El 'síndrome Camas'

Los fondos europeos finalmente se perdieron, de modo que la factura nos salió por un millón de la bolsa común

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

La lección no lejana de cómo no ejecutar ciertos proyectos municipales quedó escrita en la plaza de Camas sin necesidad de placa alguna que hoy sería de lectura conveniente. La falta de consenso vecinal del proyecto hizo perder en su día más de 600.000 euros de fondos europeos para la remodelación de una plaza que, como la de la Marina, es en realidad la cirugía al filo de lo imposible en el techo de un parking municipal. El proyecto para la peatonalización de Carretería seduce ahora con su realidad virtual, una tribuna de los pobres casi rampa de despegue para ricos y el coqueto jardín vertical. La postal puede ganarnos para la causa peatonal en un primer golpe de vista, pero nuestros ojos no son los de los vecinos que ven más allá del presente digital. El primer proyecto salido de la Gerencia de Urbanismo que se llevó a cabo para Camas dejó incomprensiblemente un solar desnudo e inhóspito en la ciudad de los 300 días sin nubes. Al final, hubo que rehacer aquel resultado nefasto una segunda y hasta una tercera vez con megamaceteros y otros elementos, como pérgolas y un miniparque de juegos para lograr al fin un mínimo amigable en aquel espacio tan limitado, pero con algunas posibilidades más allá de la línea recta de lo fácil. Los fondos europeos finalmente se perdieron, de modo que la cosa nos salió por un millón de euros de la bolsa común.

El 'síndrome Camas' ha debido calar por fin en los responsables municipales ante el riesgo de otro fiasco desde Bruselas y el efecto añadido de la cercanía electoral. Si para los baches inmemoriales de cualquier calle rige el principio de que su arreglo está tan próximo como cercanas anden las urnas municipales, para proyectos de mucho más calado en la vida diaria de los vecinos también parece que nada como el tiempo precampaña para alejar la tentación de los despropósitos y que el afán de consenso se transforme en semillero de promesas firmes por la cuenta que les trae a nuestros candidatos. El proyecto de Carretería prevé un carril central para tráfico mínimo -residentes, reparto y emergencias- de unos tres metros, de forma que el resto era carne de cañón hostelero.

Nada como el cabreo vecinal preventivo ante el temor de que el nuevo espacio ciudadano tengamos que disputarlo ellos y nosotros como partisanos contra la trinchera de terrazas, mesas, veladores, toldos y estufas. El último compromiso del equipo de gobierno municipal es que habrá un tope de terrazas en la nueva calle ganada al tráfico y un carril central más ancho por exigencias del guión cofrade, pero sin sacrificar el espacio para andar el resto del año. Larios fue una decisión desde arriba con un éxito apoteósico a la que no le hizo falta siquiera la cinta inaugural, pero después de la plaza de Camas y de su costosa lección se agotó el cupo de arriesgar con nuevos despotismos municipales. A los vecinos y a las cofradías, que en una semana van a desterrazar 17 calles, no les queda otra que vacunarse contra el virus de la tabernización.