Aquel verano de...

Ese nueve de agosto de Marisol Ruiz de Adana

Natural de Peñarroya (Córdoba), siempre veraneaba en la playa de Los Boliches./SUR
Natural de Peñarroya (Córdoba), siempre veraneaba en la playa de Los Boliches. / SUR

La endocrina e investigadora recuerda sus veranos en Los Boliches y el nacimiento de su hijo

MIGUEL ÁNGEL OESTE

La endocrina e investigadora Marisol Ruiz de Adana lleva un intenso verano de trabajo, pero nos busca un hueco una tarde de agosto en el que el calor aprieta. Tal vez sea uno de los días más calurosos del año en el que el terral no da tregua. El encuentro se produce en una cafetería de Cerrado de Calderón. Es nueve de agosto, una fecha significativa para ella, aunque aún no sabemos nada, si bien pronto lo vamos a averiguar.

Positiva, luchadora, de hablar reposado, cuenta que las mujeres «nos tenemos que quitar limitaciones», para afirmar que a partir de los cincuenta años «sabes lo que quieres, eres más moderada y tolerante y por supuesto no es el final de nada, al contrario, se está más preparada para afrontar cualquier circunstancia», comenta, para seguir con su razonamiento: «Yo me siento representada por mujeres mayores de cincuenta que intentan hacer una sociedad mejor, porque las hay impresionantes.» Y tiene toda la razón, porque ella misma trata de aportar su grano de arena para dejar una sociedad mejor de la que encontró y porque hasta relativamente hace poco tiempo la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres parecía casi una entelequia, ya que como señala Marisol Ruiz de Adana, «el relato históricamente siempre ha sido masculino, así que imagina que las historias que han sobresalido como la de Marie Curie han debido de ser y han sido impresionantes».

Como impresionantes e inolvidables han sido los veranos que pasó en Fuengirola, en la playa de Los Boliches, estíos que ya forman parte de ella y que recuerda con cariño y nostalgia. Para esta endocrina e investigadora no hay dos veranos iguales, de ahí que le cueste decidirse por uno, porque para ella siempre han sido meses muy vivos, de no parar, de disfrutar en la playa, de paellas, espetos de sardinas, tortilla de patatas... juegos y baños interminables en familia. Era una niña nacida en el pueblo minero de Peñarroya, en Córdoba, pero siempre veraneó en Fuengirola y tuvo claro que quería vivir en Málaga, «con sus inmensos cielos azules», como también tiene claro que no existe un verano de su vida, que todos han sido intensos, pero tal vez sí existe una fecha representativa porque de un modo u otro durante distintos nueve de agosto ha tenido vivencias transformadoras, alegres y otras más afligidas.

Para esta endocrina e investigadora no hay dos veranos iguales, de ahí que le cueste decidirse por uno, porque para ella siempre han sido meses muy vivos, de no parar, de disfrutar en la playa, de paellas, espetos de sardinas, tortilla de patatas... juegos y baños interminables en familia.

«Los nueve de agosto casi siempre sucede algo. Es una fecha reveladora para mi familia», dice. Bromeo con ella y le digo que en esta ocasión es la entrevista para SUR. El 9 de agosto de 1991 nació su primer hijo y Marisol Ruiz de Adana considera que pocas cosas más transformadoras como ser madre. Pero es que otro 9 de agosto de 1978 conoció a Paco García en un jurado de Mises, cuenta con una amplia sonrisa. En ese momento, el que se convertiría en su novio y luego en su marido estudiaba periodismo en la Complutense y era becario de Diario SUR. Otro 9 de agosto su padre tuvo la fortuna de que le tocase la Bonoloto. Sin embargo, no siempre recibió alegrías esa fecha tan significativa para ella. Recuerda que otro 9 de agosto su hija sufrió un accidente de moto que modificó la dinámica familiar o que también un nueve de agosto falleció su suegra.

Le pregunto con cuál se quedaría y sin dudar dice que con el día que nació su hijo. «Ser madre cambia, es como si te pusieses otras gafas, es como si vieses las cosas de otra manera», comenta para apostillar, «te vuelve más empática, más humana, menos egoísta, más implicada a todos los niveles, ecológico, social... y te esfuerzas en dejar un mundo mejor».

Recuerda que el día del nacimiento de su hijo empezaba la feria de Málaga y «siempre le he contado que Málaga se llenó de cohetes que se veían desde el materno». Su marido estuvo en el parto pero luego tuvo que marcharse porque retransmitía la feria. Ese agosto no hizo nada especial, pero sin embargo lo recuerda «como algo muy bonito», centrada en la playa, descansando, «días de pecho y playa», felices en la rutina estival, en la que los amigos y familiares iban a visitarla y conocer a su hijo y se acuerda de una anécdota, de una vez que le dijeron Marisol, tu hijo huele a sardinas. «Pobrecito, de los besos que le damos».

En la actualidad, los veranos se han modificado sobre todo en la forma de organizar su tiempo, pero afirma que está mejor que nunca, pues desde que comenzó a trabajar en 1988, esta endocrina e investigadora clínica que dirige varios proyectos en Tecnología y diabetes y Genética de la diabetes puede gestionar su tiempo laboral y familiar mejor. De hecho, el próximo año pasará una estancia en Boston, gracias a una beca del fondo de investigaciones sanitarias. Pero como ella advierte, el verano es un periodo estupendo para moverse, practicar algún deporte y no olvidar la dieta mediterránea, pues son prácticas saludables que previenen la obesidad, principal mal de la diabetes del tipo 2. Y Marisol Ruiz de Adana es un ejemplo de lo que predica: «Todo es proponérselo», concluye.