Cuando Alberto Garzón era cofrade

Cuando Alberto Garzón era cofrade

El coordinador federal de IU fue varios años hermano del Rescate y sus obligaciones profesionales en la universidad le impidieron sacar el trono del Señor de calle Agua

Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

Hace unos días el presidente de la Junta de Andalucía, el popular Juanma Moreno, sostenía que la Semana Santa no entiende de ideologías. Una aseveración que bien puede aplicarse a Alberto Garzón, coordinador federal de IU, quien en su trayectoria vital tiene un pasado como cofrade que rompe con esa visión estereotipada en algunos sectores de la sociedad de que un comunista es un 'enemigo' de todo aquello que huela a incienso, sacristía y devoción. Ya Pedro Moreno Brenes, exportavoz de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Málaga, demostró en su momento que se puede conjugar perfectamente la ideología de izquierdas, incluso la más ortodoxa con los principios de Marx y Lenin, con ser cristiano.

Durante varios años, en la segunda mitad de la primera década del inicio del siglo, Garzón estuvo vinculado a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Rescate y la Virgen de Gracia e incluso se talló para sacar el Martes Santo el trono del Señor de calle Agua, aunque finalmente sus obligaciones en la Universidad de Málaga, donde trabajaba en la recta final de sus estudios de Económicas, le impidieron salir bajo los varales, donde le sustituyó un primo suyo que tenía su misma estatura. Según relata el dirigente de IU, su hermano Eduardo –también político en la coalición de izquierdas- sí sacó el trono en varias ocasiones.

«A mí siempre me ha gustado la Semana Santa. En la adolescencia y la juventud, el grupo de amigos de Rincón de la Victoria, donde yo vivía, nos veníamos en autobús a Málaga para ver las procesiones. Me sé los días en que sale cada cofradía, los mejores lugares para ir a verlas,…», narra el cabeza de lista de Unidas Podemos al Congreso de los Diputados por Málaga en las elecciones generales del próximo 28 de abril.

Alberto Garzón llegó al Rescate porque uno de sus primos estaba vinculado a la cofradía victoriana y porque era una hermandad que «en aquellos año no había que esperar cola para sacar un trono, podías ir en un sitio relativamente cómodo y no era excesivamente exigente».

Además, el dirigente de IU recuerda que su abuela materna, María del Carmen Casares –hija de quien fuera farmacéutico municipal de Málaga, Ramón Casares Bescansa– era una persona muy católica y transmitió esos valores a su hija (la madre del político, Isabel Espinosa Casares). «Yo, además de haber ido a catequesis, de hacer la comunión y de ir a misa todos los domingos durante mi niñez y adolescencia, hasta los catorce años rezaba todas las noches», relata en conversación telefónica con este periódico.

Aunque se ha alejado de la religión, a la que dice respetar, y tampoco es hermano del Rescate (lo dejó cuando en 2010 se marchó a completar sus estudios fuera de Málaga, aunque algunos de sus primos siguen vinculados a la hermandad), Garzón sigue viniendo a la capital cada vez que puede para disfrutar de la Semana Santa. «Ahora tengo que hacerlo con mayor discreción porque soy más conocido», afirma el coordinador federal de IU.

En esas visitas a la Semana Santa de Málaga suele invitar a amigos suyos, unos conocidos y otros no tanto, para que la conozcan. Así destaca que uno de quienes se quedó más impresionado fue el actor argentino Juan Diego Botto, estrechamente vinculado a la izquierda. «A quienes traigo los suelo llevar a ver procesiones como la Paloma y su salida a Carretería por una estrecha calle, el paso del Cristo de Mena, más allá de La Legión, o el Rico y la liberación del preso. Todos los que viene les sorprende que haya una tribuna para ricos (en alusión a la oficial) y otra para los pobres, así como que las cofradías las traten por igual a las dos», relata.

«A mis amigos de izquierda les digo que si no comprenden por qué la Semana Santa mueve a miles de personas nunca podremos gobernar este país», subraya el político malagueño.

Alberto Garzón sostiene que «no es incompatible» defender la ideología de izquierdas con la devoción por una manifestación como es la Semana Santa que «trasciende las ideologías y, sociológicamente hablando, es un espectáculo». Eso sí está en contra de que haya «una politización» de la Semana Santa y que los políticos se conviertan en protagonistas de los desfiles procesionales. Unos cortejos que este año coincidirá con la campaña de las elecciones generales del 28 de abril.