Tener hijos (o no)

Elena de Miguel
ELENA DE MIGUELMálaga

Una de cada cuatro mujeres nacidas en la segunda mitad de los 70 en España no tendrá hijos. El informe de una universidad catalana no es actual; tiene un par de años, pero pasó entonces sin pena ni gloria pese al tremendo escenario que dibuja. La generación más infecunda en 130 años lo será por varios motivos: un 2% se deberá a infertilidad; un 5%, a una decisión meditada; el resto, ahí está el problema, a las condiciones económicas, de pareja o al retraso de la primera maternidad. Hablar de reproducción o de natalidad es peliagudo e incómodo; pertenece a la esfera privada, al allá cada cual; al de eso no se habla ni se pregunta, salvo el clásico pariente bocazas en la boda-bautizo-comunión de rigor. Incluso, desde la perspectiva ideológica, resulta fácil vincular la natalidad con el conservadurismo de hace décadas, cuando la mujer tenía el papel definido y limitado de parir y criar. Pero nos parezca o no apropiado para los tiempos que corren, el progreso y el futuro sólo vendrán de la mano de nuevas generaciones, si es que, claro está, llegan a existir en número suficiente. El porqué no nacen más niños aunque queramos hay que buscarlo en un conjunto de variables exógenas que provocan que tantas mujeres o parejas retrasen o desechen tener hijos.

Nos bombardean a mensajes facilones, tan de anuncio de crema antiedad: los 40 son aquellos 20; los 50 de ahora son los 30... Eslóganes atractivos que nos tocan lo vital y que todos compramos porque son complacientes. Jóvenes y bellos por fuera, casi inmortales, con la vida por delante para cualquier decisión postergada y, cómo no, para tener hijos. «Yo he congelado mis óvulos, ¿y tú?», te sonríe una presentadora rondando los cuarenta desde una valla publicitaria. El mercado tiene la solución: donde hay necesidad hay negocio. Aún queda tiempo, todo el tiempo, aunque la realidad biológica sea tozuda y diga que la mejor edad para procrear es la veintena. ¿Pero quién es madre con 25? Y, sobre todo, ¿quién puede mantener a un hijo con esa edad, con qué trabajo, con qué sueldo, con qué estabilidad, con qué conciliación? En muchos casos, ni diez años después.

Cada vez dilatamos más la decisión; en ocasiones, hasta que ya no hay tiempo, o hay para el primero, pero no para el segundo, aunque se quiera. La tasa de natalidad en España es la más baja de la UE -1,31 hijos por mujer- y, de momento, parece que no nos preocupa demasiado. Ahí esta el barómetro del CIS con nuestro top-ten de quebraderos de cabeza. Ninguno es la natalidad. Está la sanidad, la calidad del empleo, los problemas económicos o las pensiones. Todos en el origen de la falta de nacimientos, o en riesgo por la escasez de ellos.

Pasan los gobiernos sin medidas para abordar una pirámide de población que ya ha perdido la forma y un Estado del Bienestar que se adivina inviable. Dicen los que saben que, de tomarse medidas justo ahora, no se notarían hasta dentro de 50 años. Vamos tarde.

 

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