EL FUTURO DE SUSANA DÍAZ

Susana Díaz, en la noche electoral tras conocer los resultados./Efe
Susana Díaz, en la noche electoral tras conocer los resultados. / Efe

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

Las victorias tienen muchos padres y las derrotas suelen ser huérfanas. Susana Díaz vive en sus propias carnes la soledad implícita en la frase de Napoleón que ella pronunció el día último de la campaña al ser preguntada sobre la posibilidad de no ganar con suficiente mayoría para mantenerse en el Gobierno de Andalucía. Así ha sucedido, aunque no era su previsión. Hasta el último momento confió en que los votantes socialistas se movilizaran, pero hubo 400.000 que se quedaron en casa o votaron a otra candidatura. Díaz experimenta la soledad agridulce de una victoria pírrica de 33 diputados en las elecciones del pasado domingo día 2, que no suma con Adelante Andalucía (17) la mayoría absoluta de 55 en el Parlamento. La derecha, aún dividida en tres formaciones (PP, Cs y Vox), no va a dejar pasar la ecuación histórica de una mayoría absoluta para desalojar del poder al PSOE después de 36 años de este partido al frente de la comunidad más poblada y con el segundo presupuesto de una administración en España.

El PSOE andaluz ha interiorizado que Ciudadanos tiene también asumido esto, pese al vértigo de aliarse con el partido ultra de Vox, aunque la alianza solo sea en el Parlamento y no en el Consejo de Gobierno. Esa fue la fórmula del partido naranja esta pasada legislatura, cuando apoyaba al PSOE con sus nueve diputados para sacar adelante los Presupuestos de la Junta. Es lo que se prevé que haga Vox si PP y Cs alcanzan una fórmula de entendimiento. Las conversaciones comenzarán este lunes.

La victoria amarga de Susana Díaz se ha convertido en una victoria huérfana. «Si el resultado de las elecciones es malo, lo asumiré yo», dijo antes de apostillar con la frase atribuida a Napoleón. Los sanchistas en Andalucía se lo tomaron al pie de la letra para pocas horas después de conocerse el resultado pedir la cabeza de Susana Díaz. El encargado de hacerlo fue el secretario de Organización, José Luis Ábalos, pero la contraseña venía del sur. «Nuestro papel está subordinado al éxito del proyecto político», dijo con una clara insinuación para que Díaz dimitiera. Los sanchistas, presurosos a tomar el relevo, recordaron en 'off' que Díaz no tuvo empacho en hacer lo mismo con Pedro Sánchez tras las generales de 2015 y 2016. Solo que en ambas, Sánchez perdió, mientras Díaz ha ganado aunque no sume para gobernar. Es la respuesta en 'on' de susanistas como Verónica Pérez. «¡Doble vara de medir!», gritó en Twitter.

Los barones territoriales protestaron a Sánchez por la petición de dimisión a Díaz

En los muchos análisis que habrá de hacer el PSOE sobre su debacle, con 400.000 votos y 14 escaños menos que en 2015, debería estar esa división interna plagada de venganza entre sanchistas y susanistas que no se recordaba en Andalucía desde la pelea entre guerristas y renovadores en los primeros noventa. El PSOE andaluz obtuvo entonces, en 1994, su peor resultado hasta ahora, con 45 diputados, solo que Manuel Chaves pudo continuar al frente de la Junta y le dio la vuelta a las encuestas en 1996, en las mismas elecciones en las que José María Aznar dio la primera victoria nacional al PP frente a Felipe González sin mayoría absoluta, lo que hizo a este consolarse con lo de la «dulce derrota».

González aguantó un tiempo en el Congreso en la bancada de la oposición, pero un año después, en junio de 1997, anunció que no volvería a presentarse a la secretaría general del PSOE. Felipe González siempre ha sido un referente para Susana Díaz. Está por ver si esta gestionará como el expresidente su futuro tras afrontar el trago amargo de entregar el poder de Andalucía al consorcio de las derechas cuando comiencen las sesiones de investidura en enero. Los sanchistas andaluces confían en que caerá «como la fruta madura».

