Terrorismo e Islam

Son intolerables las respuestas netamente miserables como la de Revilla, juntando fotos de las Azores con la de los muertos de Londres o Manchester para ganar cuota de pantalla o derribar a los rivales

JOAQUÍN RAMÍREZ

Lo políticamente correcto es la denominación de una forma de lenguaje y exposición que se caracteriza por aplicar las palabras con cuidado y respeto, ateniéndose a un código legalista, democrático, ético y tolerante, expresamente excluyente de las opiniones subjetivas que contienen dosis o indicios de miseria y debilidades.

Bajo la apariencia de manifestaciones de lo políticamente correcto también se dan declaraciones y expresiones que no lo son, pues disimuladamente están inspiradas por sectarismo, acusaciones verosímiles pero falsas u otros matices que suponen desprecio o irrespeto por individuos o grupos. Tampoco forman parte de lo políticamente correcto las expresiones omisivas de nombres o adjetivos para poder hacer guiños a quienes, aún mostrando simpatías por los que agreden o perseveran en la infracción legal, ética o moral, tienen un cierto peso y que conviene agradar; aunque ello lleve a mutilar la correcta descripción de unos hechos. Este último caso recibe en nuestros días el apelativo de buenismo y siempre se encuentra inspirado por algún tipo de conveniencia para el ponente, ello explica su empeño, prurito o contumacia.

Ante los atentados de Londres, ante el asesinato a puñaladas de ocho personas y un número importante de heridos (entre los criminalmente fallecidos, Ignacio Echeverría, héroe español que murió por salir en defensa de una señora británica a la que estaban acuchillando tres asesinos terroristas) algunos medios de comunicación han tenido buen cuidado en no decir en ningún momento que los desalmados criminales eran musulmanes y su acción está reivindicada como ‘islamista’.

En la vieja Europa no queremos –ni lo hacemos– acusar al mundo islámico, a los musulmanes, de violencia o terrorismo. Pero el grupo terrorista que desgraciadamente hoy asesina por doquier en el mundo se llama Estado Islámico y sus patéticos y canallas asesinos dicen matar en nombre de Alá. No confundimos a musulmanes con criminales sangrientos, pero llamamos terroristas islámicos a los que dicen serlo y lo son. De hecho, muchos líderes mundiales de gran influencia se esfuerzan constantemente por enviarnos un mensaje que deje a salvo a millones de musulmanes que lo son y ni quieren, ni predican, ni tienen, el más mínimo planteamiento de violencia contra nada ni contra nadie. (Es inmensamente más respetable y constructivo el posicionamiento de Obama y su descripción habitual de los hechos que el de su sucesor, Trump, ante los mismos).

Pero el asunto está en que tenemos que exigir a nuestros vecinos, amigos o incluso compatriotas, musulmanes, que se expresen, que se pronuncien y que sean activos defensores de la no violencia, que rechacen con nosotros a los terroristas y criminales. No se pueden tolerar actuaciones como la de la selección nacional de fútbol de Arabia Saudita ante el minuto de silencio en memoria de las víctimas de Londres, que guardó respetuosamente la selección australiana –dos ciudadanas australianas asesinadas–. Ni siquiera pueden decir que es una expresión de respeto y luto que no pertenece a su cultura, porque lo han hecho en otras ocasiones. No se puede permitir por más tiempo que haya una franja de musulmanes que celebra los atentados, aunque no suelan participar en ellos, tampoco a aquellos que se caracterizan por acogerlos con una cierta simpatía, ni a los que no les afecta porque el asunto no va con ellos. Es tiempo de llamar a todo por su nombre y de exigirnos la responsabilidad, la unidad y la respuesta que merecen los asesinos. Tenemos que defendernos y no caben dudas ni complejos.

La continua alusión a explorar el origen de estos criminales ataques en la culpa de Occidente’, por parte de aquellos que traen a colación las víctimas de la violencia de género o a los fallecidos en accidente de tráfico, para minimizar el dolor que produce la acción terrorista o que llaman presos políticos a los etarras y que siempre obvian a las víctimas, es insufrible y moralmente rechazable. Y no digamos respuestas netamente miserables como la de Revilla –presidente de Cantabria–, que juntó la famosa foto de las Azores con los asesinatos de Londres o Manchester. Cada cual con su opinión, pero nunca cabe justificar la muerte terrorista, ni utilizarla de forma oportunista para ganar cuota de pantalla o derribar a los rivales. En nuestro país tenemos un índice más que notable de tolerancia, pero no todo es tolerable. Estamos juntos para luchar con el Terrorismo Islámico, como de cualquier otro, y ningún petimetre, cretino o falso profeta, conseguirá debilitar nuestro propósito ni crearnos el más mínimo sentido de culpabilidad por pertenecer a la cultura y tradición cristiana y haber decidido no poner más muertos y defendernos.