglobulina IgE específica, pruebas cutáneas e incluso la exposición, al alimento en cuestión, de una forma controlada. En el caso de las intolerancias, una de las pruebas más habituales, es la del hidrógeno espirado para comprobar, por ejemplo, nuestra tolerancia a la lactosa o la fructosa. La prueba no es compleja pero suele durar varias horas en las que, tras tomar una disolución de agua con fructosa o lactosa, nos miden el hidrógeno espirado en intervalos de tiempo regulares. También se pueden utilizar otras técnicas como el análisis de heces o histológicos.

Algo no cuadra

Como vemos los estudios son complejos y es necesario, casi, una labor detectivesca que descarte o confirme nuestras sospechas. Los análisis se hacen de forma individualizada con respecto a la sustancia o el alimento en cuestión y siempre bajo supervisión médica o de un laboratorio homologado.

La diferencia es notable con respecto a los test de intolerancia alimentaria que podemos encontrar, por ejemplo, en infinidad de páginas web o, incluso, en algunas farmacias. La principal es que con un único análisis nos pueden decir nuestro grado de intolerancia con respecto a más de 500 alimentos, todo un logro. Lo segundo es que los análisis no siempre son iguales. Hay empresas que nos piden una muestra de sangre otras de saliva y algunas hasta de pelo. Podemos interpretar que si son capaces de detectar semejante cantidad de intolerancias, con una sola muestra, los laboratorios que utilizan para tamaña proeza serán comparables a los del Instituto Pasteur de Paris. Pues no necesariamente porque hay empresas que te mandan el kit completo para que el análisis te lo hagas tú mismo, una especie de «bricomanía» de la investigación clínica que hará las delicias de cualquier «manitas» un sábado por la mañana.

También es chocante que algunos se publiciten como muy eficaces a la hora de perder peso, cuando una intolerancia impide la correcta absorción del alimento y en consecuencia producirá una pérdida de peso, toda una paradoja.

Los precios suelen variar entre 50 y 500€, puede parecer un poco caro pero si cumplen lo que dicen no hay duda de que se trata de una gran inversión. Lástima que aparezca la ciencia, de verdad, para frustrar nuestros deseos. Algunas de las asociaciones médicas especializadas, más importantes, lo tienen muy claro. European Academy of Allergology and Clinical Immunology (EAACI), la American Academy of Allergy, Asthma and Immunology (AAAAI), la British Society for Allergy and Clinical Immunology (BSACI) entre otras son cristalinas al desaconsejar la utilización de este tipo de test y su completa inoperancia para poder diagnosticar, correctamente, una alergia o una intolerancia alimentaria.

Posibles consecuencias

Como casi siempre, cuando tiene pico de pato, patas de pato, alas de pato y dice «cua-cua» suele ser un pato. Los test no sirven y podría considerarse un simple engaño con una merma económica del afectado pero tiene otras consecuencias. Hemos visto que la visita al médico resulta imprescindible para poder descartar otro tipo de problemas como el mal de Crohn, visita que evitaría nuestro producto milagro con funestas consecuencias. También el resultado en cuestión podría arrojar que somos intolerantes a decenas de alimentos sin ningún tipo de fundamento. De forma que nos veríamos obligados a tomar una dieta restrictiva, en algunos casos muy restrictiva, impidiendo, en determinadas ocasiones, una correcta alimentación y generando déficits importantes.

Es sorprendente cómo existen toda una categoría de «solucionadores de problemas sanitarios» que pueden colarse por las grietas del sistema sin que este mueva un dedo por defender al sufrido votante. Sufrido votante que tendrá que echar mano de un agudizado sentido común y de alguna lectura que no presuma de su ausencia de rigor científico.

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