Día 2: elogio a la noche

Las cofradías buscaron la noche porque la luz de las velas era un símbolo religioso de primer orden, aparte de que se consideraba momento oportuno para conmemorar la Pasión

Día 2: elogio a la noche
FRANCIS SILVA
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Hay momentos del día que parecen destinados a cosas concretas. No es menos cierto que los hábitos y costumbres tienen, como casi todas las cosas, un comienzo, que muchas veces, por cierto, puede ser accidental o forzado. Por ejemplo, la tradición del manto de flores de la Virgen de las Penas, que hoy lucirá un Martes Santo esplendorosa por la ciudad, nace de la pobreza, de la falta de medios de la cofradía para conseguir los medios para un manto 'de verdad'. La carencia agudizó el ingenio: ¿por qué no probamos haciéndole a la Señora un manto de flores? Y la cosa gustó tanto que hoy cumple 75 años de vida, efemérides que se rememora con el hecho de que la Virgen saca hoy un manto hecho a base de adornos florales que es una réplica del primero que se hizo, en 1944. O la túnica del Cautivo, que surgió de la improvisación necesitada por la miopía de una comisión 'puritanista' que pensó que ese Ecce Homo era muy provocativo. Hay otros aconteceres que surgen a propósito, que tienen un sentido, como el hecho de que la noche es el espacio del día que mejor le viene a un trono en la calle. Las cofradías buscaron la noche porque la luz de las velas era un símbolo religioso de primer orden, aparte de que se consideraba como el momento oportuno para conmemorar la Pasión: la oscuridad es sinónimo de muerte, porque las Sagradas Escrituras recuerdan que cuando Jesús expiró en la cruz, el cielo se rompió en mil pedazos y la noche derrotó a la luminosidad del día. Negro, noche, luto, dolor… Es una costumbre tan ancestral que las cofradías hagan su penitencia de noche que en tiempos de Carlos III se emitieron toda una serie de normativas para modificar los cortejos populares, como la cédula de 1777, que acaba con los restos medievales de los flagelantes y prohibía la noche, aunque queda claro que esto en Andalucía, y más concretamente en Málaga y Sevilla, no se consiguió del todo. La noche fue buscada siempre por las cofradías, y ahora huyen de esa misma noche. Sin embargo, la noche ilumina los tronos: la vistosidad de un trono de Virgen en mitad de la noche no tiene ni por asomo que ver con la que pueda conseguirse de día, y sin embargo nos vamos alejando en Málaga de la noche, cada vez somos más de día. Era extraño estar a las doce de la noche en la calle el Domingo de Ramos sin casi nada que ver. Era raro ver la estela del Cautivo por Larios cuando aún el cielo negro no había sustituido al azul Málaga. Se equivocan las cofradías con huir de la noche. La noche es el mayor aliado del barroco, y el sol, sin embargo, sólo sirve en un trono, como refería el añorado Paco Hermoso, para mostrar los defectos. Ahora todos quieren el día, pero ¿alguien ha pensado en la gente? ¿Alguien piensa en lo que más le gusta al malagueño cofrade? A ver si entre las vallas 'trumpianas' y el exceso de sol sobre las curvas doradas y plateadas nos quedamos (sic) todos los cofrades muy felices y nos olvidamos de la esencia, el pueblo. No pasaría nada en retrasar los horarios del Domingo de Ramos o del Lunes Santo, excesivamente tempraneros, diurnos en demasía, porque no se entiende la noche en la Semana Santa de esta tierra sin procesiones...