Málaga en Verano

Aquel verano de María José Torres: el placer del primer viaje

Antonio Guzmán capturó este momento de Torres en la inmensidad del Valle de Goreme./
Antonio Guzmán capturó este momento de Torres en la inmensidad del Valle de Goreme.

Turquía fue el primer país que visitó con su propio dinero. Aquel verano de 1990, la actual jefe de la Unidad de Alergología empezaba su residencia en el entonces hospital Carlos Haya

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Hay viajes que marcan antes incluso de hacer las maletas. La jefe servicio de alergología del Hospital Regional Universitario de Málaga, María José Torres, decidió recorrer Turquía en el verano de 1990, año en el que empezó su residencia en el mismo centro. Por eso, además del destino -un país que se le antojaba desconocido y exótico y que le demostró muchas caras del ser humano-, esa aventura tenía un significado especial. «Era la primera vez que me iba de casa con mi propio dinero, pagándolo todo de mi bolsillo».

Torres llevaba unos pocos meses en el Carlos de Haya (actual Regional). Ella y unos amigos decidieron hacer un viaje que marcase la diferencia: dos semanas lejos de casa, viviendo otra cultura y experimentando una forma de vida diferente. Turquía resultó ser el destino elegido, un lugar con el que actualmente la doctora mantiene «una relación estrecha», ya que se fue «pensando en volver» y ahora mismo mantiene relación con varios colegas que trabajan en centros turcos.

El viaje se planificó a través de una agencia de viajes -«creo recordar que se llamaba Mundo Joven», comenta- que proponía una aventura poco ortodoxa: recorrer Turquía de cabo a rabo en un autobús que también haría las veces de hotel, cocina y lugar de descanso. «Con el tiempo lo pienso y no sé cómo tuve el valor, nunca he hecho un viaje similar y menos ahora, que ya una no tiene edad», bromea. Recuerda que cada día fue «una aventura» y «un poco locura». «Se podría decir que incluso fue un riesgo, pero mereció la pena por completo».

María José Torres es, además de jefa de unidad con más de treinta personas a su cargo, la tesorera del Colegio de Médicos de Málaga y miembro del comité ejecutivo de la Academia Europea de Alergia. Desde hace unos meses imparte clases en la facultad de Medicina de la Universidad de Málaga

Además del destino y de los desafíos del viaje, la compañía hizo que aquellos días se grabasen para siempre en la memoria de la entonces residente. «Fue el primer viaje que hice con el que ahora es mi marido», recuerda Torres. Acababan de empezar a salir y esos días ayudaron a fraguar la relación, además de ir acompañada por otros amigos de los de toda la vida.

La primera etapa del viaje fue una escala en Bulgaria, donde tuvieron algo de tiempo para hacer turismo y encontrarse con los primeros contrastes. «El país estaba en la pobreza total, ahí pudimos ver lo que vivía la gente en plena disolución de la antigua Unión Soviética, desde los aviones en los que volábamos hasta los propios restaurantes, en los que a veces no había prácticamente comida». Recuerda con todo lujo de detalles el interior de la aeronave en la que llegaron hasta Sofía: «Cuando te abrochabas el cinturón se echaban los asientos para atrás», comenta entre risas.

Pero más allá de las vicisitudes, el viaje fue «maravilloso» de principio a fin. «Poder ver un país de extremo a extremo es algo muy especial». El autobús fue su mejor aliado para que los más de quince días de estancia merecieran la pena y no perdiesen ni un minuto. Además de ser transporte y alojamiento, el vehículo permitió que hubiese un contacto «muy directo» con la gente, también con los demás viajeros -«todo gente muy joven, como nosotros»-.

Uno de los lugares de Turquía que más impactaron a Torres fue la Capadocia: «No me imaginaba que fuese tan grande, tan enorme». La doctora lo recuerda como algo «espectacular» que «jamás» olvidará, al igual que las ruinas del Éfeso, otra parte imprescindible de las memorias de ese viaje, aunque lo vieron «con un calor horrible y el termómetro sobre los 42 grados».

De aquellos días aprendió muchas cosas y regresó a casa con las ideas revueltas. «Lo primero que me impactó fue la pobreza de Bulgaria, eso de ir a un restaurante que se suponía que era bueno y que no quedase a penas nada de lo que ponía en la carta por falta de género era algo que en España no concebíamos». Por eso le «impresionó» la «dignidad» con la que vivía esa gente en un proceso de cambio tan importante como la disolución de la URSS.

Del interior de Turquía le marcó la felicidad de la gente, que hacía que cualquier llegada a una localidad fuese «una gran bienvenida». También se quedó intrigada por los contrastes, por unas diferencias abismales divididas en muy pocos metros de distancia. «Había muchísima diferencia entre la costa, llena de lujo y yates, con las localidades del interior, llenas de ruinas e historia». Además se quedó «maravillada» por los grandes cambios en los paisajes que fueron recorriendo. «Es un país inmenso en el que hay de todo».

Todo ello hizo que cuando Torres llegase a casa se sintiese «privilegiada». «Te encuentras con un país al que quieres volver porque la gente es maravillosa y hacen que el visitante se sienta como en casa desde el primer momento». A lo largo de estos años, Torres ha mantenido un contacto intenso con varios colegas de allí, y ha podido seguir de cerca cómo la sociedad turca se ha ido transformando de una forma especialmente marcada por el crecimiento de la religión entre los habitantes.