Inconsistencia

Antonio Ortín
ANTONIO ORTÍNMálaga

Lo más decepcionante de la manifestación de ayer de Madrid no es la apropiación indebida de los símbolos comunes. Al fin y al cabo, es un hábito de los nacionalismos de uno y otro signo atribuirse la potestad de señalar quién cumple con los códigos de la casta y apoderarse de banderas e insignias. Desde el clásico de decidir quién es o no un 'buen cristiano' en las derechas rancias españolas hasta el RH de Arzalluz, que permitía liberar la 'conciencia' de los etarras para descargar sus pistolas sobre las nucas de los inocentes. Lo peor de la protesta convocada por PP, Ciudadanos y Vox es comprobar la poca consistencia de sus líderes. De Pedro Sánchez ya lo sabíamos y este episodio chusco del relator, con Carmen Calvo siempre dispuesta a salir del paso con alguna memez como aquella célebre del 'ciudadano Sánchez' / 'presidente Sánchez', no ha hecho más que ratificarlo. Pero lo de ayer es la muestra de que quienes deberían encarnar la regeneración no saben, en realidad, hacer otra cosa más allá de las rutinas de la partitocracia; de que tenemos la peor generación posible de políticos para uno de los momentos más delicados de nuestra Historia.

Porque no nos engañemos. La marea de Colón no fue por España. Qué va. Lo de ayer era un pulso del nuevo PP para apuntalar la capacidad de liderazgo de Pablo Casado. La ventaja de estar ya a estas alturas de la película, empachados de corrupción y mamoneo en uno y otro bando, es que hemos perdido la ingenuidad y las tragaderas se han hecho angostas. No cuela, por eso, el argumento del agravio territorial a cuenta de la negociación de los Presupuestos Generales. Claro que existe. De hecho, ocurre desde la segunda legislatura de la Transición, con aquella polémica de Felipe González y su cesión del 15% del IRPF a Pujol hasta el paradigmático «yo hablo catalán en la intimidad» de Aznar. Pero para eso hace falta sentido histórico y conocimiento. Y eso es justo lo que no tiene esta nueva generación de la política. A estos líderes les paga el aparato un título en una universidad privada, les enseña a medrar con el carné y, ¡ea!, para qué más. Luego una banderita, un hashtag a tiempo (#yovoy, #asísí, #lasonrisadeunpaís#, etc.) y listo, con eso se articula todo su discurso. Y así asistimos luego a barbaridades como la de Casado de esta misma semana al mezclar las pensiones con el aborto; la cara de haba del socialista Paco Conejo al ser preguntado por María Zambrano, de cuya fundación fue consejero; o el patinazo de Alberto Garzón (IU) en redes al obviar la presencia del histórico Jordi Solé Tura en el proceso constituyente del 78.

Pienso en esto y no puedo evitar imaginar a Felipe VI preguntarse en la intimidad y desde su altura de miras como hombre de Estado: «¿De verdad que tengo que lidiar este 'miura' con esta cuadrilla?».