Día Mundial de la Libertad de Prensa ¿de qué?

Lo que llamamos «lo políticamente correcto» es una de las ataduras más finas para no ser libres a la hora de opinar o de informar

Día Mundial de la Libertad de Prensa ¿de qué?
RAFAEL SALAS GALLEGOPresidente de la Asociación de la Prensa y del Colegio de Periodistas en Málaga

Hoy conmemora la comunidad internacional una quimera. Hoy, 3 de mayo, no debería ser un día para celebrar nada que tenga que ver con la libertad de prensa o la libertad de expresión, porque no hay nada que celebrar. Cuando, como dice el periodista David Jiménez», el poder ha dejado de temer a la prensa y ahora es la prensa la que teme al poder» o cuando España y los países de su entorno van bajando puestos, de dos en dos, cada año en el 'ranking' mundial que mide los niveles de libertad de expresión y de prensa, no deberíamos conmemorar nada. Acaso hoy debería ser un día exclusivamente para denunciar que la prensa en nuestro mundo democrático es cada día menos libre, más controlada por los diferentes poderes que realmente mandan donde los periodistas son las víctimas propiciatorias de un sistema que ha llegado a tocar mínimos históricos desde que se instauró la democracia en este país.

Porque cuando las grandes empresas utilizan su publicidad y su dinero para presionar a medios y periodistas y el poder político y administrativo utiliza la publicidad institucional para presionar a empresas periodísticas que a su vez repercuten la presión en el reportero, no le podemos venir a contar a la ciudadanía milongas sobre la libertad de prensa. Los que ejercimos el periodismo con el franquismo sabemos que aquello era una dictadura y sabíamos a qué atenernos: esto no se publica y esto sí, porque de lo contrario nos cerraban el periódico o nos metían en la cárcel. Pero ahora, con niveles supuestos de libertad en todos los sentidos que no tienen nada que ver con entonces, el axioma sigue siendo el mismo: esto se puede publicar y esto no, porque de lo contrario nos van a hundir el periódico y tú te vas a ir a la calle. Analogías de ayer y ahora. Lo terrible es que las amenazas de ahora son más sutiles, menos visibles, menos gruesas y se pueden enmascarar y disfrazar mejor.

En Estados Unidos un juez ha mandado a la cárcel a un periodista por negarse a testificar en el caso wikileaks, al que le exigía la revelación del secreto profesional. En Australia la fiscalía amenaza con penas de prisión a un centenar de medios si informan de las tropelías pederastas del Cardenal Pell. En Rusia el Parlamento aprueba el castigo penal a los periodistas que falten al respeto al Estado ¿..? Y después de ejemplos como estos, Reporteros Sin Fronteras en su informe anual del año pasado alerta sobre la expansión generalizada del odio al periodista, como si los periodistas decidieran los contenidos y las agendas de los medios.

Lo que llamamos «lo políticamente correcto» es una de las ataduras más finas para no ser libres a la hora de opinar o de informar, so pena de verte fuera del establishment , lo que es lo mismo que quedar fuera de los círculos de poder , de los grupos de influencia y para los periodistas del mercado laboral. Atreverse hoy –como en cualquier momento histórico– a ir contra esos poderes tiene un coste altísimo en el puesto de trabajo para el profesional, en el ámbito financiero para la empresa periodística o en cuotas insoportables de silencio olvido y desafección para cualquier ciudadano que a se atreva a discrepar del «pensamiento único».

La aventura de la discrepancia tiene efectos colaterales insoportables para quien quiere ser escuchado. Ese aislamiento empuja a utilizar nuevos medios minoritarios y marginales que no llegan al gran público pero que atomizan aún más el mercado de la información.

En estos momentos, cuando apenas hemos consumido cuatro meses del año 2019, ya van seis periodistas asesinados en el mundo y más de 350 encarcelados y en 2018 fueron 80 los asesinados. El periodismo es la profesión con más asesinatos y la más peligrosa del mundo. Le siguen los abogados con 31 el año pasado. A los periodistas los matan los yihadistas, las dictaduras de derechas y de izquierdas, los paramilitares de todos los bandos, las mafias económicas, el mundo de la corrupción. Y en las democracias occidentales hay muchos menos asesinatos pero hay una ingente cantidad invisible de periodistas borrados del mapa que fueron al paro y al olvido por atreverse, por un momento, a intentar informar libremente y otros porque su empresa gestionó mal y luego les hizo a ellos pagar los platos rotos. A ellos, y especialmente a los periodistas recientemente despedidos en un periódico local, quiero hoy rendirles mi homenaje y solidaridad particular.

Moralmente no tenemos hoy derecho a celebrar ni a conmemorar nada. El periodismo, dicen, es una de las profesiones más bonitas del mundo y lo es. No quepa la menor duda, si no sería imposible la legión anónima de periodistas que cumplen sagradamente su trabajo por encima de todas las presiones, que intentan sortear con la inteligencia, el tesón y la profesionalidad los límites que ciertos entornos le ponen. A veces lo consiguen y a veces no. Pero por ellos y por los medios que también sufren las presiones, las persecuciones, y que hacen encajes de bolillos para sobrevivir y dar ejemplo de que esta libertad es posible o al menos un alto nivel de ella, va también nuestro homenaje y nuestro respeto. Hoy debería ser su día internacional.

Siempre he dicho y hoy he de decirlo de nuevo, alto y claro, que la Libertad de Prensa no es solo cuestión de los periodistas sino también de los ciudadanos, porque cuando falta, la primera víctima es la ciudadanía en toda su amplitud. Un pueblo bien informado es un pueblo libre, pero un pueblo manipulado y mal informado es un pueblo esclavo.