Cuento de Navidad

No cuesta demasiado dinero prevenir algunos emparedados

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

En una cena de Navidad se han comido la motocicleta de mi mujer. No es tan grave si pensamos que podrían haberse comido a mi mujer, incluso conmigo de guarnición, pues a veces voy de paquete, que es lo que soy. En el puente largo el despertador no suena a las 7 pero suena el portero electrónico. Tenemos miedo de que los robots nos dejen sin trabajo (ya verás cuando se enteren en Vox) aunque la guerra empezó hace tiempo: ya apenas quedan porteros de carne y hueso. Respondo al portero con los ojos cerrados y una persona del vecindario me dice «han hecho un sandwich con la moto de tu mujer». La imagen no me resulta delicada y pregunto «¿qué quiere decir?» aunque sé lo que quiere decir. «Que han espachurrado la moto», aclara, y ya abro los ojos y doy las gracias. Yo había oído algo de madrugada, como un camión de recogida de residuos vaciando un contenedor de vidrios, pero pensé que se trataba de un camión de recogida de residuos vaciando un contenedor de vidrios. En la panadería conocían los hechos pues los panaderos madrugan, y un vecino que escuchó un ruido como de accidente bajó y se encontró con el accidente. Un coche destrozó varios contenedores de basura, varias motocicletas y desplazó a una furgoneta con el golpe, haciendo un sandwich con la moto de mi mujer, que quedó delgadísima entre la furgoneta y una cubeta para escombros. El conductor estaba bien y parte de los efectos del alcohol se le fueron con el airbag. Volvía de una cena de Navidad de su empresa.

En la cena de Navidad, a menudo la comida es la guarnición de las copas. ¿Cuánto vale una copa? ¿Cuántas copas se toman tras una cena de Navidad? Muy posiblemente por el precio de una sola de esas copas el conductor del automóvil podría haber pagado un taxi. Se ha quedado sin coche y a ver qué pronuncia, ordena, manda y firma el juez, imagino que una multa. Y ha tenido la suerte de no haber causado la muerte a nadie, incluido él mismo. Como es un cuento de Navidad, la moraleja puede ser doble, así que seguimos un poco. La Policía Local dejó una nota indicando que había que dirigirse a «Atestados», y en «Atestados» nos atendió una agente muy amable que nos explicó que debíamos llamar a otro número donde nos atendió un agente más amable todavía. Me he propuesto ser más amable, y cuando me cruce con un vecino en el ascensor voy a hablar del tiempo pero con amabilidad y alegría, así como está nublado pero luego quizá salga el sol. Por aquí no somos mucho de cuidar las formas, aunque hay que cuidarlas (es inevitable que se me venga a la cabeza la forma en que ha quedado la moto, pero hablaba de otra forma). Por cuidar las formas, por ejemplo, no he hablado hoy de política, ni les he preguntado si se han aprendido ya el nombre de la sucesora de Angela Merkel. En fin, a lo que iba, pongan un taxi en su vida.

 

Fotos

Vídeos