Entre sus fieles se recuerda que Susana Díaz, con 44 años y desde los 20 en la política activa, es una sobreviviente que sabe resurgir de sus cenizas, como tras la caída de las primarias frente a Pedro Sánchez. Al verse obligada a dejar San Telmo habiendo ganado las elecciones, opinan que le da autoridad para seguir e intentar recuperar el Gobierno en otras elecciones. Un sector del PSOE regional concibe esperanzas de que ahora o en un futuro de poco tiempo Cs rompa con el PP y devuelva al PSOE al Gobierno. En algo así confió Javier Arenas cuando ganó y no pudo gobernar en 2012 por la coalición PSOE-IU. Arenas no aguantó la presión en su partido y dejó la dirección del PP-A cuatro meses después a Juan Ignacio Zoido.

Otro sector no pierde la esperanza de que Cs no llegue a un acuerdo con el PP. En este supuesto, aboga por hacer presidente al candidato naranja con tal de frenar al PP y Vox. En este caso, Díaz tendría que dar un paso atrás. Habrá que ver si Susana Díaz intentará seguir o solo gestionar su relevo al frente del PSOE andaluz de manera tranquila y ordenada, sobre todo ante un ciclo electoral tan intenso como se avecina. Pero no va a dar un paso atrás. Eso lo ha dejado claro. Y tampoco Ferraz autoriza la investidura de Juan Marín.

Por ahora Díaz ha hecho lo que debía hacer tras el revés del domingo: No echarse atrás como Inés Arrimadas en Cataluña y reivindicar su derecho a intentar la investidura, al menos por «responsabilidad» hacia el millón de votantes que la han respaldado. En esa línea, Díaz ha dicho que si pierde San Telmo, se irá a la oposición y se pondrá al frente del grupo socialista. También ha hecho que la ejecutiva regional y los secretarios provinciales cerraran filas con ella la misma mañana de la resaca electoral. Este lunes pasará lo mismo en el comité director del PSOE, el máximo órgano entre congresos.

«Me encuentro fuerte, segura y tranquila», iba diciendo en los corrillos del Congreso este pasado día 6 en los fastos de la Constitución. «Aquí estoy, aunque te pese», le espetó con retranca a José Luis Ábalos en una breve conversación, cuenta Inma Carretero en la Ser. Ábalos ya había rectificado en público y negado que se fuera a pedir la dimisión de Díaz. El viernes, la portavoz del Gobierno, Isabel Celáa, se saltó sus propias normas para hablar del partido tras un Consejo de Ministros y defender la aspiración de Díaz a la investidura.

El por qué el sanchismo ha guardado la guillotina tiene mucho que ver con el ciclo de elecciones aún por venir. Díaz se sorprendió de la reacción de Ábalos porque la noche del domingo oyó palabras «cariñosas» de Pedro Sánchez, con quien quedó en verse el martes para analizar la situación de Andalucía. La reunión no se produjo por el malestar generado con las palabras de Ábalos. Lo que hizo a este desdecirse fueron las llamadas de los 'barones' regionales del PSOE a Sánchez el mismo lunes. Los presidentes de Extremadura, Guillermo Fernández Vara; de Castilla la Mancha, Emiliano García Page; de Asturias, Javier Fernández; de Aragón, Javier Lambán; y de Valencia, Ximo Puig, no entendían que se estuviera pidiendo la dimisión de Díaz habiendo ganado las elecciones con un 28% de los votos. No lo aceptaban sobre todo por que les situaba al pie de los caballos a meses de enfrentarse a elecciones en mayo, donde no tienen garantizado aproximarse siquiera a ese resultado si la ola de Vox se convierte en un tsunami que inunde tierras arriba de Despeñaperros.

Para Susana Díaz y su entorno, el órdago independentista de Cataluña en octubre de 2017 y el conflicto de la inmigración han sido detonantes para el auge de la ultraderecha en Andalucía por la gestión de ambas cuestiones por Pedro Sánchez, sobre todo tras lograr este la Presidencia con el voto de los secesionistas el pasado junio. El juicio de los ERE también ha podido influir, como otros casos de corrupción al PP, que ha vuelto a resultados de 1990 con 26 escaños. Si bien hay datos que hacen reflexionar sobre algo más, hartazgo a tantos años de socialistas.

En las generales de 2016, antes del estallido secesionista, la crisis del PSOE y la oleada migratoria, PP y Cs sumaron 1.998.966 votos frente a 1.804.844 logrados junto a Vox este 2D. PSOE y Unidos Podemos lograron solo 112.831 sufragios más que la derecha en 2016. En estas han recogido 518.514 votos menos. En solo dos años las izquierdas han perdido más de medio millón de votos, mientras la derecha, con unas u otras siglas, mantiene su suelo. El futuro de Díaz depende de revertir ese algo más en las municipales de mayo.

 

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