Hasta siempre, director

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Era un hombre pegado al terreno, al terruño de lo auténtico, de lo esencial. Recio en sus valores como un olivo centenario de Mondrón, pétreo en sus principios. Así fue José Antonio Frías como persona, como periodista y como compañero. Nos ha dejado a todos con un vacío de tristeza y rabia que tendremos que llenar con los recuerdos de un hombre bueno y muy querido por cuantos le conocimos. En la redacción de SUR y en todos los periódicos de Vocento siempre tendremos en nuestra memoria a Frías, un símbolo de lo auténtico, en la profesión y en la amistad.

Su labor al frente de SUR durante 17 años fue determinante para el crecimiento y desarrollo de Málaga, sobre todo porque convirtió el periódico en un ariete indestructible siempre en defensa de los intereses de Málaga. Aún recuerdo su empeño en defender la llegada del AVE a Málaga, en cada titular, en cada portada, en cada información. Y así en muchos proyectos de la provincia. Fue honesto con el periodismo y con Málaga, desde que entró en la redacción para sus primeras prácticas hasta que se fue como director, con la misma dignidad, la misma entereza. Disfrutó mucho en SUR, pero también sufrió mucho. Vivió los momentos más dulces del periodismo, y también los más amargos. Porque no hay peor trago para un director que sufrir la pérdida de un periodista en la misma redacción, desplomado como le ocurrió al malogrado Manolo Becerra. Frías fue un gran director, porque la grandeza se mide por el cariño y admiración de la redacción. Y puedo asegurar que la redacción de SUR ha querido y quiere mucho, muchísimo, a Frías.

Tengo innumerables recuerdos de Frías, porque fue mi director. Y lo seguirá siendo. Como lo fue también Joaquín Marín. Me viene a la memoria su apego a los diccionarios, al sentido estricto de las palabras, a los titulares fetiches, a sus bolígrafos mascados, a su deje inconfundible y a ese apodo de 'Viejo' que utilizaban sus compañeros camaradas de este oficio tan bonito como ingrato. Y siempre junto a Elena, inconmensurable ella, y siempre los dos junto a Álvaro y Alejandro.

Un día, cuando el maestro Manuel Alcántara se recuperaba de una caída en el hospital, Frías apareció en la habitación con una orquídea y la puso en la ventana para que el maestro pudiera contemplarla durante su convalecencia. Y eso lo recuerda don Manuel con un especial cariño. Así era Frías, a la vez robusto como un olivo y delicado con cosas tan importantes en la vida como la amistad o la familia. Hasta siempre director. Descanse en paz.

 

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