La naturaleza es sabia

La naturaleza tiene un papel decisivo en nuestras vidas y nuestras muertes

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

Algunos días se aprende algo nuevo. Hoy he leído en el periódico que hay ocho millones de especies en nuestro planeta, y que cinco millones y medio de ellas son insectos, muchos de los cuales se reunieron anoche en mi dormitorio. Por las mañanas salgo de cacería pero no soy un buen cazador pues no me fotografío con mis presas muertas. La clave de la cacería está en el tamaño: ¿cómo va a ser igual disparar a un ciervo que chocarle esas cinco a un mosquito? Ahora ha surgido un nuevo movimiento viral que consiste en fotografiarse en plena naturaleza antes y después de haberla limpiado. Gente que podría estar de botellón o de botellazos (en un bar de La Luz han detenido a dos hombres por romperse botellas en la cabeza contraria), o criticando en las redes sociales, y se dedica a pasar el día de campo no para extraviarse en el río Chíllar sino para recoger porquería. Ya se hacía en el mar («esa otra muerte», según Borges). Buceadores voluntarios (ya no se dice hombres rana) recogían basura del fondo marino más cercano. Aparecían zapatos, alguna bicicleta, una lavadora y unas cuantas urnas funerarias. Pensar en el mar como refugio de nuestros seres queridos es bonito. Eso y que no siempre se sabe dónde poner la urna, ¿en el salón junto a la tele? Ahora han prohibido echarlas al mar («que es el morir», según Jorge Manrique). Para papá (ya estamos con la música) y para mamá deseamos lo mejor, casi siempre.

Han detenido en Málaga a un menor por agredir a su madre cuando fue a despertarlo. La verdad es que algunas veces nos despiertan cuando estamos en lo mejor del sueño y da rabia. La solución no es agredir, por supuesto; suele bastar con el clásico «cinco minutos, mami». Para compensar han detenido a un hombre borracho y cargado de drogas tras coger el coche de su hijo y tener un accidente. De los ocho millones de especies, uno está en peligro de extinción. Lo que me extraña es que nuestra especie no se encuentre entre ellas. Sí está en la lista el sapo espuela. Quedan dos o tres y los han visto en el Parque del Campamento Benítez, vaya puntería. Ahora que ya habían quitado los neumáticos. Deberían poner una terraza para poder jugar con las palabras: ¿un vinito en el bonito Benítez? Pero a este paso no habrá parque. Ya desestimaron la laguna por si atraía aves que entorpecieran el aterrizaje y despegue de aviones. Las obras en Arraijanal, el ex penúltimo terreno virgen de Málaga, las paró una libélula protegida. Arraijanal y el Campamento Benítez están al lado, alguien debería pedir a los sapos que se fuesen con las libélulas. Zape, sapo. Pero los animales no entienden. Si a un animal tratan de despertarlo, aunque sea su madre, que normalmente no hay más que una aunque no siempre, agreden. Imagínate cómo se habrá puesto al que le ha cogido su coche el padre. Estamos para extinguirnos. En cien años, todos extinguidos.