Un documental para el marrón

En pleno Festival de Málaga salen temas para buenas películas

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

Julián Muñoz, ex alcalde de Marbella, manifestó en un juicio la semana pasada que lleva veinte años «comiéndose marrones». Lo dijo sin su carpeta azul con sabor a EGB porque las noticias de Julián Muñoz ya vienen sin foto. Las carpetas azules siguen siendo prácticas aunque si llueve no tanto. Cuando llueve mucho se deshacen, y el patio se moja la mitad. Julián Muñoz lleva tanto tiempo preso que en los juicios habla como si estuviera en el patio. Es habitual que las personas hablen como si estuvieran en un patio aunque no lo estén. Queda mal expresarse con corrección, o a lo mejor es que no se sabe. Algunos análisis de deportistas o políticos darían vergüenza pero no dan mucha porque se va normalizando ese formato patio de gente poco leída o, lo que es peor, de gente que se hace pasar por no leída. Hace tiempo Julián Muñoz pedía salir libre porque se estaba muriendo, pero no se murió. Lo mejor de estar a punto de morirse es no morirse al final. Julián Muñoz vivió tiempos mejores, aquella época gloriosa donde los maleteros de algunos coches escondían bolsas de supermercado llenas de billetes. La época dorada, o marrón, pasó y las bolsas de plástico cruzan ahora los descampados mecidas por un viento como el viento que sopla hoy. En el Festival de Málaga han proyectado el documental 'Flores en la basura', donde se habla de esos tiempos de Monopoly y de los daños colaterales. El documental comenzó a dirigirlo Benito Zambrano pero lo terminó José Antonio Romero, el productor.

En 2006 fui jurado en la sección de documentales del Festival y recuerdo 'Operación Úrsula', un documental dirigido por el malagueño José Antonio Hergueta sobre el C3. Hablar de C3 es hablar del juego de los barquitos y eso era, pues el C3 era un submarino republicano que fue hundido por el torpedo de un submarino alemán al comienzo de la guerra civil. Lo más curioso es que el submarino está hundido frente a las costas de Málaga. Cada verano se reúne un grupo de voluntarios para limpiar los fondos marinos y sacan urnas que guardaron cenizas, bicicletas y zapatos viejos, compañeros de fondo del submarino que se hundió con su tripulación. Los submarinos actuales son más potentes pero no mucho más cómodos. Dos baños y una ducha para unos cien hombres y mujeres. Un marrón. Pero el marrón marrón, y a esto es a lo que iba, está también al fondo del mar, matarile rile rile, en Nerja, donde el Seprona ha contabilizado siete toneladas de toallitas. Que Nerja o Coín sigan sin depuradora duele hasta decirlo, pero que la gente no se entere de que el váter no es un cubo de basura se entiende casi menos. Hay una investigación judicial que ha señalado a algunos alcaldes y que se supone llegará hasta la Junta. El Instituto de Toxicología alerta de la presencia de bacterias fecales. Tema para un documental. Los alcaldes eluden la responsabilidad. Y el marrón nos lo comemos nosotros.