Invasión de osos polares hambrientos

Un grupo de osos en un vertedero de Belushia Guba. A la izquierda, uno en un portal. /Youtube
Un grupo de osos en un vertedero de Belushia Guba. A la izquierda, uno en un portal. / Youtube

En una isla del Ártico ruso los animales entran en portales y patios en una desesperada búsqueda de comida que puede ser fatal para sus habitantes

RAFAEL M. MAÑUECO

«Bajas por la escalera y en el portal te encuentras de sopetón con un oso polar de dos metros y media tonelada», relata en su cuenta de la red social Vkontakte, Nadia, hija de un oficial del Ejército ruso. Menos mal que el animal se asustó y salió corriendo. De lo contrario, Nadia, que también se arredró y escapó escaleras arriba, podría no haberlo contado.

Situaciones así las viven desde la semana pasada otros muchos habitantes del poblado ártico de Belushia Guba, en el archipiélago ruso de Nóvaya Zemliá. En esta localidad, la más populosa de la isla, viven unas 1.500 personas, en su mayoría militares de una base y sus familias. «Llevo aquí desde 1983 y nunca antes había visto semejante invasión de osos blancos», dice el responsable de la Administración local, Zhigansh Musín. Cuenta que en Belushia Guba hay ahora 52 plantígrados, de los que cinco se han metido en los cuarteles.

«Mantenemos controlados a los animales porque les damos de comer, pero no podremos seguir mucho más tiempo», dice otro lugareño. Las autoridades locales ya han declarado el estado de emergencia y hay noticia de que algunos de estos bellos e imponentes depredadores han mostrado actitudes agresivas hacia personas y perros. Vídeos y fotos colgadas en redes sociales muestran a los osos por las calles, entrando en portales y patios, encaramados a las ventanas y husmeando en los cubos de basura. Los especialistas llegados a Nóvaya Zemliá para solventar el problema señalan que los basureros será lo primero que habrá que eliminar, porque su olor atrae a los enormes mamíferos.

La irrupción de osos polares en centros de población de la costa del Ártico es habitual, pero no en tal cantidad. Se les ahuyenta con disparos al aire, bengalas, perros o con tractores quitanieves, pero esta vez no están funcionado estos métodos. Ya hay quien sugiere emprenderla a tiros con los plantígrados, pero la autoridad municipal descarta una medida tan extrema. El oso blanco es una especie protegida y su caza en Rusia está prohibida. Así que todos esperan que llegue a la isla una brigada de expertos en espantarlos, como las que funcionan ya en la península de Yamal y Chukotka. «Librarnos de los intrusos no va a ser fácil ni rápido» advierte Musín.

De momento, se aconseja a los habitantes de Belushia Guba evitar los traslados a pie. Los militares de la base, incluso los que hasta ahora caminaban por la cercanía con sus viviendas, también deben moverse en autobús. Desde el sábado nadie ha sufrido un ataque serio de estos animales, pero están muy hambrientos y, si no se les alimenta, pueden tornarse muy peligrosos.

Los expertos de WWF explican que la insólita irrupción de osos polares se debe a que el deshielo del mar por el cambio climático les aparta del hábitat en donde capturan su alimento, focas sobre todo. La desaparición de las placas de hielo no les deja otra salida que adentrarse en tierra, donde en invierno escasea la caza.

Nóvaya Zemliá es un conglomerado de dos islas, la norte y la sur, llamada también Mezhdusharski y donde se encuentran, además de Belushia Guba, otras tres poblaciones. Juntas no superan los 2.500 habitantes. La isla norte está despoblada y fue un campo de ensayos nucleares en la época soviética. Allí se probó el 30 de octubre de 1961 la bomba de hidrógeno cuya detonación nuclear es todavía la mayor de la historia a cielo abierto. Las dos islas que constituyen Nóvaya Zemliá, situadas entre los mares de Barents y Kara, tienen una superficie de 83.000 kilómetros cuadrados, prácticamente igual que la de Austria y algo inferior a la de Andalucía.

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