Xavi

Casademont detesta estar en el foco, pero su contribución a la natación malagueña es impagable

Antonio Ortín
ANTONIO ORTÍNMálaga

En medio de este panorama desolador, con tanto mediocre con ínfulas y escaño, resulta refrescante y conciliador encontrarte en las páginas del periódico a ese tipo de personas discretas, alérgicas al postureo, que contribuyen desde su silencioso y abnegado trabajo diario a que la ciudad que habitas avance en cualquiera de sus facetas. Lo conozco lo suficiente como para saber que a estas alturas, cuando haya leído estas líneas, habrá tenido un afectuoso recuerdo para mis antepasados. Porque si hay alguien que deteste estar en el centro del foco es Xavier Casademont, aunque no merece menos que este modesto espacio a dos columnas. Y es que el técnico catalán, afincado en Málaga desde hace más de treinta años, ha sido elegido mejor entrenador de natación del año, un reconocimiento que tiene un altísimo valor, entre otras cosas porque viene dado por los propios compañeros.

La historia de Xavi y Málaga se remonta a principios de los ochenta, cuando llega aquí para desarrollar su carrera de nadador procedente de la Blume de Barcelona. Alguna vez le he escuchado contar que sólo pudo pensar «pero dónde me han traído» cuando en el trayecto del taxi del aeropuerto a su nueva residencia atravesó el gris pasillo de hormigón y ladrillo que entonces era Carretera de Cádiz. Lo que no podía imaginar nadie, probablemente él tampoco, es que acabaría echando raíces. Y que sería aquí donde, a fuerza de método, rigor, disciplina y constancia hizo de la natación su mundo y a Málaga uno de los referentes de este deporte.

Porque hoy todo es biomecánica y tecnología, pero a finales del siglo pasado los medios eran poco más que el cloro y muchos metros de agua. Convertido ya en entrenador del Cerrado de Calderón, desde allí fraguó a varias generaciones de nadadores, los 'chicos y chicas de Xavi': desde los Budría hasta los Puche, las Alarcón, Ruiz del Portal, Sánchez Marrero y una larga nómina que las paredes de aquel colegio vieron crecer con un concepto que no tardó mucho en dar sus frutos. De allí salieron de hecho la mayor parte de los nadadores olímpicos malagueños: María Peláez, Guillermo Mediano, Carmen Collado, Melquiades Álvarez... y por allí pasaron Belén Domenech, Christian Jongeneel o Verónica Rodríguez. Miembro del cuerpo técnico en los Juegos de Pekín 2008, hace ya varios años que dirige desde Málaga el cuartel general de la natación andaluza, desde donde fue artífice de la resurrección de Duane Rocha, y donde ahora prepara y custodia a la esperanza de la natación española: la junior Alba Vázquez.

Enemigo del cortoplacismo, aquel chico de Gerona que se asustó con la fachada decadente que Málaga ofrecía hace treinta años ha creado escuela. Sus nadadores lo saben. Y la ciudad que él también hizo mejor debería saberlo.