La ciencia de vetar

La democratización del conocimiento no se produce por ósmosis, ni ser padres de niño hiperacivo añade un plus

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

En Vélez se han suspendido unas jornadas previstas para mayo sobre el trastorno por déficit de atención e hiperactividad infantil, lo que se conoce como TDAH. La asociación comarcal de padres de niños con este diagnóstico ha vetado la presencia del catedrático de psicología Marino Pérez Álvarez, además de recelar de otros profesionales, y los organizadores han decidido desconvocar la cita, con más de cien asistentes apuntados para escuchar a una veintena de expertos. Las V Jornadas sobre Infancia y Adolescencia cobran un extraño interés sin siquiera declararse inauguradas. Los padres descalifican a Pérez Álvarez porque dicen que los retrata como personas que «drogan a sus niños con medicamentos para irse a tomar café». Toda simplificación gráfica siempre resulta extremadamente arriesgada, ya sea la de un científico o, sin más datos ni contexto, la que hace de él la asociación comarcal de padres con niños TDAH. No sólo acusa de negacionista de tal diagnóstico al experto, sino que coloca en el mismo sector a los dos piscólogos clínicos del Hospital de la Axarquía, donde se iba a celebrar el encuentro. Así las cosas, parece que el debate científico se quisiera plantear sin debate y sin oír a toda la ciencia, aunque en este caso no sea ni de lejos uno de esos congresos de homeopatia que buscan pátina académica a la fe ciega en los brebajes y, a última hora, la institución anfitriona corrigiera su error y desconvocara. Tampoco era una reunión sobre cambio climático donde las conclusiones las fuese a redactar un acólito de Trump. Lo de Vélez tiene peor pinta. En los tiempos del doctor google y de su torrente de fakes de bata blanca y fármacos con la trazabilidad de una nube en una tormenta, están pasando muchas cosas. Los profesionales de la medicina, incluso con esos penosos cinco minutos por paciente, saben quien de los que tiene enfrente ha estado horas navegando por internet y ya trae el diagnóstico certero. La reunión de Vélez ya tiene el suyo, sin opción a una segunda opinión médica más allá del veto de los familiares de pacientes, merecedores unos y otros de todo el respeto. Otra cosa son sus opiniones. La democratización del conocimiento no se produce por ósmosis, ni ser padres de niño hiperactivo añade un plus de solvencia irrefutable. Más de 350 personas han firmado contra la suspensión de las jornadas, un hecho que consideran injustificable. Aún hay esperanza, aunque cosas como esta nos recuerden que España es un país donde no sólo se discuten las opiniones, sino los datos antes incluso de tratar de conocerlos todos. Desde siempre, antes de que supiéramos que existiera el TADH, los niños revoltosos e inquietos ya preocupaban en los colegios y en las casas. Todo lo que ha avanzado la psicología para sacar lo mejor de ellos parece que se vuelve una tarea pendiente con demasiados adultos alterados que no paran de enredar.