Bakú, la renacida París del Cáucaso

Vista de las torres Flame de Bakú. /Reuters
Vista de las torres Flame de Bakú. / Reuters

El dinero procedente del petróleo ha permitido engalanar la capital de Azerbaiyán

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

En la frontera de Europa y Asia hay una región que ha florecido regada por el petróleo. Y su joya principal es Bakú, una capital acostada sobre la costa occidental del mar Caspio cuyo nuevo centro rejuvenece gracias al dinero de los fósiles que baña la zona desde que el primer pozo petrolero fue descubierto en el año 1946.

Uno de los mayores atractivos para el visitante es que puede observar una curiosa mezcla entre culturas. Si ahora mira a Europa desde que cayó la influencia rusa, todavía se puede pasear por un centro medieval de plano almendrado en el que las callejuelas recuerdan su raíz islámica. Merece la pena conocer el palacio de los Shirvanshahs, un complejo de decoraciones epigráficas islámicas. En el sobrevivió una longeva dinastía árabe que juró lealtad a los mongoles cuando arrasaron Eurasia y por eso es conocido como 'el palacio de los khanes'. Además, toda la historia de la zona se puede descubrir en un Museo de la Alfombra de arquitectura espectacular. El contraste más reciente con su pasado persa es la flota de taxis londinenses que llegaron a Bakú cuando se celebró Eurovisión en 2012.

Vista de las cúpulas y del alminar de la mezquita de Bibi Heybat. / AFP

La zona más llamativa de la capital de Azerbaiyán es la más nueva. El lujo es la seña de identidad. Conectadas por avenidas de seis carriles se levantan nuevas obras que captan la atención de los viajeros. Allí sobresalen las torres Flame, rascacielos de formas llameantes que ejercen como columnas de llamas en la llamada Tierra del Fuego. Son dos de los mejores símbolos de la nueva Bakú, esa en la que la arquitectura más reciente tiene un espacio tan espectacular como el futurista centro Heydar Aiyev (dedicado como una hagiografía al expresidente del país). Rodeado de construcciones soviéticas, el edificio sobresale por sus sinuosas formas, blancura y aspecto alienígena.

Contraste de edificios en Bakú. / Reuters

Pero la riqueza petrolífera no es una novedad y eso se nota en sus calles. Con las primeras fortunas propiciadas por el oro negro se construyeron a principios del siglo XX construcciones adaptadas del casino de Montecarlo o edificios venecianos. Junto a las obras de inspiración francesa la ciudad se ganó el sobrenombre de 'París del Cáucaso', actualmente renacida con la arquitectura más contemporánea para seducir al turista.

Torres de perforación petrolífera en el Mar Caspio, cerca de la costa de Bakú. / EFE

Al paisaje natural del mar Caspio y al artificial de los edificios levantados por los petrodólares hay que añadir la herencia soviética. Y a ello se suma el reciente orgullo local, cuya expresión se disfruta de una manera inesperada en la avenida del Honor. Es un cementerio reservado al canto a la vida entre los fallecidos. Las estatuas parecen invitar a los visitantes a ser felices, a moverse y contemplar los homenajes a los grandes de la nación con el espíritu que implantó Moscú cuando se anexionó Azerbaiyán.