Enfado a pie de calle

En Torremolinos hay también mucho enfado, pero va más a ras de suelo

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

Greta Thunberg está en huelga de hambre frente al Parlamento sueco, al menos hasta hoy domingo. Tiene 15 años y decidió no ir al colegio para protestar por la poca atención de los políticos al cambio climático tras un verano de incendios y sofoco cordobés en los arrabales del polo norte. Una treintena de adultos arropan a la adolescente, que no está de pose. Su madre, cantante de ópera, es de las que rechaza los escenarios que exigen coger un contaminante vuelo transoceánico y su padre es un activista verde. Lejos de todo eso queda la intensa agenda de pasajero de helicóptero de Pedro Sánchez incluso para los 25 kilómetros de de Moncloa a Torrejón, lo que no le impide dirigir un gobierno ecologista. Cada uno carga con sus contradicciones o con su exceso de humo verbal, pero el CO2 que cada uno le pone al oficio o al día a día no es cosa menor. En Torremolinos hay también mucho enfado ambiental, malos humos lógicos que se canalizan a ras de suelo. En algunos barrios los vecinos y vecinas se movilizan escoba y brocha en mano en una lucha no contra las calores que nos quitan turistas nórdicos sino para cambiar la atmósfera de calles olvidadas. La empresa municipal de limpieza, dirigida por un concejal del PP, no está por la labor de dar mínimo esplendor al gobierno socialista en minoría. Ya se sabe que las medallas brillan mucho, sobre todo en el pecho del adversario. La higiene democrática está bien, pero otra cosa son las calles y aceras aseadas. Tal abandono ha parido un espontáneo modelo de cabreo con antídoto autogestionario tipo Marinaleda. Aunque la plataforma Torremolinos Actúa no entiende de sexos, su particular ¡basta ya! tiene acento femenino contra la desidia, al menos en las fotos. Hay algún concejal preocupado no por la paridad reivindicativa sino por la imagen que los turistas se llevarán de un pueblo donde los vecinos pintan y baldean. Le dice poco la bofetada sin mano al poder municipal sin distinción de sexo ni edad, que es un gran cambio. En España, al menos antes de que los smarphones abdujeran también a muchos mayores, ellos tenían la exclusiva del mironazgo, esa tarea pasiva según convenio de la construcción ocupada en censuar las obras en las calles. Ahora el tajo si hay horas libres es cosa de gestos como activistas brocha en mano. El Mundial de atletas veteranos, que también pisa el tartán en Torremolinos, es el escaparate estos días de las lecciones de los más activos del planeta, al menos en voluntad y disciplina. No son sus récords en segundos o centímetros lo que importa, sino la lección sin fecha de caducidad de cientos de ellas y ellos. A algunos de los que sólo se entregan al combate particular en zapatillas contra los años les habrán sorprendido estas cuadrillas de pintores y limpiadores de cualquier edad, como si esos españoles fueran excéntricos plusmarquistas de la limpieza. Los cien metros obstáculos contra el olvido municipal no estaban en la agenda.

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