El ensayo de 'Brick Beach'

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

La UE financiará con cinco millones un proyecto pionero para regenerar con escombros las playas de Mezquitilla, donde la construcción del puerto de Caleta en los años 70 hizo desaparecer la arena. Que no cunda el pánico, al menos por ahora y hasta ver los resultados de esta innovación que deberá estar lista en 2021. Va a ser la gran esperanza -no sabemos si blanca del todo- para recuperar playas tras los temporales, ese eterno retorno al que está condenada buena parte del litoral. Los plazos del dinero europeo, ya comprometidos, no son tan vulnerables a los retrasos y vaivenes de las administraciones locales, de forma que si los socios más cercanos cumplen su parte -la Agencia de Medio Ambiente y Agua, el Aula del Mar de Málaga, la Asociación de Empresas Gestoras de Valorización de Residuos de la Construcción y la Demolición de Andalucía y la UMA- la contraparte europea y su 80 por ciento de aportación no correrán la suerte lastimosa de proyectos como las depuradoras. Los detalles de la innovación 'Brick Beach -lo de llamar Ladrillo Playa suena a coz europea a la España de la hormigonera- se conocerán esta semana. Desde que supimos que hay carreteras que se asfaltan con una mezcla a base de neumáticos triturados no había vuelto a oír un caso de economía circular con tanto futuro en esta Andalucía tan sufridora del ladrillo. Las ruedas de los coches desgastan la carretera y se degradan a su vez con ella, con lo cual se ha conseguido recrear a escala industrial el proceso y reducir las montañas de neumáticos usados, esa bofetada al paisaje que seduce a los pirómanos.

Arreglar playas que el ladrillo se comió un día y hacerlo con escombros triturados no deja de tener su emoción, y siempre será mejor un castillo de arena hecho con el puré seco del bloque que había enfrente. Andamos aún en la prehistoria del reciclado doméstico, entre la desidia por clasificar residuos y el desaliento al ver tanto contenedor a rebosar, y por eso el proyecto de reutilizar los escombros molidos-el proyecto incluye la primera planta europea dedicada a esa tarea- puede sonar a ocurrencia de ingenieros aburridos. Hay que tener esperanza y pensar que todo es posible en cabezas similares que han conseguido que la cáscara del tomate o de la patata se utilicen para fabricar envases. Es normal que cunda el escepticismo ante esta innovadora ingeniería de playas, sobre todo cuando recordamos regeneraciones cochambrosas y cercanas con fangos sacados de las obras del metro. Se hicieron con la sensibilidad ambiental de una motosierra, queriendo vender a los bañistas como ibérico un artículo de porcino blanco que no dejaba de ser una guarrada. El debate de si el lodo nunca será arena no requiere ni de dos horas de facultad, pero el escombro es dieta desconocida. Se necesita ver y tocar para creer que allí se puede poner la toalla. Materia prima no faltará. Sólo con el Algarrobico hay para arreglar muchos temporales. A veces la ingeniería es justicia poética.