ISTÁN NOS DA DE BEBER

Francisco Moyano
FRANCISCO MOYANO

En una sociedad democrática como la española no deberíamos estar a expensas de valedores ante las diferentes administraciones para que determinados términos municipales sean tratados con justicia y equidad; conceptos fundamentales para el Derecho que impregna la esencia del estado en el que vivimos. En asuntos como la llegada del tren, finalización del hospital y actuación en la presa de La Concepción para aumentar su capacidad, los poderes públicos de las diferentes administraciones se han acostumbrado a tomarnos el pelo y la ciudadanía a dejarse llevar por la cronificada apatía y patológica resignación. Menos mal que tenemos una presa o pantano en Río Verde que nos almacena parte del agua de Istán que da de beber a toda la Costa, aunque buena parte del caudal se desperdicia sencillamente por falta de capacidad de almacenamiento. La puesta en funcionamiento en los noventa de una desaladora, dentro de la habitual polémica, vino a paliar parte del problema. Conviene hacer algo de historia porque la presa de La Concepción se transformó en realidad en un periodo relativamente corto gracias a los buenos oficios e influencias en Madrid de un ilustre visitante que veraneaba en Marbella: el ingeniero de canales, puertos y caminos, Florentino Briones Blanco, Director General de Obras Hidráulicas, Director de Estudios Hidrográficos y presidente del Consejo de Obras Públicas. La idea de una presa en Río Verde se debió al administrador de la Colonia Agrícola de El Ángel, Salvador Sáenz de Tejada. Esa posibilidad la expuso a mitad de los años cincuenta cuando la Hermandad de Labradores de Marbella (una ciudad que entonces no llegaba a los once mil habitantes de derecho) debatía la posibilidad de construir una presa en el río Guadaiza o en río Real. La propuesta de Sáenz de Tejada, asumida como propia por la Hermandad de Labradores, fue aprobada en el Congreso económico Sindical que tuvo lugar en Marbella los días once y doce de mayo de 1955. En otoño el proyecto fue ratificado en el pleno del congreso que se celebró en Málaga. Fue el ingeniero de la Confederación Hidrográfica del Sur, Santiago Serrano Pendán, quien redactó el proyecto que se inclinaba por una presa de gravedad de hormigón en masa. Se calculaban cinco años para la realización de la obra y una inversión de trescientos cincuenta millones de pesetas. Aparte del uso para abastecimiento, también se contemplaba un empleo deportivo. Aparentemente todo estaba en marcha, pero, como siempre ocurre, surgió un conflicto de intereses. Simultáneamente al proyecto de Marbella, también Vélez Málaga aspiraba a tener una presa y para su viabilidad contaba con las influencias en Madrid del procurador en Cortes Rodrigo Vivar Téllez. En este punto es cuando entra en juego el ingeniero Florentino Briones Blanco, quien pasaba muchas temporadas en Marbella y tenía un conocimiento de primera mano sobre las necesidades de la zona. Ese conocimiento de la realidad, unido al amor que sentía por la ciudad, fueron decisivos para que se diese prioridad a la presa de Río Verde. El primer vertido de hormigón se produjo el 31 de julio de 1967 y no faltó nadie: todas las autoridades locales, el ingeniero jefe de la Confederación, José Antonio Gallego y Tomás Murillo, ingeniero director de la obra. El plazo previsto de cinco años para la ejecución se prolongó en once meses y trabajaron unos cuatrocientos obreros en turnos de día y noche. La inauguración de la presa de La Concepción, tuvo lugar el día doce de diciembre de 1972, con asistencia del ministro de obras públicas, Gonzalo Fernández de la Mora. La prensa de la época destacó que la Costa del Sol entraba en su futuro y que Istán proporcionaba agua para un millón de habitantes. Por una vez en la vida, sin que sirviese de precedente, una infraestructura de calado se llevaba a cabo. Desde entonces es recurrente escuchar campanas que hablan de ampliación y aumento de capacidad, pero esas promesas se inscriben en el capítulo de fabulaciones, reincidentes en periodos electorales, donde seguimos tolerando que nos mientan. Machaconamente se hace imprescindible la reiteración frecuente de las carencias contrastadas, para las que se han hecho públicas soluciones reiteradamente, sin que se haya pasado de la fase de palabras, solo palabras: hospital, tren, puerto de La Bajadilla, centros de salud, infraestructuras educativas, presa de Río Verde. De momento clamamos en el desierto.