Mentir con arte

José Andrés Torres Mora
JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Se atribuye a Jonathan Swift, el autor de 'Los viajes de Gulliver', el opúsculo 'El arte de la mentira política', que seguramente, y en coherencia con su título y contenido, es casi seguro obra de John Arbuthnot, un íntimo amigo de Swift, ingenioso escritor y buen tipo en general. Se trata de un texto escrito a comienzos del siglo XVIII, bastante breve aunque muy enjundioso, en el que se dan algunos consejos para mentir políticamente de manera eficaz.

Es verdad que algunas de las lecciones del libro podían servir para el siglo XVIII, pero sin duda han quedado algo desfasadas en la actualidad, como, por ejemplo, la recomendación de no exagerar a la hora de mentir. El 'Brexit' fue un excelente ejemplo de hasta qué punto las mentiras sobre el coste de la pertenencia a la Unión Europea podían ser exageradas sin perder eficacia, una exageración en la que los secesionistas de Puigdemont no les van a la zaga a los populistas de Boris Johnson.

Visto desde la perspectiva del siglo XXI, enseguida se toma conciencia de lo mucho que la humanidad ha avanzado en esta materia a lo largo de los trescientos años transcurridos desde la publicación del libro. El pasado mes de enero, el servicio de verificación del 'Washington Post' publicaba que el señor Trump había hecho 7.645 «afirmaciones falsas o engañosas» desde que asumió la presidencia de los Estados Unidos. God bless America.

No obstante, es justo reconocer que aquellos escritores satíricos irlandeses y escoceses ya establecieron, de manera eficaz y rigurosa, sólidas bases para el desarrollo del arte de mentir políticamente. Por ejemplo, nuestro autor hace una clasificación de las mentiras en tres tipos que resulta tremendamente práctica y actual: la mentira calumniosa, la mentira por aumento y la mentira por traslación. De los tres tipos de mentira me detendré en la mentira por traslación. No es que las otras dos no sean dignas de atención, pues la merecen tanto por su eficacia como por su volumen, pero la tercera requiere una mayor sofisticación y solo por eso resulta más interesante.

La mentira por traslación consiste en atribuirle el mérito de una persona a otra. Que es, por ejemplo, lo que hizo el señor Casado, el candidato del PP, al afirmar en un mitin de campaña que «fue Aznar quien paró el plan Ibarretxe», cuando lo cierto es que quien paró el plan Ibarretxe fue el presidente Rodríguez Zapatero, y lo hizo sin ningún tipo de alharacas, de una forma exquisitamente democrática y personalmente respetuosa con el lehendakari. Lo que sí hizo el presidente Aznar, y después el presidente Rajoy, fue atizar el problema territorial como estrategia electoral para beneficiar a su partido, hasta que esa estrategia se les fue de las manos. Para que la mentira por traslación funcione es necesario, dice John Arbuthnot, que la persona a la que se atribuye la acción meritoria posea, en apariencia, cualidades superiores a quien realmente la ha llevado a cabo. De la apariencia de patriotismo, y a costa del socialismo, vive y medra el nacionalismo excluyente, también el español.