LO IMPORTANTE

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

El cambio en Andalucía va a ser tan profundo y complejo después de 37 años de gobiernos del PSOE que va a ser difícil diferenciar lo importante de lo accesorio y centrarse en lo realmente esencial. Y si recurrimos a la demoscopia, las principales preocupaciones de los andaluces son el desempleo, la sanidad y la corrupción. No debiera extrañarnos, por tanto, que los primeros esfuerzos se destinaran al fortalecimiento de la economía -más de la mitad de los andaluces creen que la situación de la economía es mala o muy mala-; la eficacia en la gestión sanitaria, especialmente en la reducción de la lista de espera y en mejora de la atención primaria, y en las medidas contra la corrupción y por la transparencia. Y en un barco de las dimensiones de Andalucía, la mayor de España en población y a la cola de las regiones europeas, no es fácil enderezar un rumbo en poco tiempo. Pero, les guste o no a Juanma Moreno Bonilla y a Juan Marín, esa es la situación y los andaluces van a reclamar que la señales de cambio se vean y aprecien con rapidez y nitidez.

Las maquinarias de las administraciones son sofisticados engranajes que funcionan más allá de la voluntad política y se supone que no se verán afectadas por un traspaso de papeles que empieza a agobiar a PP y Ciudadanos por sus enormes dimensiones y por la necesidad de relevar a más de 600 cargos. Es curioso el sentido patrimonial que han generado estos 36 años y pico en el PSOE, hasta el punto de que algunos líderes, empezando por la propia presidenta Díaz, hablan como si la Junta de Andalucía fuese de ellos y hubiesen llegado unos intrusos. Ocurrió en Cataluña cuando salió CiU después de décadas en el Gobierno y en el País Vasco con el PNV. Y no pasó nada especial. Esta agitación de la Junta de Andalucía, como si se tratase de varear un olivo, será positiva si se utiliza para cambiar dinámicas y transformar procesos para ganar eficacia.

No es una exageración decir que Andalucía es una de las regiones europeas con mayor potencial para crecer, por su situación geopolítica, por su riqueza cultural y por el talento y capacidad de sus gentes, al margen de ser uno de los mejores lugares del mundo para vivir. Ello invita a ser optimistas y a pensar que simplemente el hecho de cambiar -al margen de consideraciones políticas- puede ser positivo. Pero hay que centrarse y no perderse en el bosque de lo anecdótico. El turismo, el sector agroalimentario y el tecnológico -desde el aeroespacial a la industria 4.0- son los tres pilares del sistema productivo andaluz y en los que se puede aplicar la innovación y la buena gestión de la que tanto hablan PP y Cs. Si la economía funciona, funcionará todo lo demás; sobre todo la creación de empleo. El riesgo es que las expectativas son muy altas y los recursos escasos, lo cual puede generar frustraciones si no se administra bien. Estar en la oposición es fácil y ahora tanto PP como Ciudadanos, con el apoyo de Vox, deben asumir la responsabilidad de la gestión sin confundirse con lo accesorio, en lo personal o en lo partidista. Al final, lo esencial es mejorar las condiciones de vida de los andaluces.