Votos y devotos

Vaya por delante que a todas luces es lógico que puedan asistir a actos de las cofradías lo mismo que lo hacen a los de peñas, clubes deportivos o asociaciones de diversa índole

Votos y devotos
ÑITO SALAS
Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

La presencia de políticos en los actos de las hermandades siempre ha despertado suspicacias en determinados sectores cofrades. Unos recelos que se han incrementado en esta Semana Santa que conincide con la primera parte de la campaña de las elecciones generales del 28 de abril, y que ha tenido su efecto más mediático en la decisión de la Congregación de Mena de pedir a Pablo Casado (PP), Albert Rivera (Ciudadanos) y Santiago Abascal (Vox) que no acudan al traslado del Cristo de la Buena Muerte el Jueves Santo. Más allá de esta resolución y de sus entresijos internos (¿hubo presiones desde altas instancias del Ministerio de Defensa a la cofradía?), lo que este asunto ha puesto sobre la mesa son las relaciones entre hermandades y políticos y el papel de estos últimos en el mundo cofrade.

Vaya por delante que a todas luces es del todo lógico que los políticos puedan asistir a actos de las cofradías lo mismo que lo hacen a los de las peñas, clubes deportivos o asociaciones de diversa índole, e incluso que tengan un lugar preeminente cuando ocupan un puesto institucional. Además no debe olvidarse que no son pocas las ocasiones donde las hermandades acuden a los políticos al frente de instituciones para solicitar ayudas, sin olvidar la apuesta que el Ayuntamiento ha hecho cediendo suelos a las corporaciones para sus casas hermandad.

Partiendo de la premisa de que políticos y cofradías deben convivir e incluso se necesitan mutuamente, la virtud está, como ocurre en otros órdenes de la vida, en el término medio. Ambas partes, deben hacer un ejercicio de reflexión sobre el papel que deben jugar en esta relación y que pasa no por una medida radical como sería el divorcio (no sería entendible que las hermandades vetaran o dieran la espalda a los políticos) ni por actitudes políticas que hagan pensar que su único interés cofrade es electoralista. Hay que saber diferenciar entre los votos y los devotos.