La ciudad que ven

Hemos cambiado a mejor. Con derribos errados y acertados

Jesus Nieto Jurado
JESUS NIETO JURADO

Manuel López Sampalo es joven, renegrido y aceitunado. Ha venido a los cursos que se monta Agustín Rivera y quería conocer la Málaga canalla y la Málaga de Manolo Alcántara. Ambas son compatibles. Yo lo llevaba por Pedregalejo como describiéndole el paraíso perdido, y él iba viendo cómo me saludaban el Mele y otras criaturas de Pedrega. Me saludaban y me preguntaban por el rozón que me dieron en la manifestación del Orgullo en Madrid, a dos metros de Arrimadas en esos reportajes gonzos que a veces me marco cuando me aburro. (Anótese que Marlaska, el hombre/realismo mágico, dice que no 'me' pasó nada.).

Viniendo de Cádiz, Sampalo -que como gadita cree en el Tío de la Tiza, en Chapu Apaolaza y en el columnismo como especie españolísima y liberal- venía a descubrir Nueva York. Primero paró donde Farid, a ver los trujillismos de papel y a leer este periódico con un pitufo de lomo/queso. Después se fue a sus cosas, y yo a las mías que pasan por ponerle el punto final a mis memorias con el jamás de mis mujeres. Y seguimos el canallismo.

Un canallismo que empieza en El Colmao de Torremolinos, con ese prestigio de los guiris y las mezclas. Y de ahí a El Pimpi Florida, a enseñarle una Málaga castiza que descubrió o que se inventaba para su columna. Y qué gozo en ver la ciudad con los ojos del foráneo, del que guarda un vago recuerdo de la Málaga de los 90 y ve la ciudad transformada.

Porque hay días en que merece reconocer que la ciudad ha cambiado a mejor, con sus derribos errados y sus derribos acertados. Lo dije hace unas semanas cuando volví de Barcelona y lo sostengo, que el guantazo que me dieron en el paseo del Prado no me ha nublado el juicio.

Ocurre que en estos paseos con foráneos veo perfiles diferentes de la ciudad, y esto es algo que es sano. Me lo recomendó Anguita una vez en Córdoba, y esto de ver la ciudad con los ojos de otro ayuda. Le conté a Sampalo que teníamos un skyline con noria y que tendremos una torre, y él sabe que la modernidad a su tierra le viene en forma de obra faraónica, en ese puente nuevo donde las productoras hacen anuncios y nos dan a entender que los esteros de Cádiz son Brooklyn. Tampoco lo quiero perder en el eterno debate de la ciudad, que es algo vivo y cansino, una vez que Málaga -frente a lo que pasa en Andalucía/España- sacó la puntita de lo rancio y del ombliguismo y vio que hay futuro, pinturas rusas, un motor para el Mediterráneo y demás.

Sampalo deja la ciudad con sus tópicos, y se la cree canalla y literaria en lo que dan tres noches de julio. Y así va recitando los jazmines y los delfines de Alcántara mientras que se vuelve a Cádiz, salada claridad, en un autobús refrigerado y amodorrado en algún sueño canalla.

Yo siento no serle de mejor ayuda. Nadie me preparó jamás para hacerle la ciudad a la medida de los sueños de nadie.