Pasado y presente

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

La pirueta ideológica que mira al futuro en forma de comisión de la verdad sobre la guerra y el franquismo resulta un delirio tan excesivo como nombrar un tribunal de tesis para que sus miembros se examinen sólo a si mismos sin posibilidad de que el resto revisemos los resultados. El juicio a lo que hicieron los abuelos se presta casi a tantas tesis doctorales como versiones de nietos, de manera que instruir el sumario de la única gran guerra civil moderna en Europa, Balcanes aparte, difícilmente arrojaría luz desconocida e inéditos culpables. Demasiado compadreo y colesterol doctrinal como para que todo eso pase a la historia. Es como imaginar que las veinte mil tesis que cada año se publican en las universidades españolas nos hacen veinte mil veces mejores, más avanzados e incluso nos acarrean mejores políticos. A la vista de los nuevos yacimientos de falsedad docente, la primera tesis es que la picaresca crece como un sólido baluarte de la I+D más racial, una marca España con su corte de Monipodio y sus covachuelas dedicadas a acelerar la velocidad biográfica de algunos, una tarea de chapa y pintura para dar lustre académico, sin que conductor ni coche tengan que aparecer por el taller. Hay tesis cum laude y tesis cum fraude, e incluso con ambos ingredientes a la vez. Creíamos que el revisionismo tenía que ver sólo con los cuarenta años de poder absoluto en el franquismo, con los miles de muertos sin enterrar y los otros miles enterrados de la peor manera, al lado de la momia del victimario, pero la actualidad manda, y aunque no harán historia, algunos de sus protagonistas saben que un título universitario mal dado puede ser pedrada certera en un líder que se creía Goliat. El examen ahora es el del pasado reciente y no ha hecho más que empezar. PP y C's han decidido no presentarse al primer ejercicio del decreto ley para remover la tumba de Franco porque zarandear el presente es siempre más fácil que empezar a dejar bien atado el pasado. No hay que distraerse en pleno aquelarre de la pureza académica donde Rivera ha tenido la habilidad de quedar por encima de la melé. La hoguera de las vanidades curriculares se la trae al pairo pero está lo suficientemente enlodada como para una posible resurrección demoscópica. El país entero se ha echado al monte en busca sólo de los másteres y tesis, ese pasado reciente en el que hay munición para dar y tomar en todos los partidos. No ha hecho falta BOE de por medio sino mucho ruido en el Congreso para que Rivera azuze a los periodistas hacia la biblioteca de la Universidad mientras la de Casado sigue oculta como el santo grial. Las colas para escudriñar parrafadas en la tesis presidencial superan a la del valle de los Caídos y es que la titulitis bajo sospecha tiene un gran poder purificador. La caza del corta y pega en el coto universitario nos está haciendo afortunadamente muy alemanes, pero ya va siendo hora de que la FP empiece a pintar como allí.

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