Solución en patinete

El problema de los patinetes consistía en la ausencia de unas reglas de convivencia

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

El futuro no era esto pero está en camino. Málaga crecía y los planes urbanísticos trataban de prever el caos venidero para domarlo y de repente se llena todo de patinetes, la solución. Sí, ese tipo que cuando salimos de nuestro edificio casi nos quita las gafas va subido en la solución. Los problemas de tráfico, de contaminación y de unos atropellos que han sido sustituidos por otros, vale, pero menos mortales y de más fácil disminución. No es lo mismo que te atropelle un coche a 70 km/h que un patinete a 30, aunque fastidiar fastidia. El problema pasaba por ordenar la plaga, decir bueno pero con condiciones. La primera es que la gente pueda salir de su casa sin riesgo de ser despeinada por una joven que va de A a B y lo que haya en medio le da igual y no entiende de distancias de seguridad. El cerebro de mucha gente no funciona como una computadora que prevé situaciones posibles, las analiza y trata de paliar las negativas evitándolas. La gente va de A a B y consultando el móvil de camino. No toda la gente, pero bueno. Lo que hacía falta es ordenar esto, Paco. La DGT está en ello pero había que adelantarles -por la izquierda, que es por donde se adelanta a la DGT- y poner cierto orden hasta que llegue el orden eterno, el paraíso en la Tierra y Malaka nos parezca una serie de ciencia ficción.

En este valle de lágrimas todavía hay personas que no ven, personas que ven poco, personas que necesitan una silla de ruedas o que empujan un carrito con los trillizos y en una acera mínima se topan con el patinete. La solución a la solución no era la del señor de mi barrio que los tira al contenedor sino la ordenanza. Como gritaban en una manifestación a la que mi padre me llevó de chico: los de la acera a la carretera. Ahora pasarán de atropelladores a atropellados, y tampoco es eso. Carril bici, velocidad limitada, y vigilancia de papá y mamá policías para que seamos buenos y hagamos caso. No podrán dejarse en cualquier lado, perfecto. Eso sí: habrá que facilitarles más zonas de aparcamiento. La gente va a llegar muy pronto a todas partes y no va a tener que dar mil vueltas para buscar aparcamiento. O sea: irse al otro barrio con deseos de volver no será una odisea al uso, Ulises. Menos ruido, menos CO2, menos atascos y no habrá que salir del portal con la bolsa de basura extendida por si te atropellan al menos que se la coman. Normas claras, educación y multas al que no ame al prójimo como a sí mismo. Dicen que algunas empresas se irán porque no pueden adaptarse. Está bien, no todo vale. Que se quede quien pueda, y quiera, aceptar las normas de convivencia. Ya aparecerán los drones y habrá que evitar que se nos cuelen por la ventana del dormitorio. De momento tenemos los patinetes, ordenaditos.