Hay un niño en un pozo

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

Hay un niño de dos años y medio en el fondo de un pozo. La vida en Málaga sigue. Continúan asaltándose farmacias y un coche y una furgoneta chocan de frente porque uno de los dos ha invadido el carril que no le correspondía. Un yihadista graba un vídeo como paso previo a la inmolación y el Ayuntamiento decide instalar aseos en el centro. Un malagueño es investido presidente de la Junta de Andalucía y más al norte un hombre que mató a su mujer mata a su nueva mujer que era la mujer que le defendió en el juicio por haber matado a su primera mujer. El riesgo nos asola como siempre pero no se nos olvida que en el mismo suelo que pisamos se abre un pozo y en el fondo del pozo hay un niño de dos años y medio. Mi claustrofobia es cilíndrica y desde el domingo pasado veo a un niño caer por un pozo del mínimo diámetro. Vivimos la tragedia en directo y nos asomamos al periódico deseando que hubiese una cámara de aire y que taciturnos mineros asturianos aparezcan en el periódico con el niño en brazos, aturdido para que el aturdimiento no le haya hecho tomar conciencia de su situación. Seis días son muchos días y las tragedias son muchas pero ésta la hemos hecho nuestra. El pozo de 107 metros de longitud y 25 centímetros de diámetro es uno de los ejes sobre los que gira el mundo estos días, a una velocidad más lenta de lo habitual y más dolorosa.

Una señora de 79 años veía una película la tarde del 1 de enero en Málaga y una bala disparada a dos kilómetros de allí entró por su ventana. Habitamos una ciudad en la que se disparan armas de fuego. Un matrimonio de La Cala del Moral, el núcleo urbano más cercano a Totalán, viajaba en coche cerca de Valencia hace dos semanas y la rueda desprendida de un camión que no podían ver les golpeó de lleno. Heridos gravísimos los dos y las dos hijas, en el asiento de atrás, resultaron ilesas. El hombre que ha matado a dos mujeres en Zaragoza se ha suicidado en Teruel saltando de un viaducto y la policía acaba de impedir que otro hombre salte desde el Tajo de Ronda. Una persona muere a destiempo y crea una red de dolor. Alguien sale de su casa y una llamada nos informa de que no volverá nunca más y para algunos será el fin del mundo aunque en la misma ciudad sigan atracándose farmacias. El mundo es más doloroso y también reímos. Pero de repente recordamos el inicio trágico de un cuento clásico o de un poema de García Lorca. Hay un niño de dos años y medio en el fondo de un pozo. Los ingenieros y los mineros y los geolocalizadores y los camiones de gran tonelaje y la subdelegada del Gobierno y los periodistas tratan de aliviar nuestra impotencia. El mundo es el mismo de siempre, pero hay un niño de dos años y medio en el fondo de un pozo.