El inicio del camino

Los primeros ayuntamientos democráticos se constituyeron desde una política no profesionalizada

Francisco Moyano
FRANCISCO MOYANO

EN aquel mes de abril de 1979, cuando comienzan su andadura los ayuntamientos democráticos, al menos en la vida pública local, la política aún no se encontraba profesionalizada y no existía la concepción de la representación ciudadana en una corporación como una salida profesional. Aquellos hombres que iniciaban un camino novedoso compaginaban el servicio municipal con sus tareas laborales, con excepciones puntuales. Las sesiones de pleno se llevaban a cabo a partir de las siete de la tarde. Tras la constitución del Ayuntamiento de Marbella, que llevó a la alcaldía a Alfonso Cañas Nogueras, el primer pleno tuvo lugar el día cuatro de mayo, viernes, a las siete y cuarto de la tarde. Se hacia necesario, como punto de arranque, establecer el régimen de sesiones del Ayuntamiento pleno. El alcalde Cañas presentó un escrito en el que se atenía a lo mínimo que exigía la normativa vigente; una sesión cada trimestre, independientemente de las convocatorias extraordinarias que pudiesen surgir. Se debatió con la intervención de los ediles Pedrazuela Sánchez, Jiménez González, Cuevas González, García Conde, López Gómez, Martos Vadell y Criado Baena. Tras las intervenciones y propuestas efectuadas, se desestimó el planteamiento inicial de la alcaldía y se procedió a la votación, aceptándose por todos los presentes, excepto Manuel Macías Fernández, la celebración de una sesión mensual, el tercer lunes de cada mes en primera convocatoria o el miércoles siguiente en segunda, pasándose al día siguiente en caso de coincidir con día festivo o algún acto o acontecimiento de especial relevancia. La hora que se fijaba era las siete de la tarde. Para la Comisión Permanente se fijó el martes en primera convocatoria o el jueves en segunda, a las seis y media, aunque con flexibilidad por parte del alcalde que podía retrasarla a las siete o siete y media en el periodo veraniego. El alcalde propuso que se constituyesen siete comisiones municipales informativas, lo que suscitó numerosas intervenciones y un intenso debate, fundamentalmente en torno a los criterios que debían seguirse para la adscripción de los concejales. Cañas destacó que se trataba de una propuesta y no de una imposición. El concejal Julio Moreno propuso que se aceptase inicialmente lo dicho por el alcalde y que posteriormente cada edil solicitase su adscripción, así podía comenzarse a trabajar. Criado Baena era de la opinión de dejar el asunto sobre la mesa para reflexionar y retomarlo en otro momento. Se procedió a votar las diferentes propuestas, resultando ganadora la de Moreno. De esta forma quedaron constituidas las siguientes comisiones informativas: comisión de urbanismo, presidida por Julio Moreno Sánchez; de vivienda con José Mora Igeño; hacienda, presupuesto y régimen interior, presidida por Francisco Pedrazuela Sánchez; comisión de turismo con José Leiva Herrera; enseñanza, presidida por Manuel López Gómez; Cultura, también presidida por Julio Moreno y la comisión de fiestas que presidía Francisco Palma. Dado que el ayuntamiento de Marbella se encontraba integrado en la Mancomunidad, además del alcalde, hubo que nombrar un representante de la corporación, proponiendo el alcalde al concejal Núñez Peralta; en un principio el grupo de UCD propuso al edil Díez de Oñate pero posteriormente la retiró y fue aprobada por mayoría de catorce votos la representación a favor del candidato del alcalde. En aquel momento, sin que nada hiciese presagiar que en un futuro sería suprimido, estaba vigente el servicio militar obligatorio y en cada municipio la existencia de una Junta de Reclutamiento; fueron nombrados como vocales Francisco Pedrazuela, Salvador Ruiz Lozano y José Mora. Los jóvenes de este siglo XXI seguramente no concebirían una prestación militar obligatoria, muchas veces causante de interrupción de carreras profesionales y perjuicios familiares. A pesar del tiempo transcurrido, con una sociedad habituada a la existencia de un ejército profesional, no dejan de alzar la voz reivindicativa determinados grupos que estarían por la labor de regresar a las viejas fórmulas. Sería un reclutamiento redoblado porque necesariamente, con arreglo a la lógica igualdad, también tendrían que ser llamadas a filas las mujeres. Seguramente la ciudadanía se mostraría en contra, pero algo así no se sabría sin instrumentos demoscópicos aplicados con metodología científica. Pero regresando de la precedente digresión, hay que mencionar que en aquel inicio de camino, el pleno del ayuntamiento acordó hacer efectivo el inventario municipal que se había aprobado el año anterior y se procedió al pormenorizado reparto de las diferentes delegaciones. Había precedentes, naturalmente, pero a partir entonces todo quedaba matizado desde presupuestos democráticos. Algo que resultaba muy novedoso.