Y Gil, y tal

Jesús Gil, si viviera, nos haría las portadas más felices

Jesus Nieto Jurado
JESUS NIETO JURADO

Jesús Gil va a ser lo más en las redes, y yo que me alegro. Porque Jesús Gil fue nuestras buenas tardes en Telecinco, una prosodia entre populista y cazurra con tetas, piscina, una cadena que valía su peso en oro y la paranoia de que media España quería su barriga. Yo pienso ahora en Gil, cuando su serie, y recuerdo un tiempo feliz.

Él, como la Pantoja, saben que la telebasura es un filón e hicieron una cosa buena: fueron ellos mismos. Porque hubo en España una simpatía al gilismo transversal, que no entendía ni ideologías ni de nóminas. Lo tuyo fue dejar Marbella sin un gapo en el suelo y hacer del Atlético su Cuelgamuros.

Gil no sabía ni qué era un grupo, ni que era ser independiente, ni qué era ser liberal. Nuestro Berlusconi era de pelo en el pecho, feo y católico y sentimental. Y así fue levantando Marbella como Dios le dio a entender para enriquecer sus alforjas y la de su prole fotocopiada.

Yo escribo esto de Gil antes de ver la serie, claro. Porque todo documental es tendencioso y conozco documentalistas que llevan con el mismo metraje 40 años, nada menos. Pero es que pasa que Gil inauguró una forma de televisión, un antihéroe -Torrente-, una justiciera rubia que luego fue menos -Isabel García Marcos- y otros hits de su legado a la política con los guiris y los moritos ricos que se quitaban la chilaba y bebían Macallan.

Yo veré la serie de Jesús Gil en HBO, por ver quién interpreta -es un documental, nótese la ironía- a Nacho Trillo en sus broncas con el alcalde de Marbella. Y lo veré porque yo, niño precoz de la radio, hice un especial sobre Gil cuando murió con dos nostálgicos, un artillero y un reventas del Calderón. También recuerdo la guardia de honor de la policía de Marbella en la capilla ardiente del Calderón, quizá para cobrar horas extras y pillar permisos.

Jesús Gil, a años de su muerte, tiene que someterse al análisis de la prosa y del HBO y hasta de los críticos de las series que son jóvenes, guapos, plurales y heterodoxos. Había en España una necesidad de poner a Gil en negro sobre blanco -o en rojo sobre blanco- para darnos los españoles, en las carnes abulenses de Gil, un espejo y una metáfora de qué somos y de qué seremos.

España hoy se conforma con sucedáneos de Gil, como Revilla, pero no es eso, NO ES ESO. Gil murió pronto y yo lo quisiera ver en Supervivientes y hecho un galán, recordando a Caneda y esa cumbre del boxeo amateur.

Mi amigo Agustín, del Finisterre, guarda un asiento del Vicente Calderón. Yo quisiera un papel timbrado del Ayuntamiento de Marbella. Gil fue historia reciente, y lo vemos y nos recordamos. Y no hace mucho. Y no muy lejos.