UN PACTO POR MÁLAGA

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

A ver si ya, de una vez por todas, los partidos políticos se centran. Después de meses de campañas electorales, elecciones, pactos y gobiernos ya es hora de empezar a pasar de la ficción a la realidad. Hoy por hoy, lo único que hay son expectativas, aspiraciones y deseos; no hay ni un solo nuevo proyecto que esté en marcha o en vías de ejecución. En todo caso, en vía muerta.

La integración del cauce del Guadalmedina a la ciudad, el desarrollo del metro de Málaga al Hospital Civil o al PTA, el tercer hospital, la actuación en el solar del Astoria, la mejora de los paseos marítimos de Pedregalejo y El Palo, el auditorio, la regeneración de los Baños del Carmen, la ampliación del Palacio de Ferias y Congresos, el tren del litoral hasta Marbella, la culminación del vergonzante saneamiento integral de la provincia, el acceso Norte al aeropuerto de Málaga, la ciudad aeroportuaria en Alhaurín de la Torre, el puerto seco de Antequera, la conexión ferroviaria desde el puerto de Algeciras y su conexión con Antequera, Madrid y el corredor ferroviario son algunos ejemplos. Y así podríamos ir desgranando un sinfín de proyectos e ideas que de forma recurrente revolotean sobre nuestras cabezas y, especialmente, en periodos electorales. Y después de las municipales se unieron a esta eterna lista el soterramiento del Paseo de los Curas y del Paseo del Parque, así como el intercambiador en la Plaza de la Marina.

Y luego, nada de nada. El cambio del color del Gobierno de la Junta de Andalucía, con la entrada del Partido Popular y de Ciudadanos, ha generado cierta percepción de cambio, pero aún deben transitar del dicho al hecho. La realidad es llevamos ya algunos años mareando la perdiz sin que se concreten nuevas iniciativas. De hecho, el pasado mandato de De la Torre pasó en blanco, sin ninguna actuación de todas las que se prometieron lustro tras lustro.

No cabe duda de que Málaga necesita un plan, pero sobre todo necesita un pacto por Málaga, capaz de aunar especialmente a todas las administraciones públicas y a sus representantes políticos, respaldados por una sociedad civil que deje de estar bajo el cómodo cobijo del paraguas público y salga a mojarse de verdad. Mientras no ocurra, toda la provincia de Málaga estará a merced de las mareas políticas, en una calma chicha que frene su desarrollo. El mayor peligro hoy es la percepción de que en Málaga está todo hecho, que ya ha recibido demasiadas inversiones y que se debe dar por satisfecha. A Málaga le queda aún demasiado camino por recorrer y es el momento, una vez culminado este interminable periplo de elecciones, de cumplir los objetivos. Veremos.